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"Remembranzas Fantasmagóricas" (Parte X)

Después de una demora más prolongada de lo que yo hubiera querido... Aquí está por fin la siguiente parte de la historia de "Fantasmas"...

Está un poco "rollera" (ya saben que por más que lo he intentado, yo no puedo ser breve) y pues bueno, espero que les guste y la disfruten tanto como yo al escribirla.
Dejo además los links de todas las partes anteriores, para "los despistados" que se perdieron y no conocen la historia desde el principio:

Parte I

Parte II

Parte III


Parte IV

Parte V


Parte VI


Parte VII


Parte VIII:
(en esta parte darle un click para poder visualizar más grandes las páginas de cada hoja de la carta)

Parte IX

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"Remembranzas Fantasmagóricas" (Parte X).

Entrada "Josefina", uno de los símbolos más emblemáticos de Mesilla, Nuevo México.

Esos primeros minutos de estancia en La Hacienda Doble Águila; fueron muy incómodos para Margarita, puesto que a pesar de que unos minutos después fuera el mismísimo Fernando quien se acercara a ella para presentarla, (dándole el lugar que como su prometída tenía, ante aquella efusiva mujer); Margarita no supo explicar ¿por qué razón?, pero no le cayó muy en gracia, la excesiva familiaridad con la que ella se dirigía al joven doctor.

Consciente desde el primer momento, en que hacía mal en experimentar rechazo hacia alguien que ni siquiera conocía, (y que tras ese primer contacto), se enteró se trataba de Arely Maes, la hermana menor del dueño de La Hacienda Doble Águila. Margarita intentó disolver de su pensamiento el malestar y la sensación de incomodidad que le producía el simple hecho de que esa chica tomara a Fernando por el brazo…

Con la intención de ahuyentar esa sensación y esos pensamientos de su mente, apartó la vista de ellos y de momento intentó concentrarse en la cantidad de gente que aún permanecía a su alrededor en aquella improvisada bienvenida. En eso estaba cuando una muchacha muy joven, de cabello oscuro y de profundos ojos negros que denotaban un cierto aire de melancolía, se acercó hasta ella y le ofreció un vaso con agua fresca.

- Me imagino que su viaje ha sido muy largo y cansado, así que no se mortifique por cosas que no son tan importantes… Tome Señorita, aquí tiene algo para que se refresque un poco.-

Margarita tomó el vaso, y las palabras de esa chica (al igual que la bebida que le dió), en verdad lograron reconfortarla de momento. Todavía sostenía el vaso con el líquido, cuando cayó en la cuenta de que aquella joven –que por su apariencia tan humilde debía ser parte de la servidumbre- había notado no sólo el malestar que le provocaba que otra mujer estuviera cerca de su prometido, sino que también, acertó al aconsejarla de una manera tan simple.

-“Esta chica tiene toda la razón”- fue lo que pensó Margarita. cuando cerró los ojos para beberse el último sorbo de aquella deliciosa agua de horchata. Transcurrieron apenas unos instantes en los que realizó eso, que cuando quiso devolverle el vaso a la amable joven, para de paso agradecerle por esa pequeña muestra de cortesía; ella simplemente ya no estaba más.

Desconcertada miró hacia ambos lados, y la buscó a simple vista entre la gente que estaba ahí reunida, pero no logró verla o identificarla en medio de aquel grupo de personas… No podía haber ido muy lejos, ni tampoco podía haber desaparecido asi como si nada, y mientras su mente estaba en el proceso de encontrar una respuesta lógica, casi se muere del susto cuando un par de manos se posaron sobre sus hombros obligándola a volver de golpe a la realidad.

Una carcajada fuerte y estruendosa le reveló que quien había hecho eso era Anselmo, el hijo mayor del Sr. Julio Ibárcena, (amigo de toda la vida del padre de Fernando), y por quien todos ellos estaban reunidos ahí.


Lo que para él resultaba tan hilarante y divertido, para Margarita fue como una broma de muy mal gusto; pero como buena chica de familia supo disimularlo y se limitó a saludarlo. A pesar de que –al igual que Fernando- ella lo conociera también desde que eran niños; desde siempre trataba de evitarlo, pues Anselmo tenía fama de ser un tipo bastante odioso, en el sentido de que en su desesperado afán por resultar agradable ante los ojos de los demás, lograba exactamente el efecto contrario.


Eso sin contar el hecho de que ella atestiguó como, con el paso de los años Anselmo pasó de ser un niño envidioso y con “aires de grandeza” (debido a la buena posición social de su familia); a convertise en un joven que si bien era cierto era apuesto y exitoso en todo lo que hacía; todas esas cualidades y atributos se veían minimizados ante su verdadera esencia como persona –algo que para Margarita, en su condición de mujer sensible e intuitiva- quedó al descubierto desde que ellos fueron niños; y que hoy le permitía tener la certeza de que era un hombre de doble cara y en el que por nada del mundo se podía confiar.

En eso pensaba exactamente, cuando mientras por fuera permanecía en silencio y con una amable sonrisa escuchaba todo lo que Anselmo le decía referente a que hacía tanto no la veía, y agregaba además algunos cumplidos relacionados con la inminente belleza que ella adquirió con el paso de los años; Margarita agradeció que como caída del cielo, Cecilia, (hermana de Anselmo y madre del bebé que al día siguiente sería bautizado), los interrumpiera de pronto, con el argumento de que era ya muy tarde, que el viaje le debía haber resultado demasiado cansado y por ende, como buena anfitriona ella le mostraría la habitación donde iba a pasar la noche en compañía de Doña Águeda, su madre.

Una especie de tristeza la ensombreció de pronto, cuando pensó en que a pesar de la hora, le hubiera gustado mucho despedirse de Fernando y con el pretexto de darle las buenas noches, agradecerle por todo lo que vivieron juntos apenas unas cuantas horas atrás.

Sin embargo, la sola idea de que en esos momentos un detalle así seguramente resultaría irrelevante para él y era en lo que menos pensaría si contaba ya con “tan buena compañía”, la hizo sentirse enfadada y optó por ya ni siquiera voltear para tratar de encontrarlo en medio de la gente que fue a recibirlos y entonces no le quedó más remedio que hacer caso a la sugerencia de su anfitriona y retirarse a sus habitaciones.

Después de mucho rato en que tomó un baño de agua tibia y se encontraba ya bajo la calidez de las sábanas de aquella habitación de huéspedes, Margarita no podía conciliar el sueño.

En plena penumbra, escuchaba la respiración profunda de su madre durmiendo al lado; y a pesar de que ella también se sentía muy cansada por el viaje y además por toda la tensión y las emociones que le generó la aventura que vivieron ella y Fernando (al haber podido ayudar a la chica que tuvo su bebé en la zona aledaña de La Unión); una especie de vacío muy profundo que se instaló en su estómago; la hizo experimentar sentimientos muy desagradables; puesto que la imagen de su prometido junto a Arely -por más que intentaba- no se iba de su mente y entonces eso la hizo desear con todas sus fuerzas que Fernando no resultara ser al final un hombre como Anselmo; lo cual equivalía también a ser igual que todos los demás...

Sintió muchas ganas de llorar en ese instante y se odió a si misma porque no era posible que una cosa tan insignificante le estuviera afectando tanto… Tuvo miedo también porque de pronto la idea de que Fernando pudiera encontrar mucho más atractiva a Arely y se sintiera atraído hacia ella, comenzó a carcomerle por dentro…

Se dio varias vueltas en un intento por tratar de conciliar el sueño, e intentó también neutralizar toda esa gama de ideas absurdas, pensando en el paisaje tan hermoso que vio en el camino, en la sensación de haber entrado a un mundo -donde el tiempo parecía no transcurrir- mientras la carreta en la que viajó de regreso junto a Fernando, le ofreció un panorama distinto al que ella conocía…

En los primeros metros de ese camino bordeado por casas de adobe, cimentadas bajo la luz del mismo sol abrazador que curtía las matas de Chile Mirasol, Colorín o Pasilla (que los lugareños acostumbraban poner a secar al pie de las puertas), todo eso contribuyó para que en su mente se formara una idea muy peculiar de cómo era la vida en ese sitio conocido como Mesilla, Nuevo México.



No logró tranquilizarse, ni tampoco distraerse, pues a pesar de que puso todo su empeño en ello, fue un intento en vano, y enojada se secó las lágrimas que sin darse cuenta ya le resbalaban en forma continua para humedecerle las mejillas.

Mientras, pensaba también en que hubiera dado cualquier cosa para que por lo menos Verónica (su mejor amiga), hubiese estado allí… Pues ella era la única persona que seguramente entendería todo eso que sentía y que sin duda alguna habría sabido que decir para hacerla sentir mejor.

Sentada sobre la cama y con la vista ya habituada a esa densa oscuridad que lo envolvía todo, pudo distinguir el gran ventanal que asomaba al zaguán lleno de plantas de ornamento de todo tipo, mientras que en el interior de la habitación, el espejo en forma de óvalo -que reflejaba una parte del baño y también del pasillo que daba acceso al resto de las habitaciones-, todo esto contribuyó para que Margarita se sintiera como una extraña tan lejos de su casa y terriblemente sola (a pesar de que su propia madre estuviera durmiendo ahí al lado).


No tenía ni la menor idea de ¿qué hora era exactamente?, pero debía ser ya muy tarde… Cerca de las dos o tres de la madrugada; porque a pesar de que no tenía a la mano ningún reloj, el sonido imperante en todo rincón cercano o distante de esa casa, se lo hizo suponer así.


Estuvo tentada a levantarse para salir a tomar un poco de aire en el jardín exterior que le quedaba a unos cuantos pasos, pero ni siquiera se animó y lo único que hizo fue sentarse sobre la cama, con la espalda totalmente recargada en la cabecera de latón y las rodillas todavía envueltas en la sábana que la protegía del fresco de la madrugada.

De pronto un destello, reflejado en el espejo de óvalo la deslumbró en forma momentánea y le provocó temor cuando vio que se convirtió en una luz que a través del pasillo poco a poco se iba acercando en dirección hacia su habitación (ubicada justo al final de pasillo).

Aunque se quedó paralizada por la visión fantasmagórica que el cristal de arena le ofrecía; no podía apartar su vista de ahí, porque aunque con miedo, quería averiguar ¿qué era? o ¿qué forma tomaba exactamente? aquella luz que iba en dirección hacia ella.


Una voz en el umbral de su puerta entreabierta la sobresaltó casi al extremo de sentir el corazón latiendo acelerado en la garganta… Cuando volvió la vista, la extraña luz había desaparecido por completo del espejo para convertirse en un destello luminoso que iluminó parcialmente la silueta de una mujer, que en el umbral de la entrada a su habitación la esperaba de pie; sosteniendo en la mano un pequeño candelabro (que era lo que daba origen a esa luz), y en la otra, un pequeño plato con un vaso de leche.

Margarita reconoció a aquella mujer, como la misma que a su llegada le ofreciera un vaso de agua y desapareciera de la nada. Era extraño, pero a pesar de que su contacto con ella había sido sólo a través de ese pequeño gesto de cortesía y aún así desconocía su nombre; algo en su interior le inspiraba confianza y además le hacía saber que era una buena persona.

Acostumbrada a ser condescendiente con las personas de servicio, (con las cuales casi siempre lograba entablar una amistad debido a su gran sentido solidario); esta vez no fue la excepción y Margarita se incorporó de la cama para aceptar el vaso de leche –que obviamente era para ella- y agradecerle el gesto, de que siendo tan tarde, se hubiera tomado la molestia de ir a buscarla para cerciorarse de que en realidad estaba bien.

-Te agradezco mucho el que hayas sido tan amable de venir hasta acá a traerme este vaso de leche, no tendrías porque haberlo hecho, supongo que terminas todos los días muy cansada y a esta hora deberías estar durmiendo en lugar de haberte preocupado por mi-

-Descuide Señorita, no es nada… Estoy acostumbrada a madrugar y como mi sueño es demasiado ligero; la escuché desde el otro lado del zagúan y decidí venir a cerciorarme de que estaba bien… Además mire, un vaso de leche tibia con un poco de miel y anis, no le cae mal a nadie, va a ver usted como después de tomarlo va a poder conciliar mejor el sueño…-

Margarita tomó el vaso de cristal, para darle de inmediato el primer sorbo que le supo extremadamente delicioso. Correspondió con una sonrisa y con una mirada amable a aquella chica de la servidumbre que al pasarle una servilleta -mientras al mismo tiempo ella también le sonreía, aunque de modo picarésco-; le hizo saber que la leche había dejado un rastro espumoso que la hacía ver bastante graciosa, porque se había impreso justo encima de sus labios.

No necesitaba de un espejo para darse cuenta de lo cómico que resultaba aquel bigote artificial de color blanco y de pronto aquel incidente tan simple a ella también le causó gracia y prácticamente tuvieron que salirse de la habitación hacia el pasillo para evitar que la risa les ganara a ambas y con el ruido terminaran por despertar a Doña Águeda, que en ningún momento dejó de emitir ronquidos profundos que alguien que supiera de música habría interpretado en un pentagrama a través de notas muy, pero muy, muy, largas…

Era extraño, pero toda esa serie de pensamientos y sentimientos que apenas unos minutos antes se apoderaran de su alma, dejándola intranquila durante una buena parte de la madrugada; ahora se habían discipado por completo y se sentía por fin en paz.

Quiso agradecerle por ello a aquella chica de la servidumbre, que curiosamente a la luz del pequeño candelabro se veía muy diferente; en el sentido de que a primera vista (Margarita no sabía definir si era debido a que ya no llevaba puesto el uniforme de servicio), o que sus cabellos estaban sueltos, o si simplemente, debido a la escaza iluminación en medio de la madrugada), su rostro -y toda su apariencia en general- lucían demasiado “resplandecientes”.

Su intención de inicio, fue comentarle algo al respecto (porque en verdad se veía muy bonita); pero lo único que atinó, fue en hacerle una pregunta, porque justo cuando tuvo la intención de agradecerle otra vez por ese nuevo gesto de cortesía, se dio cuenta que ni siquiera sabía cuál era su nombre.


-De verdad te agradezco…-

-Inéz, ese es mi nombre Señorita…-

-Mucho gusto Inéz… Mi nombre es Margarita

Ambas sonrieron de nuevo cuando se percataron de que por llevar Inéz ambas manos ocupadas (una con el candelabro y otra con el plato para la leche), era prácticamente imposible que pudiera corresponder al gesto de presentación estrechándole la mano; lo cual propició que la risa estuviera a punto de ganarles otra vez.

- Gracias de nuevo por todo Inéz, me ha reconfortado mucho no sólo este vaso de leche, sino tu presencia también.-

-Lo sé Señorita, y créame que la entiendo mejor que nadie, ¿Pero sabe qué?, no se angustie tanto por cosas que no tienen sentido, el doctor es un buen hombre y se ve que en verdad la quiere.-

-Lo sé… Y creo que yo también lo quiero a él… Es sólo que…-

-…A veces las cosas “no son lo que parecen Señorita”… No hay más que ver a los ojos a ese muchacho para darse cuenta de lo importante que es usted para él… Alrededor de ustedes hay muchos intereses y la influencia de personas muy mal intencionadas, pero usted no permita que nada ni nadie se interponga y termine con eso tan bonito que existe entre ustedes dos.

-Trataré de seguir tu consejo Inéz… Por lo pronto esta noche ya me has ayudado bastante y te lo agradezco infinitamente.-

-De nada Señorita, ya lo sabe, cuando necesite cualquier cosa, no dude en buscarme, que YO VOY A ESTAR ACÁ ETERNAMENTE.-

Margarita puso nuevamente el vaso (esta vez ya vacío) sobre el mismo platito en que Inéz lo llevara hasta ahí. Le agradeció con una sonrisa y volvió a su habitación sintiendo que por fin había logrado quitarse un gran peso de encima y casi sin darse cuenta, en cuanto puso la cabeza en la almohada y sus ojos se cerraron cayó en un profundo y conciliador sueño.

******************



Un nuevo día siempre brinda la posibilidad de ver y percibir las cosas de una manera diferente; y el amanecer en Mesilla, Nuevo México no era para nada la excepción.


Tras una madrugada un tanto llena de dudas e incertidumbre; Margarita despertó con ánimos tan renovados, que disfrutó enormemente de aquella mañana en la que el olor a humedad, provocado por las plantas y los adoquines mojados de un zagúan regado y lavado con escobas y jabón durante las primeras horas de la mañana; recrearon el ambiente perfecto para tomar los primeros alimentos del día en ese lugar.

Acompañada de su madre, a quien al parecer también le había sentado bastante bien el ambiente de aquella hacienda; Margarita, a pesar de que charlaba animadamente con ella; pensaba al mismo tiempo y para sus adentros en que le gustaría tener la oportunidad de desayunar sola en un lugar como ese en alguna otra ocasión.


Como era día de fiesta, algunos miembros de las familias Maes e Ibárcena también se habían puesto en pie desde temprano; y tras reunirse con sus invitadas a la hora del almuerzo; y tomando en cuenta que la noche anterior, lo inapropiado del horario no dio pie para que pudieran ser buenos anfitriones; en lugar de llevar a cabo la charla de sobremesa; Cecilia, le pidió a Margarita y Doña Águeda que la acompañaran; para en un breve recorrido, llevarlas a conocer por entero cada una de las habitaciones y estancias de La Hacienda Doble Águila.




Mientras recorrían cada espacio de aquel sitio repleto de muebles antiguos y rincones llenos de historia, Cecilia les compartió un poco de los fragmentos del tiempo y las anécdotas atrapadas dentro de aquella hacienda:

Les habló de que las puertas de cada entrada de la propiedad, fundidas en hierro durante la época de la guerra post-civil, pesaban casi una tonelada; mientras que las luces del Bar Imperial eran del año 1890; la decoración del Salón Maximiliano era de origen francés;
los candelabros que iluminaban esa parte de la casa, habían sido elaborados con más de 1000 cristales tallados a mano, y todo eso sin contar que el techo había sido decorado y recubierto con una lujosa capa de oro de 24 Kilates.

Todos esos elementos de la decoración, hacían de La Hacienda Doble Águila un lugar muy peculiar, entre un montón de objetos que iban desde los espejos franceses, tallados bajo el más puro espíritu del renacimiento griego, así como los óleos que pendían de varias de las paredes, atestiguando a través de imágenes, la historia de los ancestros de la Familia Maes que vivieron ahí en otro tiempo.

Cecilia les contó tambíen que previo al Tratado de Guadalupe-Hidalgo, (que vino a terminar con la guerra México-Américana en 1848), esa propiedad, que pertenecía a la familia de su marido; (desde la época en que un grupo de colonizadores españoles llegaron); dio como resultado la edificación en esa zona, de La Hacienda Doble Águila: una construcción que evocaba en cada uno de sus ladrillos y cimientos, toda esa nostalgia por los grandes caserones que durante la conquista existieron en
La Nueva España.



Emocionada por compatirles un trozo del pasado de los ancestros de su marido; Cecilia les explicó que el nombre de “Doble Águila” se debía a que en 1850, las monedas acuñadas en oro de 10 dólares, se conocían como “Águila”, mientras que las de 20 dólares, lógicamente eran conocidas como “Doble Águila”.

Luego las llevó hasta el comedor principal, que ya estaba listo para recibir a todos los invitados al bautizo, así como al salón de lozeta a cuadros blancos y negros, iluminados por una hilera de grandes candelabros extendidos en forma vertical; y suspendidos del techo en un espacio abierto y designado exclusivamente para si alguno de los invitados, (más entrada la noche), tenía ganas de bailar.


Margarita estuvo tentada a comentarle a Cecilia sobre la amabilidad y cortesía de sus empleados; porque en particular deseaba referirse a Inéz y a la forma en como huesped la había tratado; pero en ese instante apareció Arely, quien luego de saludarlos, comentó que estaba un tanto apresurada, porque quería salir con la intención de alcanzar a Fernando y a su hermano político, Anselmo, quienes desde muy temprano salieron para ayudarle al esposo de Cecilia a arrear el ganado que se encontraba pastando a pocos kilómetros de ahí.

Bastó que Arely mencionara el nombre del doctor, para que los 5 sentidos de Margarita se pusieran en alerta. Ni siquiera lo pensó y de inmediato se ofreció a acompañarla. Aunque en un inicio Arely dudó que una chica como Margarita supiera si quiera como montarse en un caballo; a Margarita no le importó eso, ni tampoco que su madre comentara que el salir a cabalgar al campo no era una actividad adecuada para una “Señorita de su clase”...

Como esta vez Doña Águeda era invitada y no podía objetar para imponer su voluntad (de la misma manera que lo habría hecho en su casa); no le quedó otra, más que tragarse el disgusto; y ver como su hija regresaba unos minutos después, ataviada con unos pantalones de montar y calzando unas botas que en nada minimizaron su feminidad, pero si acrecentaron todavía más el enojo de su madre; cosa que de nada sirvió, pues Margarita y Arely, cerca de las 8 de la mañana partieron con rumbo a la salida del pueblo en busca de los hombres de la familia.



Durante el camino hacia allá, la conversación entre ellas fue cordial. Arely, sin sospechar si quiera el recelo que hacia su persona existía ya por parte de Margarita, respondió inocentemente a los cuestionamientos que ella le hizo acerca de cuánto tiempo llevaba de conocer a Fernando ¿y cómo era exactamente su relación con él?

A pesar de ese sentimiento de rechazo, Margarita sintió que Arely era sincera… Y se sintió todavía más culpable porque nada justificaba esa actitud de su parte hacia ella.

Pasados unos minutos de la cabalgata, distinguieron por fin a lo lejos la manada de ganado pastando, mientras los 3 hombres que buscaban permanecían bajo la sombra de un árbol, descansando un poco y compartiendo algo que a varios metros de distancia se veía ardía bajo el calor de una fogata y además olía delicioso.

Fernando se sorprendió mucho cuando descubrió que Margarita había ido a buscarlo hasta allí, y le sorprendió todavía más darse cuenta que era una chica que sabía montar y “se atrevía” a dejar atrás los vestidos para no perderse la aventura que implicaba un paseo a caballo.

A partir del momento en que se encontraron y compartieron un poco del café que ellos habían elaborado para desayunar al aire libre, el resto del tiempo ni siquiera la presencia de Arely entre ese grupo, eclipsó la magia de aquella mañana; pues a partir de ahí Fernando y Margarita permanecieron todo el tiempo juntos; él fascinado con la idea de que ella supiera montar y pudiera acompañarlo en un futuro no muy lejano en los recorridos que hacía por la hacienda de su padre, y también mostrándole en ese día todo lo que sabía, acerca del cuidado del ganado y en el que la ordeña de vacas fue un momento muy divertido para ellos.

En el regreso, aprovechó la ocasión también para separarse junto a ella del resto de grupo, para adelantarse y llevarla a conocer algunos de los lugares donde la belleza del paisaje desértico se apreciaba en su total dimensión.



Todo hubiera sido perfecto, de no haber sido por Anselmo, quien los alcanzó para pedirles que se unieran de nuevo al grupo, pues pasaba ya por mucho del mediodía, el sol estaba en su punto más alto y era hora ya de regresar a casa para estar a tiempo para la comida.

Al ver que ninguno ni otro dijo nada, Anselmo supuso que se había perdido de algo; y aunque lleno de curiosidad preguntó sobre lo que estaba pasando; al ver que Fernando le cambió en forma abrupta la conversación, al responderle con un comentario relacionado con esa expedición pendiente que tenían para ir a conocer el otro extremo de la montaña (y en la que sugirió incluyeran a su prometida); Anselmo dió por entendió que él era un entrometido y que ninguno de los dos hablaría más del tema.

En el camino la charla fue bastante animada, y de cuando en cuando Margarita y Fernando se lanzaban una que otra mirada llena de complicidad y con las que sin necesidad de palabras se podía entender que a ambos les divertía mucho el hecho de saber que compartían la idea de que Anselmo no tenía porque enterarse de todo lo que hablaron y compartieron aquella mañana.

Ya estando en La Hacienda Doble Águila, a la hora de la comida (y previo a que comenzara todo el festejo relacionado con El Bautizo); Anselmo y Arely, sugirieron que Fernando y Margarita los acompañaran a dar un paseo, con la intención de que esta última conociera los sitios más representativos de aquel pequeño pueblo.

Plaza Principal de Mesilla, Nuevo México.


Iglesia de San Albino, construída en 1855.

La velada fue una vez más muy agradable y el tiempo transcurrió tan pronto, que cuando menos lo pensaron, faltaba poco tiempo para que dieran inicio los festejos del bautizo… Arely le preguntó a Margarita por el atuendo que usaría para tan importante ocasión y Margarita le respondió que se trataba de un vestido muy sencillo que había elegido casi un día después de que la familia de Fernando le extendió la invitación para ese evento; y de esa conversación en apariencia tan frívola; surgió algo que Margarita ni siquiera esperaba.

-¡Ash Margarita!, de verdad no puedo creer lo que me dices… Mira que hora es y creo que es prácticamente imposible que en una 1 hora tú ya puedas estar lista para la ceremonia de bautizo.-

-Es que Maggie es una chica demasiado práctica y que no se complica la vida como tú… (respondió Anselmo con un coqueto guiño de ojo).

- Pues tú dirás lo que quieras Anselmo, pero yo, por lo menos necesito 3 horas para poder arreglarme y el vestido que compré para esta ocasión es taaaan especial, que seguramente voy a necesitar la ayuda de alguien para poder lucir radiante.-

La forma como Anselmo se dirigió a Margarita, así como el guiño de ojo fue algo que no pasó desapercibido para Fernando, que no obstante eso, no dijo nada. Margarita se sintió incómoda cuando se dio cuenta de eso, e intentó continuar con aquella conversación –a pesar de la frivolidad en torno a la cual giraba- como una forma de autoconvencerse de que la repentina seriedad de Fernando era sólo producto de su imaginación y nada más.

-Bueno y ¿Por qué no le pides a una de las muchachas de servicio que te ayude?, Inéz por ejemplo, me da la impresión de que ella es una chica que siempre está dispuesta a ayudar.-

Un silencio se hizo evidente y cortó de tajo con la conversación; Anselmo y Arely voltearon a verse con cara de asombro y tras un instante que pareció volverse eterno para Margarita (sobre todo por la forma como la miraron después de ese último comentario); el primero en dirigirse hacia ella fue Anselmo con expresión de desconcierto.

-Escuché bien y dijiste ¿Inéz?-

-Sí, así es… Inéz es el nombre de una de las chicas de servicio de tu hermana Cecilia ¿no?, ella me ofreció agua ayer en la noche que llegamos y durante la madrugada fue muy amable en llevarme un vaso con leche tibia hasta mi habitación… ¿Entonces por qué no le pides ayuda a ella?-

Anselmo y Arely volvieron a verse con la incredulidad dibujada en la expresión de sus rostros y finalmente Anselmo estalló en una especie de risa nerviosa que los alteró más a todos…

-Es que eso no puede ser posible, que tu hayas conocido a Inéz…-

-¿Por qué si ella trabaja en casa de tu hermana?

-No Margarita, debes estar confundida, porque Inéz ya no puede trabajar en casa de Cecilia.-

-…La verdad no entiendo… Ella estaba ayer y fue muy amable, incluso hasta nos quedamos platicando un rato en la madrugada y me pareció que…

-Margarita, eso no puede ser posible, porque Inéz murió hace muchos años…

Esa afirmación cayó como cubetazo de agua fría para Margarita, quien después de eso no supo ni que decir… Volvió a sentirse incómoda porque todos la miraban con expresión de rareza, tal y como si toda esa historia referente a Inéz, ella se la hubiera inventado; pero Margarita hubiera dado cualquier cosa por demostrarles que todo eso que vivió y habló con ella la madrugada anterior había sido cierto.

Cuando volvieron a casa, y ya durante la comida Anselmo, burlándose un poco de “la imaginación tan desbordante de Maggie mencionó delante de todos lo que supuestamente había visto; el resto de los familiares reúnidos alrededor de aquella mesa lo ignoraron, desviando la atención hacia otros asuntos relacionados con el festejo que tendrían esa tarde.

Al terminar la comida, todos se retiraron a sus habitaciones para descansar un poco y luego prepararse para estar listos a la hora del festejo. Margarita se ofreció a quedarse para ayudar a Cecilia a levantar los platos de la mesa y esta aceptó de buena gana, pues a pesar de que no se lo expresó de manera directa, su mirada le hizo saber que acertó en su decisión puesto que también deseaba hablar con ella.

-Margarita, quiero decirte que yo si creo lo que me has contado.... Inéz, aunque de forma indirecta fue una parte importante de nuestra familia y para esta hacienda también.-

-¿Entonces por qué todo mundo evade el hablar de ella?, discúlpame, pero esa fue la impresión que me dio hace un rato, cuando Anselmo la sacó al tema.-

-Mi hermano es muy tonto para hablar a veces, y no tiene el menor "tacto" para hacerlo, y me temo que la historia que hay detrás de Inéz es muy larga y compleja…-

-¿Me podrías hablar de ella?... En verdad me interesa mucho…-

-Porspuesto, pero para eso necesito mostrarte algo… ¿Me acompañas?-

Cecilia y Margarita se encaminaron hacia el pasillo que conducía al área norte de la casa, en la que muchas otras habitaciones se encontraban dispuestas. Después de un breve recorrido, Cecilia se detuvo frente a una puerta, en la que al pasar la llave sobre el cerrojo, cedió descubriendo en su interior una habitación llena de objetos personales (que se podía apreciar llevaban mucho tiempo intactos), además de algunas fotografías de un muchacho muy joven que Margarita reconoció como el mismo que aparecía en otras de las imágenes familiares colocadas en el borde de la chimenea que adornaban la sala.


Cecilia tomó una de las fotos que reposaban encima del buró junto a la cama, y tras quitarle con un soplo el exceso de polvo acumulado por el tiempo que había permanecido cerrada aquella habitacíón. La apretó contra su pecho, como si se tratara de algo muy valioso para ella, y se sentó en el borde de la cama, esperando a que Margarita hiciera lo mismo para dar por iniciado su relato.

-Este muchacho que ves aquí, fue hermano de mi esposo… Su nombre era Armando y fue el primogénito de la Familia Maes… Como te podrás imaginar, en él estaban cimentados todos los sueños y pretensiones de la familia…

-Cecilia… Disculpa que te interrumpa, ¿Pero qué tiene que ver todo esto con Inéz?, sigo sin entender nada…-

- Tiene que ver, y mucho Margarita, pues en el tiempo que Armando se esforzaba por hacer de esta hacienda el lugar que es ahora, Inéz ya vivía y trabajaba en casa de la familia como parte de la gente de servicio.

Se dice que era una chica tan dulce y dedicada, que ese detalle no pasó desapercibido para Armando, quien al poco tiempo se enamoró de ella.


Contrario a lo que pudiera pensarse, las intenciones de él eran buenas, y luego de algunos meses en que ambos vivieron a escondidas su romance, los otros miembros de la servidumbre, para quienes no pasó desapercibida la cercanía que existía entre ellos, alertaron a la madre de Armando de lo “inadecuado” de aquella relación.

Evidentemente esto le causó un gran disgusto a la madre de mi esposo, La Sra. Maes tenía grandes planes para Armando y como te decía al inicio, había puesto todas sus esperanzas y fe en que la hacienda prosperara a manos de su hijo mayor.

Armando por su parte, estaba decidido a defender su amor hasta las últimas consecuencias, y para ese entonces ya había contemplado la posibilidad de hablar con su familia; puesto que alejado de los prejuicios e ideas equivocadas que caracterizaban a la gente de su clase, él estaba convencido de que no tenía porque avergonzarse de la mujer que amaba.

Un buen día, y luego de que mi suegra lo confrontara, y en la que él reconoció el inmenso amor que entre él e Inéz existía; se originó entre ambos una discusión muy fuerte que tuvo como consecuencia que La Sra. Maes totalmente decepcionada de su hijo, le echara en cara las responsabilidades que tenía, incluídos los planes de emparentar con con una familia aristócrata de la ciudad de México, y además, tras esa discusión decidiera tomar la decisión tan drástica de echar a Inéz a la calle.

Tal y cuando parecía que había cortado de raíz con el problema, y esperanzada a que con el paso de los días Armando se olvidara de Inéz y todo eso que decía sentir por ella, La Sra. Maes decidió realizar un viaje de varias semanas; pero la tarde que decidió volver, y dirigirse hacia la habitación de su hijo con la intención de saber ¿cómo estaba?; se sorprendió mucho de escuchar a medida que se fue acercando, el sonido de voces y murmullos.

Al abrir la puerta, y como era de esperarse, encontró a Inéz en brazos de Armando y enfurecida por aquella falta de respeto en su propia casa, salió al zaguán donde su apresurada e impusiva actitud, la hizo tropezar con un cesto de costura, del que al caerse, tomó del suelo un par de agujas costureras.

Cegada por la ira, volvió de nuevo hasta la habitación en la que Inéz y Armando ya se estaban vistiendo a toda prisa, y sin darles tiempo de nada, La Sra. Maes no dudó en atacar con las agujas a Inéz en repetidas ocasiones, causándole graves heridas…

Armando por su parte, presa del miedo y en un intento por proteger a su amada y evitar así que su madre pudiera hacerle más daño todavía, se interpuso entre Inéz y ella, por lo que la Sra. Maes, terminó hiriéndolo de gravedad a él también.


… Se dice que Armando, todavía tuvo tiempo de tomar entre sus brazos el cuerpo inerte de Inéz y despedirse de ella para siempre con un beso.

Apesar de que Armando no murió en ese instante y lograron atenderlo a tiempo de sus heridas, murió días más tarde de la tristeza y en su propia habitación, porque para él la vida sin Inéz ya no tenía ningún sentido.


Mi suegra desde entonces cayó en una especie de mutismo y al poco tiempo perdió la razón… Y quizá vivió para siempre atormentada por la culpa de haberse interpuesto en medio de un par de jóvenes cuyo amor era verdadero…

Margarita estaba asombrada y no supo que decir… Aquella historia era tan triste… Y aunque ya no comentó nada, entendió entonces el porque aquel era un tema tan prohíbido y doloroso en aquella casa.

Por otro lado, cobraron más sentido las palabras que una madrugada antes, Inéz le dijera, en el sentido de que ella estaría ahí eternamente y que hiciera todo lo que estuviera en sus manos porque nada ni nadie se interpusiera entre Fernando y ella.

La celebración del bautizo se llevó a cabo entre bombo y platillo, pero tanto en la ceremonia como en la cena que la familia Maes Ibárcena ofreció para festejar tan singular acontecimiento, Margarita estuvo todo el tiempo ausente, pensando en el trágico final de aquellos dos jóvenes cuyo único pecado había sido enamorarse perteneciendo a mundos tan opuestos.

Ni siquiera le importó que Fernando bailara varias piezas, casi obligado por la insistencia de Arely. Ella por su parte también aceptó la invitación a la pista de baile por parte de Anselmo, pero mientras estaba con él, era como si al mismo tiempo, su cabeza y sus sentidos estuvieran en otro espacio y tiempo, quizá imaginando todo lo que los rincones de esa antigua construcción guardaron para siempre del tiempo en que vivieron Inéz y Armando.

Cuando ya estaba muy entrada la noche y casi la fiesta estaba por finalizar; Margarita aprovechó que todo mundo estaba demasiado distraido, para salir a tomar un poco de aire fresco.

Caminó durante varios minutos; los suficientes como para alejarse bastante de La Hacienda Doble Águila, que a lo lejos resplandecía bajo el destello de las luces encendidas y el eco de risas y de la música tan propias de una celebración.


Una vez que todo aquel ambiente tan frívolo quedó atrás y pudo respirar tranquila; sus pasos la llevaron casi hasta la orilla del pueblo, donde al pie de una serie de columnas que sostenían un tejabán de otro edificio que no sabía ni de que era, Margarita decidió quedarse allí para meditar sobre esa historia de amor que la había impactado tanto y en cierta forma ponerla en una balanza junto a todo lo que ella estaba experimentando por Fernando en esa etapa de su vida.

Absorta por completo entre la idea de que todo cuanto vivió en las últimas 48 horas fue demasiado intenso y de las ganas que tenía de buscar la tumba de Inéz y de Armando antes de irse para depositarles una ofrenda floral; se sobresaltó cuando descubrió a poca distancia, una sombra que se dirigía hacia ella... Esto, la hizo regresar de golpe a la realidad cuando escuchó que una voz masculina la llamó por su nombre.

El alma le volvió al cuerpo cuando se dio cuenta que se trataba de Fernando, quien preocupado por su actitud ausente durante toda esa tarde; había estado buscando el momento apropiado para preguntarle ¿qué pasaba?, estando los dos a solas.

Ese momento por fin se había dado, y tal y como si la conociera de siempre, el joven doctor acertó en adivinar cuál era la razón por la cual ella se comportó durante el resto de la tarde así.

Margarita se sorprendió todavía más, cuando percibió la sinceridad expresada en las palabras de Fernando cuando afirmó que él de verdad le creía y estaba seguro de que no era producto de su imaginación todo lo que vivió al encontrarse con Inéz.

En ese instante un escalofrío la invadió y se sintió como el ser mas vulnerable del mundo. Fernando se dio cuenta de eso y con el pretexto de que la noche comenzaba a tornarse demasiado fría bajo aquellos vientos nocturnos de finales de Septiembre y comienzos de Octubre, con toda la delicadeza del mundo de que pudo ser capaz, se acercó todavía más a ella y sin dudarlo la abrazó.

Tal vez fue la cercanía, o esa extraña intimidad que ya comenzaba a surgir entre ellos, que así, en medio de la penumbra y casi sin poder percibir en medio de la oscuridad los rasgos de uno y de otro, hablaron durante un buen rato de todo lo sucedido y de un montón de cosas más.

Margarita le abrió su corazón y le contó de las ideas equivocadas que la atormentaron a su llegada a Mesilla y Fernando por su parte le expresó que no tenía porque tener miedo, pues a pesar de que él sabía que ella no estaba enamorada del todo de él, el compromiso que tenían iba mucho más allá de un simple “arreglo” entre familias y basado en el profundo respeto y admiración que por ella sentía, él pondría todo el empeño de su parte por ganarse de buena ley su corazón.

El silencio que se interpuso de pronto entre ambos le hizo saber a Margarita, que él se moría por darle un beso… Lo que Fernando no sabía era que si por alguna razón se hubiera atrevido a seguir sus impulsos, la respuesta por parte de Margarita no habría sido del todo indiferente…

Pero bueno, a pesar de que el lugar y el momento eran ideales para eso, la realidad era que Fernando era todo un caballero; y aunque le costó mucho trabajo contenerse, se limitó a besarle respetuosamente ambas manos poco antes de que ambos decidieron volver abrazados de nuevo hacia La Hacienda.


Aquella noche, todo quedó aclarado entre ellos, las cartas estaban ya sobre la mesa, las cosas no podían estar más claras entre ellos y poco antes de volver establecieron la promesa, de que a pesar de que eran muchas las personas que intervendrían siempre en las decisiones que tomaran; siempre buscarían un espacio para hablar de lo que sentían y pensaban; en un intento porque las decisiones finales respecto a lo que sería de sus vidas en un futuro no muy lejano, les correspondiera tomarlas únicamente a ellos dos.

En medio de aquella oscuridad, Margarita no lo vio, pero supo que Fernando le sonreía cuando antes de ofrecerle su brazo para emprender el camino de regreso, usó la expresión que a partir de entonces se convertiría en una frase clave entre ellos: “No habrá más orquídeas”… En una remembranza a aquel primer incidente que los unió y sirvió para que cambiaran la percepción equivocada que tuvieron durante mcho tiempo, uno del otro, y que a partir de entonces se interpretaría entre ellos como algo similar a decir que entre ellos no habría lugar ya para las dudas ni las mentiras…

Decididos estaban ya a correr el riesgo de averiguar que pasaría más adelante y aunque ninguno se atrevía a expresarlo, en el fondo sabían que iban por bueno camino ya, y algo mágico estaba surgiendo poco a poco entre los dos…


Continuará….

Nota: La historia de Inéz y Armando es una leyenda que se dice, realmente sucedió y "Doble Águila" es en la actualidad un restaurant acondicionado en ese caserón antigüo y que es uno de los principales atractivos turísticos de Mesilla, Nuevo México.

Comentarios

Vane dijo…
Estaba ansiosa por la siguiente parte de estas remembranzas, y yo sabía que vos ibas a colmar mis expectativas, ¡y de que manera! Muchas veces me pregunto cuando encuentro estas historias que continúan si el autor tiene la obra terminada y la lanza por capítulos, o si la escribe conforme las va publicando, en tu caso yo se como la estás escribiendo sin saber de que manera va a terminar, y también sé como te estás apasionando con estos fantasmas, y créeme que se nota, se nota lo cuidado que está todo esto, además yo que la leí desde el primer capítulo veo que todo tiene coherencia, no se te escapó nada, y eso es muy difícil de lograr porque te podés perder y mezclar cosas, pero en tu caso todo tiene sentido, y hasta una armonía, no sé como definirlo pero a mí me tiene atrapada.
Todavía sigo pensando de donde sacaste todas esas ideas, si bien te inspiraste en la época, y mencionas cosas que realmente pasaron y existieron, tu imaginación se te fue a las nubes acá, y esta parte de las remembranzas los comprueba, hasta agregaste una historia de fantasmas dentro de otra, y que tenga sentido, ¡wow! Me quito el sombrero ante tanto talento, porque una historia, un cuento, una obra de teatro, una película te puede gustar o no, pero eso no quita que reconozcas el talento y lo bien realizado que está una obra, y en este caso a mí ME FASCINA y está muy bien escrita, con información, fotos, cuidando la época, pasando por los paisajes y la ropa de los personajes, y todo eso hay que reconocerlo y agradecerlo, porque no se ve eso en los blogs, ya quisiera yo tener esa paciencia para contar esas historias, y además hacer una investigación de todo lo que estás hablando.
Que decir sobre este capítulo emocionante, para empezar me gustó mucho que jugaras con otros fantasmas dentro de una historia de fantasmas, es como si por un momento uno se olvidara de que los personajes son fantasmas cuando aparece Inéz, y después cuando mencionas la historia de amor con final trágico te das cuenta que está perfecto, porque como bien se sabe según las creencias dicen que ese tipo de apariciones se dan en personas que murieron trágicamente y dejando cosas pendientes, por eso estuvo genial esa parte de tu historia donde aparece Inéz dándole un consejo a Margarita basándose en lo que fue su vida y de cómo terminó todo.
También me gusta como poco a poco Margarita y Fernando se están enamorando desde el plano del respeto y porque no de la amistad, porque esa complicidad entre ellos está despertando otros sentimientos que van más allá de un matrimonio arreglado por sus familias, y lo de “no habrá mas orquídeas” ¡¡¡¡estuvo genial!!!!!!!!, es ahí donde te das cuenta que estás cuidando mucho esta historia teniendo en cuenta detalles tan simples pero que son muy inteligentes cuando los usas de esta manera, la verdad que me encantó, porque el episodio de la orquídea no fue bueno para ellos, y al mencionarlo así te das cuenta que entre ellos está todo aclarado, ¡ay me gusto eso!.

Continuará...
Vane dijo…
Trato de imaginar que pasara después, seguramente hay mucho más que una historia de amor, además es tan rica la historia de tu país que podés usar mas cosas de la que ya utilizaste para mezclar lo real con la fantasía.
Siento que me quedan cosas por decir, y seguramente algo se me está escapando, es que hay tanto por decir, y tantas ideas se te pueden escapar, hasta preguntas tengo para hacerte pero me da nervios, jajajajaja porque como fan quiero saber como sigue, pero a la vez me quiero esperar para que dure más esta obra. Ojalá dure mucho tiempo más, que esa cabecita llena de talento nos regale mas partes de estas remembranzas.


Ahhhh!! Estuvo genial eso de agregar las otras partes que pasaron, tal vez algún despistado se de cuenta de que tiene una gran historia por leer, que tiene la oportunidad de ponerse al día y esperar las siguientes partes, y reglarse la posibilidad de dar un paseo imaginario por estas remembranzas cargadas de emociones, y de historia.

Sigo ansiosa esperando como continúa todo esto, hasta ahora lograste atraparme, y seguramente lo que viene será más emocionante todavía.
A mí me queda agradecerte por todo esto, te repito: no se ve en todos lados tanta dedicación y eso ES DIGNO DE RECONOCER.

Te dejo muchos abrazos de oso, y ¡felicidades!, me saco el sombrero ante una cabecita tan creativa y brillante.

P.D te adoro!
Vane dijo…
Fue tan largo mi comentario que no me dejó publicar el comentario entero, jajajaja así como tus remembranzas son continuadas, mis comentarios también.

Te dejo más abrazos
Vane dijo…
Pasé otra vez por acá porque sabía que se me había pasado comentar algo: las fotos, están muy buenas, bueno eso siempre es así, tus textos siempre están bien acompañados por las imágenes, y eso hace más completos aún tus posts.

Te dejo un abrazo!
DIALOGUISTA dijo…
NO ESTA LA CAJITA CHISMOSA!!!!!
¿QUE PASO?
Martuchis dijo…
Vane:

Muchísimas gracias por todos tus comentarios, por todas las veces que regresas aunque ya hayas leído los posts. Creo que eres la única persona que conoce de cabo a rabo el blog, además del contenido de todos y cada uno de los post y eso es algo que se agradece, porque no es tan fácil poder encontrar personas que lean con tanta dedicación algo que tu escribes.

Tu conoces de sobra esta historia, y a veces me da la impresión de que la estoy escribiendo únicamente para ti y para mi, creo que salvo dos o tres personas aparte de ti, han leído estas "Remembranzas Fantasmagóricas" en las que como bien dices he puesto muchas horas de trabajo e investigación, pero no me pesa, estoy contenta con el resultado y creo que es un buen material para cerrar con broche de oro un ciclo importante en mi vida.

Gracias por tu tiemnpo, tu dedicación, y por permitirme leerte la historia, eso fue hermoso para mi también.

Te mando un abrazo enorme yo también y te adoro con todo mi corazón (aunque últimamente no me porte tan bien contigo).

DIALOGUISTA:
Gracias por la visita, siempre es grato tenerte aquí (aunque sea con ese disfraz de "Gatubela" y respecto a "La Cajita Chismosa" tomé la "Decisión Ejecutiva" de eliminarla porque prácticamente cada día está más desierta, al igual que el blog. Creo que a excepción de Vane, ya nadie pasaba muy seguido por ahí que digamos para dejar sus saludos.

Mil gracias por pasar a visitarme... Te sigo debiendo una visita largaaaaa,y una charla de madrugada en las cajitas de comentarios intensa.

Buen Finde.