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Hace un par de días y a raíz de la anécdota que compartí en el blog en el post de "Frenar en el Camino", mi amiga Claudia Muñoz y yo estuvimos comentando al final del día, respecto a ese tipo de incidentes que se dan en la vida de algunos de nosotros, y que no suceden por simple "coincidencia"... (y aquí hago un pequeño paréntesis para decir que siempre que escucho esta palabra me acuerdo que mi amigo Charly Uraga, del blog "Mi Mundo KF" las llama "Diosidencias").

Y pues bueno, a lo que voy es a que aunque parezca que es parte de la vida cotidiana, el que te sucedan este tipo de cosas; en el fondo algo te hace saber que no es así, puesto que aparte de propiciar que reflexiones o te des cuenta de alguna situación a la que quizá no le habías puesto atención, simplemente logra también hacerte valorar lo que eres y la forma como estás llevando tu vida.

En ese sentido, durante esa charla, Claudia me compartió una vivencia parecida, en la que yendo ella de camino a su trabajo, en una de las avenidas principales de esta ciudad, todos los días se encuentra con un señor ya grande que vende chicles en el punto donde esa calle hace intersección con otra avenida que también es importante.

Ella dice que hubo un día de la semana en que en el lapso de espera del semáforo en rojo le tocó que se acercara hasta la ventanilla de su auto para ofrecerle su mercancía. Claudia sin pensarlo, tomó solamente un chicle y a cambio le entregó una moneda que obviamente representaba mucho más del valor que tenía cada goma de mascar.

En el momento en que eso sucedió, al viejito se le ilumino la cara y con una gran sonrisa le agradeció a mi amiga por su generosidad y a ese comentario le agregó en tono de broma, que con esa cantidad, él podría hasta "conseguirse una novia", a lo que mi amiga le respondió: "seguro que sí se la va a conseguir".

El semáforo cambió a verde y evidentemente Claudia tuvo que continuar con su camino, pero dice que ese señor la conmovió tanto, porque muy posiblemente -a esa conclusión llegamos ella y yo durante la charla- el valor de esa moneda representaba gran porcentaje de lo que él necesitaba quizá para poder subsistir en ese día.

Vivimos tan ensimismados en las cosas que nos pasan, que pocas veces nos damos cuenta de que un gesto tan simple como un saludo, el hacer algo -aunque sea mínimo- por alguien, puede representar la diferencia que le cambie no sólo el día, sino la vida completa a una persona... (y eso es algo que también aprendí en estos últimos meses de una persona muy importante para mi).

A mi me pasó con la chica que me hizo frenar de golpe en el camino, a Claudia con el viejito de la calle, pero supongo que si en este momento le cuestionaramos lo mismo a cada uno de ustedes, seguramente todos tendrían una anécdota para contar.

Claudia me pidió que compartiera en el blog no sólo esa experiencia que a ella le tocó vivir en un día cotidiano, sino que me envió además el video que aparece al inicio de este post y que habla un poco acerca de eso, de que debemos estar atentos a todo este tipo de señales, que como dije ya, no son simple "Coincidencia"...

Ojalá que lo disfruten y reflexionen no sólo acerca de su vida, sino de todo cuanto existe alrededor.

P.D. Gracias Clau, por compartirme el video y por la charla también.

¡Buen fin de semana!

Comentarios

Vane dijo…
La verdad que estas cosas te dejan pesando mucho, yo tengo varias cosas para contar, pero vos sabés que yo siempre pienso que los buenos actos se quedan con uno, yo una vez te mencioné a una niña, nunca te conté esa historia, pero algún día te la voy a contar.

Ojalá no necesitemos de estas cosas para darnos cuenta de lo que tenemos, y valorar cada cosa, porque puede llegar el día que ya no lo tengas y ahí decir...perdí tanto tiempo de mi vida por pensar en tonterías y hoy me hace falta algo tan esencial cómo eso que le falta a la chica que te hizo frenar.

Te dejo un abrazo y me encanta que estés viendo esa parte tan importante de tu vida.
Elisa dijo…
Como cambia la perspectiva de las cosas al saber lo que le pasa a los demás.

Me recordó a una amiga que un día la chocaron y se bajó enojadísima porque se le iba a hacer muy tarde para su trabajo y más coraje le dio ver por el retrovisor que el sr del otro carro no hacía por bajarse o algo y ella estaba que echaba lumbre, se bajó y dice que ya tenía las palabras "perfectas" para reclamarle cuando de pronto se da cuenta de que a ese sr le estaba dando un infarto... claro que todo el panorama cambió.

Hay que ponernos en los zapatos de los demás de vez en cuando.

Buen din de semana Martha!
Carolina dijo…
¿Por qué a mí? es la pregunta que habitualmente nos hacemos cuando alguna trivialidad nos pasa. Sinceramente, soy muy respetuosa del dolor ajeno porque a veces sucede que decimos: "esta persona se pone mal por semejante tontería" aunque ignoremos que tal vez "esa sea la tontería" que rebasó el vaso o simplemente la excusa perfecta para desahogarse por algo más importante que está de fondo y que no se le permite aflorar tal vez porque a veces no queremos mover aquello que tanto mal nos hace y preferimos callar como si el silencio lograra hacer desaparecer las penas, en fin... creo que ambas reflexiones son muy profundas y que todos deberíamos hacer un "alto" en el día para sacarnos a nosotros del centro del universo para poder levantar la mirada y observar que sucede con los demás y en lo posible, intentar ayudar de la manera que sea posible, ¡cuánto bien puede hacer para el alma de alguien una simple sonrisa, un saludo o solo una mirada!... podemos alegrar a otras personas con tan poco... porque como dijo alguien por ahí: "nadie es tan pobre que no tenga nada que dar ni nadie es tan rico que no tenga nada que recibir". Un abrazo y hasta siempre...
Diego dijo…
En lo particular tengo mis dudas acerca de la existencia de un destino, pero creo que si tenemos la capacidad para hacer un poco más llevadera la vida a los demás. Yo por el momento te deseo un buen fin de semana y te mando un abrazo, existe la posibilidad de que te cambie la vida, aunque sea un poco. Saludos desde el DF!
Ericarol dijo…
Todas las personas estamos conectadas en una sola gran historia. solo debemos escuchar y mirar atentamente y encontrar esa conección. Un beso.
SERHUMANA dijo…
Cuanto para refleccionar, en definitiva el tipo se quejaba que todos se creian el centro del universo y en realidad el mismo se creia que era el único que necesitaba cosas. Muy bueno. Todos tienen sus problemas, sus miedos, sus dolores, sus dificultades. Besos Martha!!!!!!!!!!!!