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Bitácora de Viaje: Día 4 - "Caminos que Conducen Hacia El Mar"...

Pasó mucho tiempo y perdí de nuevo la noción del tiempo...

Cuando desperté era de madrugada, llovía muchísimo, me asomé por la ventana y un letrero que tras unos segundos volvió a quedar en penumbra, me hizo saber que las primeras horas de aquel Miércoles nos recibían por sorpresa en la caseta de entrada a Guadalajara.

Lo primero que hice cuando supe que estaba en El Estado de Jalisco fue pensar en Irene, Diana y el resto de la Familia Pinto.

Luego, no sé si era la hora o mi estado de "adormecimiento", pero la percepción que tuve de esa ciudad tapatía durante todo el tiempo que duramos en atravesarla, no fue exactamente a como yo la imaginaba.

Me volví a dormir y cuando desperté habíamos salido ya de la zona conurbada y nos encontrábamos viajando por una carretera en dirección ascendente y que en contraposición a los señalamientos de advertencia de reducción de velocidad y curvas peligrosas, ofrecía un panorama hermoso: Otra vez montañas tapizadas de vegetación, cubiertas en la parte de arriba con una densa capa de nubes y niebla que te hacía pensar y sentir que de estar ahí, podías tocar el cielo con las manos.

El espacio por donde el camión en que viajábamos avanzaba, era demasiado estrecho. Sólo dos carriles: uno de ida y otro de regreso, a esa hora apenas nos cruzábamos en el camino con uno que otro carro o camión en sentido opuesto a nuestro destino, y así, a medida que fuimos acumulando distancia y kilómetros, el cielo se fue tornando cada vez más claro, hasta que dio paso a un inicio de Miércoles muy húmedo y gris.

Poco antes de las 7 de la mañana inmersos ya de lleno en una zona bastante apartada y que parecía un bosque, el camión se detuvo de forma inesperada, lo que provocó que el resto de mis compañeros que aún venían dormidos terminaran por despertarse.

A nuestro alrededor no se veía nada extraño, así que de primer momento pensamos que el chofer había terminado su turno y se había detenido para cederle el volante a su otro compañero, o para revisar algo en el exterior del camión; pero pasados unos minutos y cuando el chofer regresó nos dimos cuenta que más adelante del kilómetro 57 de la carretera Guadalajara a Nayarit, había ocurrido un accidente.

Mis compañeros de viaje comenzaron a desesperarse... No faltó el "Chismo... ¡Ejem!, digo: "El comunicativo" que quiso bajarse para "ir a averiguar" como estaba la situación.

Por la zona en la que estábamos y por lo estrecho de la carretera, yo supuse que estaríamos ahí varados durante varias horas, así que me acomodé de nuevo sobre mi asiento y saqué mi libro de Fernanda para continuar con mi lectura.

Un detalle muy chistoso es que en ese punto, una de las organizadoras del viaje, después de hablar con los dos choferes del camión, se paró a mitad del pasillo y dijo que los que quisieran podían bajarse para estirar un poco las piernas. De inmediato todos se pararon y comenzaron a sacar sus chamarras (pues afuera hacía frío) y justo cuando se dirigían hacia la puerta del camión, la chica dijo: "Nada más acuérdense que estamos en una zona boscosa, y si se salen de la carretera, hay animales salvajes e insectos"...

Una vez dicho esto, más de la mitad se regresó a sus asientos y a mi me dio mucha risa, mientras pensaba en mi interior que nada más le faltó decir que tuvieran cuidado con las "Alimañas, tepocatas y víboras prietas" -como decía nuestro queridísimo Ex-Presidente, el Sr. Fox-

Fácil duramos ahí más de una hora, y finalmente por sugerencia de una de la personas que con las que me tocó compartir habitación, decidí bajarme también para unirme a los "Comunicativos" que querían saber acerca del accidente.

Nos bajamos y caminamos cerca de 20 metros, pero supongo que el accidente estaba a varios kilómetros de distancia, porque lo único que vimos fue una fila interminable de autos particulares, camiones de carga y autobuses como el nuestro, varados al igual que nosotros a esa hora de la mañana.

Regresamos al punto de partida a los pocos minutos, cuando vimos que en el carril opuesto, el tráfico comenzó a descongestionarse.

Abordamos de nuevo el camión y emprendimos de nuevo el camino, pero nunca vimos nada. En ese punto de la carretera comenzó el descenso, otra vez entre curvas y zonas de la carretera que quedaban completamente cubiertas por las montañas y árboles; hasta que avanzada la mañana, bajamos nuevamente a una población que la señalética de la carretera nos hizo saber, nos encontrábamos bordeando el estado de Nayarit.

Adentro del camión, se escuchaban comentarios de que faltaba poco menos de 1 hora y media para llegar por fin a Puerto Vallarta, y lo que encontramos en la parte de Nayarit que atravesamos fue mucha vegetación (¡yo fascinada cada vez que veía tanto verde!!!!), y lo que más me sorprendió fue darme cuenta como la naturaleza es generosa y permite a muchos comerciantes que tienen establecidos pequeños puestecitos en ambos extremos de la carretera, subsistir de las frutas frescas que obviamente no se ven como las que compramos en el súper.

Eso me hizo pensar en un comentario que escuché hace poco y que hacía referencia a que en El Norte, cuestan más trabajo las cosas, pues el desierto tarda mucho más tiempo que el suelo fresco y húmedo para hacer germinar una semilla.

El tiempo siguió pasando, terminaron las pendientes y curvas sinuosas y pronunciadas, cada vez faltaba menos distancia para llegar hasta el penúltimo destino... El olor a sal y a brisa marina estaban ya a la vuelta de la esquina y no sé porque mientras me adormecía para aminorar la espera, una frase -que nunca anoté en "El Cuaderno del Hippo"- me hizo pensar en que todos los caminos conducen hacia el mar....

Continuará...

Comentarios

Vane dijo…
Creo que no te había dicho que todas las fotos de la bitácora están IMPECABLES!, y si a esas imágenes le agregamos una historia bien contada, tenemos los ingredientes necesarios para vivir junto con vos éste viaje.

El recorrido por las carreteras de México continua, me vuelvo a subir al bus -te dejo la ventana para vos , ay Dios! ¿que te puedo negar?- hasta llegar a la siguiente parada y llenarme de mágicos relatos vestidos con una gran cultura cómo es la de tu hermoso país.

El mar te espera, se me ocurre pensar que tal vez una ola te pueda tirar y me estoy muriendo de la risa, ojalá eso no suceda porque sería bien gacho -gacho? ay Dios me van a expulsar de mi país- mirá si se te mojan las cosas, no sé...mhh...ehh...el celular por ejemplo, uy! cuanta imaginación tengo, todavía no llegaste y yo ya te metí en el mar, y hasta me inventé la historia del día que el mar te tumbó.

Te dejo un súper abrazo de oso, pero éste no es un abrazo cómo todos, porque éste es eterno y además te lo doy yo.
M a r u dijo…
Hay que padre. Que hermosa toda esa vegetacion, sera que una como no esta acostumbrada a verlo aca en el desierto. Muy bonita narración todo esto de las bitacoras del viaje martha, te digo que es como si uno fuera ahi mismito
saluditos
chocomaru o maruchan jeje :D
Ericarol dijo…
Hola Martha

Pues yo espero que durante toda mi vida, todos mis caminos conduzcan hacia el mar. Me inspira mucho.

Si he de imaginarme el cielo, quiero que sea una casa a la orilla de la playa con palmeras y una brisa muy suave, sin mucho calor.

Un abrazo muy fuerte.