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La Teoría de la Victoria


Hay días en que de repente tengo "flachazos" de cosas que pasaron hace mucho tiempo y de las cuales ya ni siquiera me acordaba... Por estos días, en uno de esos momentos en que me quedo "a solas" con mis propios pensamientos, vino a mi mente un recuerdo de una clase en particular cuando yo estudiaba teatro hace casi 13 años atrás.

En esa época, mientras Verónica Uribe (la chava que era mi maestra) nos contagiaba de ese respeto y pasión por las artes escénicas, hablándonos de todas las teorías existentes que iban desde el "Teatro de lo Absurdo" de Eugene Ionésco; las diferencias del "Teatro de Representación" de Fernando Wagner contra el "Teatro Vivencial" de Constantin Stanislavsky, etc., recuerdo en particular cuando una tarde llegó con un libro sobre teatro que ella estaba leyendo (un libro no muy grueso de pastas color rojo), y que ese día en concreto le sirvió para darnos la clase en la que habló sobre "La Teoría de La Victoria".

En Teatro, esta teoría es muy simple y consiste en "Actuar con un Objetivo"... Para un actor que desea proyectar su personaje desde el enfoque de esta teoría, no tiene que hacer otra cosa más que buscar ¿cuál es su intención?... Lo cual, en palabras más concretas y sencillas consiste en cuestionarse ¿cuál es el verdadero objetivo o razón de ser de ese personaje?

Suena medio enredado, pero para explicarlo mejor les pongo un ejemplo de algo de lo que hablé hace poco en el blog: La Ópera "Fausto".

En esta ópera (como sucede en toda escenificación), cada personaje tiene "su razón de ser": por ejemplo, el protagonista (Fausto), vive para volver a ser joven, para buscar su felicidad a través de poder recuperar su lozanía y fortaleza, ese es su motivo, su razón de vivir; mientras que Mefistófeles (el Diablo), vive para "hacerle la vida de cuadritos" a todos los personajes, para meterlos en problemas, para tentarlos a través de su débil naturaleza humana, todo, con el objetivo de apoderarse de sus almas, esa es su intención, la razón que justifica su existencia, entonces así y desde esa perspectiva, y una vez que el actor logra comprender la personalidad del personaje que va a interpretar, la actuación cobra otro sentido y se vuelve verdadera.

¿Suena interesante no?, pero ¿qué pasaría si fuera del ámbito teatral aplicáramos "La Teoría de la Victoria" en nuestra vida cotidiana?

Con toda seguridad muchos de nosotros hemos escuchado en más de una ocasión que la vida es como una gran representación en la que cada uno es su propio protagonista... Y visualizando las cosas desde ese enfoque sería interesante entonces cuestionar y al mismo tiempo definir ¿cuál es mi razón de vivir? ¿cuál es mi intención? ¿qué es lo que me motiva para realizar todas las cosas que hago todos los días?

Me puedo imaginar que cada uno de los que leerá este post responderá muchas cosas diferentes, quizá habrá algunos que digan que viven para buscar su felicidad, otros por sus hijos; algunos otros por la persona que aman, otros que buscan sobresalir a base de estudiar y superarse aprendiendo cosas nuevas cada día, e incluso creo que es hasta válido quienes su aliciente para continuar viviendo son ellos mismos, y no porque sean personas egoístas, sino porque han llegado a un punto en que buscar a diario esos elementos que todos los seres humanos requerimos para sentirnos bien y en armonía (evidentemente no hablo de objetos materiales), en un futuro les servirán como herramienta para abrirse ahora si y dar lo que se tiene a quienes los rodean... Porque es evidente que si estás hueco por dentro ¿cómo puedes pretender compartir algo cuando tienes las manos vacías?

El espíritu se puede llenar de muchas cosas, pero "nutrirlo", al igual que "intentamos" hacerlo con el cuerpo físico (y digo intentamos, porque me encuento entre los que todavía siguen comiendo "chatarra"), depende mucho de las actitudes y decisiones que adoptamos ante las diversas circunstancias que se nos presentan día a día....

Nadie es perfecto, pero creo yo que "La Teoría de La Victoria", más allá de un escenario, de la proyección de un personaje, puede ser aplicada a nuestro entorno cotidiano; para que más allá de la cuarta pared, cada día nuevo: cuando amanece y despertamos (así acostados, lagañosos modorros y greñudos) nos preguntémos a nosotros mismos ¿cuál es mi intención?, ¿Cuál es el verdadero objetivo que tengo yo al vivir este día?, ¿qué cosas voy a hacer para darle sentido a mi existencia el día de hoy?

No se trata de ser un villano, el personaje antagónico en la vida de otra persona, poniéndole trabas o pasando por encima de los demás para lograr nuestro propósito (es triste reconocer que mucha gente si vive así)...

Por el contrario, de lo que se trata aquí es que no olvidemos que "La Teoría de La Victoria" puede ser una filosofía que nos ayude a poner los pies sobre la tierra, centrar nuestra atención hacia lo que en verdad es importante, pero sobre todo: para aprender e intentar ser los verdaderos protagonistas de nuestra propia vida.

A Verónica Uribe, donde quiera que esté, gracias por sus enseñanzas y a todos ustedes: ¡Buena Mitad de Semana!

Comentarios

alejandra dijo…
Hola Martha:

Claro que siii!!! Por supuesto que el papel que vamos a "interpretar" lo tenemos que comprender y C-r-e-e-r-n-o-s-l-o!!!! Creer que en realidad puedes lograr T.O.D.O cuanto desees.

Saluditos!!!