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Historia de Una Ausencia.


Despertó de madrugada extrañándolo demasiado… De nada había servido meterse a la cama tan temprano y antes de apagar la lámpara, darle un beso a la almohada contigua, para luego abrazarse a ella... Todo en un intento por no sentirse sola y al mismo tiempo repetirse hasta casi “autoconvencerse” de que al cerrar los ojos para abandonarse al sueño, le restaría un día completo a la cuenta regresiva de las horas y semanas que todavía faltaban por transcurrir para poderlo ver.

Se liberó de todas las frazadas que envolvían su cintura en sustitución del abrazo cálido de quien estaba ausente, y abandonó la cama para dirigirse decidida en medio de la penumbra y "a tientas" para encender la luz que le permitiera tener una mayor visibilidad al momento de ocupar la silla de su escritorio otra vez.

Todavía mientras buscaba en uno de los cajones, papel y pluma para escribir lo que sentía; su cabeza recordó como había pasado todo el día anterior echándolo de menos…

Fue como si hubiera vuelto a vivir el mismo día, pues se vio de nuevo a bordo de su auto, de camino al trabajo y viajando con el asiento de al lado vacío… Su mente le proyectó también la imagen de todas las veces que desde su área de trabajo echaba de cuando en cuando un vistazo hacia la ventana, con la esperanza de ver como un vehículo conocido se estacionaba afuera del edificio, seguido por el sonido producido en su celular con un mensaje nuevo de texto, con el que él le avisaba que aprovechando que estaba cerca, no había querido dejar pasar la oportunidad de detenerse a saludarla.

Pero al salir y verlo tan sólo por un instante, en su abrazo espontáneo ella había descubierto que todo eso no era más que un simple pretexto para disfrazar que en realidad estaba ahí porque la extrañaba demasiado y moría de ganas de verla; pero tampoco era capaz de reprocharle nada; porque al darle un beso apasionado (pero al mismo tiempo tan tierno), le agradecía ese impuso repentino, ya que ella también se sentía igual.

Esa escena nunca sucedió, y al regresar a casa -ya casi oscureciendo- escapaba con su mente de la lentitud del tráfico, soñando despierta con que le hubiera gustado que en el lapso de tiempo que dura la transición del color rojo al verde en el semáforo de alguna avenida importante; una vez más el sonido de su celular -resguardado entre mil objetos en el interior de su bolso-, esta vez sonara para entregarle la voz de alguien con una propuesta espontánea para salir al cine, ir a caminar o simplemente cuestionarla, si podía “autoinvitarse” para ser su “cómplice” en ese repentino plan que ella tenía desde una semana antes, para ir al centro comercial tan sólo por el placer de caminar, tras haber salido de ahí con una bolsa y el celofán envolviendo un libro o CD nuevo.

Las primeras líneas de la hoja se llenaron de todos esos pensamientos con los que a través de cosas demasiado cotidianas le argumentó porque lo extrañaba tanto a diario… Estaba ya cansada de esperar y esa noche, -todavía mientras seguía conduciendo- algo en su interior se estremeció, porque reconoció que se moría de ganas por llegar a casa y encontrarlo, porque durante los últimos 14 fines de semana, ella hubiera deseado que uno de esos tantos Sábados él la sorprendiera con una invitación para ir a la montaña a andar en bicicleta, o “raptarla” un Viernes por la tarde, -al final de la jornada de trabajo- con la indeclinable propuesta para ser la compañía perfecta durante una cena al aire libre, a las afueras de la ciudad y contemplando las estrellas.

En plena madrugada le escribió con todas sus ganas, que deseaba con todo su corazón que llegara ya; a pesar que no tuviera ni la menor idea de dónde se encontraba él, en ese instante en que ella estaba ahí robándole horas a su sueño en lugar de estar durmiendo abrazada a él.

Dentro de su desesperación reconoció que tenía más defectos que virtudes, también que hasta ahora no se había esforzado lo suficiente para convertirse en la mujer que él necesitaba. Le pidió perdón porque apenas unos cuantos años atrás lo confundió con otra persona, creyó haberlo encontrado en otro hombre que en su momento le hizo creer que su eterna búsqueda por fin había terminado…

Pero no, eso no era cierto, y en ese momento, mientras la madrugada se agotaba; no podía evitar pensar en la posibilidad de que a él también le estuviera pasando lo mismo, incluso hasta creyó que algo había propiciado que él se distrajera a tal grado en el camino, que se había olvidado por completo que también la necesitaba y había salido a su encuentro.



Por dentro le carcomía la sola idea de imaginar que él también podía haberse equivocado al confundirla con otra mujer en su presente inmediato o lejano… Le dolía, sí, pero no quería dejarse abrumar por ese pensamiento… No lo conocía aún, pero deseaba con todas sus ganas que él abriera los ojos y se diera cuenta a tiempo que aún no era demasiado tarde para salir, tentar a la suerte hasta dar con el instante en que por fin se encontraran…

Fue así como en plena transición de la madrugada a la mañana, su corazón se volvió a ilusionar cuando empezó a soñar despierta con la posibilidad de que a pesar de que todavía ni siquiera sabía de que color eran sus ojos, la forma de su cara o las dimensiones de sus manos; le bastaría verlo tan sólo una vez, para saber que era un buen hombre y su mirada sería el reflejo, de que todo ese tiempo alejado de su lado solamente había sido un período de tiempo necesario para que él se convirtiera no en "Un Príncipe", sino simplemente en el hombre que que necesitaba y tan sólo vendría a complementarla.

Entonces por primera vez en mucho tiempo suspiró tranquila por un hombre simple al que jamás había visto y del cual, aún así, ya se sentía por completo enamorada.

Tenía ganas de que su fe fuera mucho más grande que sus miedos… Por eso quería aprender a vivir sin extrañarlo... Aunque todavía él no fuera un personaje cotidiano en su historia, ella quería crecer y convertirse en la mejor persona que pudiera ser, para que al momento de encontrarlo y descubriera en el día a día todo lo que era, él ya quisiera quedarse ahí.

En su carta le habló de algunas de las cosas que tenía para darle: millones de silencios para que el los usara cada vez que necesitara hablar de algo; miradas que le dijeran sin palabras todo lo que lo amaría y cientos de abrazos para utilizar al llegar a casa y luego de un día pesado de trabajo... por no hablar de la ternura que a veces vale mucho más que cualquier noche de pasión.

Le prometío que con él no cometería los mismos errores del pasado, era demasiado, pero al mismo tiempo tan poco todo lo que de él necesitaba, que lo único que le pediría como regalo sería: una oportunidad para cimentar la base de sus sueños sobre un presente imperfecto…

Tras el último punto que plasmó sobre la hoja (que ya no estaba en blanco), firmó con un suspiro… Entonces el sueño nuevamente regresó y se apoderó de ella.

Volvió de nuevo a la cama y se dejó envolver de nuevo entre frazadas... Sólo que ahora sin esa sensación de vacío provocada por la ausencia de quien todavía ni siquiera conocía…

Con la habitación en penumbra, pronunció en sus pensamientos una oración para pedir que él estuviera bien y su vida fuera plena aunque ella todavía no formara parte… Por primera vez –y después de mucho tiempo- había logrado estar tranquila, al depositar su fe en algo tan incierto…

No sabía cuanto faltaba, ni cuando llegaría... Apagó otra vez la luz, cerró los ojos y se durmió pensando en que si él se perdía de nuevo en su búsqueda, si no existía o quizá nunca se encontraban; con el simple hecho de regalarle la posibilidad de albergar en su interior un sueño tan hermoso, sería más que suficiente para que a partir de allí fuera feliz por si misma y estuviera bien...





“Sola”
-Irán Castillo-

No, no me importa despertar,
agotada de soñar con fantasías,
que pronto serán mías.

Y no, no me quiero enamorar,
sólo por poder contar con compañías,
para el amor no hay prisa.

No, aunque tenga que pasar,
tantos años y alinear,
a este corazón que no se fía,
yo, aunque tenga que esperar,
algo tiene que llegar aquí a mi vida,
como una poesía.

Sola, prefiero seguir soñando,
que existe en algún lugar,
un abrazo a la medida de mis brazos,
prefiero seguir soñando,
que me tengo que encontrar,
una boca a la medida de mis labios.

Hoy, no me queda nada más,
que pisar la realidad en este día,
buscar mi plusvalía.

Y no, no me quiero enamorar,
sólo por poder contar con compañía,
para el amor no hay prisa.

No, aunque tenga que pasar,
tantos años y alinear,
a este corazón que no se fía,
yo, aunque tenga que esperar,
algo tiene que llegar aquí a mi vida,
como una poesía.

Sola, prefiero seguir soñando,
que existe en algún lugar,
un abrazo a la medida de mis brazos,
prefiero seguir soñando,
que me tengo que encontrar,
una boca a la medida de mis labios…

Sola, prefiero seguir soñando,
que existe en algún lugar,
un abrazo a la medida de mis brazos,
prefiero seguir soñando,
que me tengo que encontrar,
una boca a la medida de mis labios…

Prefiero seguir soñando,
que existe en algún lugar,
un abrazo a la medida de mis brazos…

Prefiero seguir soñando,
que me tengo que encontrar,
una boca a la medida de mis labios…

Que existe en algun lugar,
un abrazo a la medida de mis brazos…

Que me tengo que encontrar,
una boca a la medida de mis labios…

Comentarios

Vane dijo…
...Demasiadas veces lo creí.
Demasiadas veces lo intenté.
Demasiadas noches esperando que suceda.

Demasiadas veces lo sentí.
Demasiadas veces lo intenté.
Demasiadas noches esperando que me quieras...

Este pedacito de canción no me cansé de cantar ayer, y por eso te la dejé en este comentario, creo que resume cualquier cosa que yo pudiera intentar decir, y seguramente no iba a saber como, por eso me robé esas palabras.

Muy linda y llena de esperanza tu historia, por lo menos esa chica tuvo la posibilidad de haber confundido a su ausente, y aunque fuera por poco vivió lo que siempre había querido y soñado, o por lo menos se alcanzó bastante.

Demasiadas, demasiadas, demasiadas...hoy esas demasiadas veces pesan demasiado.

Te dejo un gran abrazo, y sólo alguien tan sensible como vos es capaz de escribir algo así, ojalá yo algún día pueda hacerlo, o por lo menos sentirlo.

¡No te olvides de que adoro!!!
Mariana dijo…
Muy hermoso tu relato Martu, me identifico con él. Pero la vida es demasiado hermosa como para tener que esperar a alguien para compartirla... lo mejor es vivirla felices por nuestra cuenta, para que cuando el ausente llegue, venga a complementar esa felicidad, no a traerla. Por que nadie nos hara mas felices de lo que nosotros mismos podamos.

Te mando un mega mega beso!!!
Victoria dijo…
Martha
es la primera vez que veo que le escribes a tu ausente!!!!
que lindo que ahora que tienes esos momentos sepas que por ahi esta... por ahi anda, yo ando enojada con el mio por eso no le habia escrito al mendigo
pero ya me estoy poniendo bien y le escribire nuevamente

pronto Marthita... mientras tanto... disfruta! el agua esta deliciosa....