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La Última Historia de Cronovisor (Segunda Parte).


Después de lo sucedido Mauro se quedó durante una buena cantidad de tiempo de pie en ese lugar, con las extrañas gafas entre las manos y sin poder creer todo lo que había visto, pues era difícil de asimilar.

Esa noche ya no siguió a Valeria. El tiempo que permaneció ahí propició que la perdiera de vista, y esa noche volvió a su casa, para pasar gran parte de la madrugada, recostado en su cama y con las gafas sobre el buró.

Sabía que tenía entre las manos un objeto que era mucho más que eso, pero como no sabía bien a ciencia cierta los alcances que podía tener al usarlo; decidió que a ese obsesivo pasatiempo de seguir a distancia a esa chica de la cual estaba enamorado, para captar instantes de su cotidianidad -sin que ella lo notara-, sumaría ahora el hecho de experimentar lo que sucedería si lo hacía llevando puestas las gafas.

A partir de eso su vida cobró un sentido distinto. Seguía funcionando como cualquier persona normal, por las mañanas salía al trabajo y cumplía con sus obligaciones, pero la mayor parte del tiempo la pasaba disperso, observando sobre su escritorio ese par de lentillas que le causaban tanta curiosidad y al mismo tiempo fascinación.

No había vuelto a usarlas desde el incidente ocurrido en el bazar; y aunque moría de ganas de experimentar, decidió esperar hasta que el fin de semana llegara de nuevo, y con ello la posibilidad de tener todo el tiempo del mundo para poder averiguar ¿cuál era el verdadero funcionamiento de aquellos lentes?

Así se le esfumó la mayor parte del Sábado, esperando desde el balcón a que como todos los días Valeria apareciera y casi se consumió entre la desesperación por no verla y una caja y media de cigarrillos que marcaron el lapso de tiempo en el que casi se dio por vencido y se auto convenció de que ella -quizá por ese día- no iba a aparecer.

Cuando apagó la última colilla de cigarro que ya no le supo a nada y marcaba el tiempo límite en el que había decidido permanecer esperando; un auto apareció de pronto, y desde la avenida desvió su camino, para llegar a detenerse justo en el punto medio de la calle donde se ubicaba la casa de las macetas en forma de rana.

Tal como Mauro lo supuso, en ese vehículo viajaban Valeria y su novio, quienes probablemente por ser fin de semana regresaron por poco tiempo hasta la casa de la abuela, tan sólo para recoger algo y volverse a ir. Mauro experimentó entonces como el sonido de su sangre circulando por sus venas se hacía perfectamente perceptible a sus oídos (a pesar de los ruidos provenientes de la calle); mientra al mismo tiempo una sensación de un calor, acompañado por una especie de malestar que no era dolor, pero podía sentirlo en la boca de estómago; lo puso de un ánimo irritable; porque apesar de que Valeria ni siquiera lo conocía, Mauro no soportaba la idea de verla con alguien más que no fuera él.

Ese estado iracundo, bloqueó de momento todos sus pensamientos, y hasta se olvidó del propósito que tenía.  Durante el lapso de tiempo que Valeria permaneció adentro de su casa, desde el balcón él se dedicó a observar con mirada fulminante al novio, que esperaba afuera, recargado sobre el auto.


Cuando la puerta se abrió y Mauro anticipó una nueva sensación de dolor, propiciada por la idea de tener que presenciar como se iban juntos; en ese instante se dejó caer derrotado sobre el pequeño sillón que tenía en el exterior pegado al balcón; y fue ahí cuando reparó de nuevo en la presencia de las gafas raras y antiguas y el propósito que lo tenía ahí.

El impulso fue espontáneo y no perdió ni un minuto; las colocó de nuevo sobre su cara y de inmediato observó con ellas en dirección hacia la casa de Valeria y lo que descubrió entonces lo sorprendió.

El auto estaba, y Valeria también, pero su joven rival había desaparecido por completo... ¡No lo podía creer! y casi se fue de espaldas, cuando de pronto, sin que tampoco lo esperara, Valeria alzó la vista en dirección hacia donde Mauro se encontraba y desde ese punto, justo antes de subir al auto, ella le sonrió...

Impactado, retrocedió de golpe y casi derriba la maceta que minutos antes había usado como cenicero, cuando de forma abrupta se despojó de los lentes; y así sin recobrar el aliento todavía por la impresión recibida; Mauro se aventuró a asomarse de nuevo para descubrir que sería ahora lo que vería.

Al otro lado de la calle y sin las gafas, las cosas seguían siendo tan normales como siempre; y desde ese punto Mauro pudo presenciar como el auto arrancaba de nuevo con Valeria y su novio en el interior.

No lo pensó dos veces, tomó las gafas y de inmediato corrió por sus llaves y bajó lo más rápido que pudo para ir tras ellos en su propio auto.

Al principio le resultó un poco difícil alcanzarlos en medio del tráfico; pero la tenacidad siempre tiene su recompensa, y después de unos minutos logró darles alcance, sin que ellos sospecharan que alguien les seguía la pista en el camino.

Mauro se colocó de nuevo las gafas mientras manejaba; y cada vez que veía en dirección hacia el auto de Valeria, descubría que quien iba al volante ya no era su rival de amores, sino únicamente ella, junto a él.

¿Qué estaba pasando y que extraño poder tenían aquellos espejuelos?... Muchas preguntas como esta comenzaron a amontonarse en su mente mientras conducía sin despojarse de ellas y entonces comprendió que quizá el cristal con el que se habían fabricado esas extrañas gafas; al ser un objeto antiguo, era muy probable que tuviera el poder de proyectar (en quien los llevara puestos), imágenes a futuro.


Durante toda esa tarde los siguió, pero ya no le causó dolor saber que estaban juntos, porque aquellos lentes que no eran otra cosa más que un Cronovisor antiguo, le proyectaron una realidad alterna en la que él formaba parte importante de la vida de aquella chica, para la cual -en realidad- él era un desconocido.

A través del cristal delantero, empañado por la lluvia, pudo ver -aunque suene contradictorio- reflejada de la forma más clara, una vida que ni en sueños Mauro habría imaginado, y lo hizo muy feliz, saber que fue él quien estuvo ahí, a las afueras de la ciudad, disfrutando de la naturaleza y haciendo planes para una vida a futuro.

El camino de regreso fue también como de ensueño, y volvió hasta su casa ya bien entrada la madrugada y tras despedirse de Valeria, al entrar a su casa, exhausto se dejó caer en la cama.

No supo cuanto tiempo durmió, pero despertar fue aún más desconcertante, porque cuando abrió los ojos, Mauro había perdido la noción del tiempo y le sorprendió todavía más descubrir todo dispuesto de una manera diferente en su departamento.

Se incorporó sobre la cama y ahora todo a su alrededor era distinto y más cálido. Hasta su ropa de dormir y las sábanas y edredones que vestían el colchón, tenían un toque femenino. Las paredes estaban llenas de cuadros con fotografías similares a las que él tomaba en la clandestinidad, pero en las que por una extraña razón ahora no eran prohibidas y él también aparecía, y aunque no sabía si ese momento presente que vivía era parte de un sueño o alucinación, quiso disfrutarlo al máximo, porque estaba seguro que Valeria en cualquier momento aparecería y esta vez, para estar más cerca de lo que tal vez un día imaginó. 

No se equivocó, pues al voltear de modo instintivo hacia la portezuela de madera con cristales que iba a dar hacia el balcón, la transparencia de la tela de las cortinas, le reveló una silueta femenina que conocía a la perfección. Era ella, quien al sentirse descubierta, apoyada desde el balcón le sonreía, y sin necesidad de ninguna palabra le hizo saber que su deseo era que la alcanzara para quedarse junto con ella ahí.

Mauro no cedió. En el fondo se moría de ganas de correr a abrazarla; pero sabía que aquella realidad alterna no sería para siempre y esperó a que fuera ella quien a esa hora de la madrugada lo alcanzara y con un beso le hiciera saber que hasta el instante en que sus ojos perdieran la visión del momento presente, era su deseo también quedarse junto a él.

A partir de ahí todo fue distinto. Cuando la mañana volvió, a Mauro ya no le importó nada más en lo absoluto que vivir para observar a través del Cronovisor todo lo que podría ser su vida  junto a ella.

La seguía a todas partes y durante las 24 horas del día. Ya daba lo mismo si salía sola o acompañada; pues bastaba que su visión fuera cubierta al frente por los cristales en color morado y azul, para que su percepción de la realidad fuera lo que él deseaba cada vez más que fuera su vida de modo permanente.

Cuando el día terminaba y volvía a su casa; el asunto no era tan diferente del todo. No sabía si era el efecto de permanecer tanto tiempo con las gafas puestas o su obsesión desmedida, la que estando en solitario lo hacía ver cosas que lo desconcertaban.

Había noches en que Valeria estaba con él, y la veía recargada en su hombro en las madrugadas en las que la confusión le robaba el sueño y lo mantenía despierto hasta tarde. Otras veces se veía proyectado a él mismo de muchas maneras en su propio espacio. Podía despertar de repente y mirarse sentado sobre el extremo de la cama, pero al mismo tiempo como si la dimensión de espacio y tiempo se fundiera en una misma, podía observar a muchas otras figuras de él mismo, en esa misma habitación haciendo diferentes cosas.

Todo eso era tan confuso, que el efecto del Cronovisor comenzó a enloquecerlo. Sabía que esa realidad "irreal", en la que perdió la cuenta de cuánto tiempo llevaba inmerso, no podía ser buena, pero tampoco estaba dispuesto a renunciar a algo que ahora tenía al alcance de su mano y en otro tiempo solamente imaginó. 

Esa obnubilación y su deseo obsesivo lo llevaron a bajar la guardia y cometer errores que lo delataron. Estando en una ocasión en el mismo café que Valeria y su novio; la ansiedad y el cansancio provocado por la falta de sueño dieron pie a que fuera descubierto. 

El novio de Valeria ya había notado desde hacía varios días que alguien los observaba muy de cerca, y aunque no quiso comentar nada con su novia para no alarmarla. Esa tarde en el café, descubrió, estando ellos dos desde la barra, que el tipo sentado en la mesa de fondo frente al gran ventanal que asomaba a la calle, era quien los había estado siguiendo.

De no haber sido así, la gran cantidad de proyecciones a futuro, mezclada con el presente real, hubiera propiciado que por un caos generado por las leyes de la física y del equilibrio entre espacio y tiempo, la realidad alterna y la que sigue el curso normal de las cosas se conflictuaran en algún punto, propiciando que cada vez que Mauro se colocara el Cronovisor, los papeles se invirtieran y de ser ahora él la pareja de Valeria, el novio de siempre, se convirtiera ahora en el desconocido que ahora los perseguía.

Mauro cometió otro error garrafal. Durante la percepción de su presente idealizado; y en un afán de no perder lo que tenía, decidió un día compartir su secreto con Valeria y mostrarle como se veía el mundo a través de los cristales especiales de ese antiguo artefacto, que ahora sabía podía ser peligroso si caía en manos de alguien que le diera un mal uso.

Por ser Mauro quien energetizó los lentes usándolos la mayor parte del tiempo, la percepción de Valeria fue prácticamente la misma y compartieron la misma visión del futuro juntos. Pero aquella tarde en el café del barrio antiguo, todas las visiones confluyeron en un mismo punto.

El lugar estaba a reventar y entre la gente que iba y venía buscando mesa a paso muy lento, desde la barra y junto a Valeria, ahora era Mauro quien estaba junto a ella y confiado, decidió sin temor alguno dejarla sola un momento para ir a pedir algo al otro extremo de la barra, dejando en custodia de Valeria las gafas de Cronovisor.

Fue así, como concentrada, observando a través del cristal que frente a la barra reflejaba todo cuanto se ubicaba a espaldas de ella, Valeria descubrió a un hombre joven en la mesa de frente, y aunque no lo conocía, algo en su interior se estremeció, porque su rostro le resultó demasiado familiar.

No le pudo quitar la vista de encima, y algo en su interior se estremeció. No hubo necesidad de palabras entre ellos; y bastó un leve cruce de miradas, seguido de una sonrisa que los dos esbozaron al mismo tiempo para darse cuenta de que esa afinidad era mutua.

El diálogo silencioso entre ellos hubiera podido seguir, pero se vio interrumpido de golpe por Mauro, quien desde el extremo opuesto del café presenció todo y decidido a actuar con rapidez, pero al mismo tiempo en forma disimulada, volvió hasta el lugar donde estaba Valeria y la convenció de que se alejaran de ahí.

El joven ahora desconocido, sin perder tiempo salió también tras ellos; y Mauro, disimulando no haberse dado cuenta de lo sucedido y las posibles consecuencias, apresuró el paso junto a Valeria escudándose en algún pretexto absurdo, sin darse cuenta de que al envolverla con uno de sus brazos para poder hablarle al oído; de su bolsillo cayeron sin quererlo las gafas de extraño diseño.

Al joven desconocido, ese detalle no le pasó por alto; y sin preocuparse ya por si los perdía o no de vista, comenzó a caminar mucho más lento, todo con la intención de apoderarse de los antiguos espejuelos que tirados sobre el suelo, tenían ya uno de los cristales hecho pedazos.

Mauro y Valeria no se dieron cuenta, lograron escabullirse y perderse entre las calles. Mientras que por su parte, el desconocido, ahora con el Cronovisor en su poder, se dedicó a observar con las gafas rotas y puestas las distintas percepciones que ahora ese objeto le ofrecia.

A diferencia de cuando el Cronovisor estuvo en poder de Mauro, él ya no se dedicó a perseguirlos; pues bastó que coincidiera una vez con ellos y los observara tan sólo por un instante desde una calle contigua a escasos metros de distancia, para darse cuenta de que todo cuanto se proyectaba delante del único cristal que todavía servía, era efímero e irreal.

Fue eso lo que lo animó a aventurarse a pasar delante de ellos. A medida que se iba acercando, entrecerró el ojo izquierdo, para observar con el que quedaba cubierto con el único cristal que sobrevivió al golpe provocado por la caída desde el bolsillo del saco de Mauro; que tal como lo supuso, ahora estaban de nuevo juntos él y su novia, como originalmente fue. En el instante en que se cruzaron frente a frente; era Mauro quien iba al lado de Valeria e inseguro, la abrazó con más fuerza para quizá de un modo inconsciente  denotar que sólo le pertenecía a él. 

Aquella acción no le incomodó para nada a aquel hombre desconocido; al contrario, se quedó de pie en ese punto con los anteojos de vidrio quebrado puestos, mientras los miraba alejarse sobre el mismo lado de la calle, y no pudo evitar sonreír cuando Valeria, disimuladamente y antes de dar vuelta, volteó en dirección hacia donde él se encontraba para cerciorarse de que todavía seguía ahí.

Él le sonrió y pudo ver como se sonrojaba antes de que pudiera perderse su silueta luego de doblar en la esquina contraria de la calle, que estaba ya a unos cuantos pasos. Cuando eso sucedió, el joven que durante tanto tiempo los persiguió, tuvo la certeza entonces de que nada de eso tenía ya ningún sentido. Entonces comenzó a caminar en dirección contraria a ellos y en el primer recipiente de basura que encontró, dejó tirados aquellos extraños lentes que para él ya no tenían ninguna utilidad... 

El futuro estaba escrito y sonrió al pensar que él y Valeria, en algún punto y tiempo volverían a encontrarse...   

Comentarios

Martuchis dijo…
Nota Importante:

No quise ponerlo en el post, ya para no hacerlo más largo, pero esta historia (con un poco más de detalle), es la adaptación de la visualización que yo propuse para el video de la canción de Benny "Perder para Encontrar".

Todas las propuesta que se hicieron en la productora fueron muy buenas. Yo no sé si la mía lo sea, pero me gustó mucho trabajar en esto, fue padre para mi escribir una historia mas "oscura" que fue uno de los parámetros que nos pidieron y pues bueno, el resultado aquí está, yo lo quise compartir en este espacio donde siempre juego a imaginar.

Gracias a todos por seguir pasando por el blog.

¡Hasta mañana!
Vane dijo…
A mí me gustó mucho esta historia, porque como dije en el post anterior, estos textos llenos de misterio que por momentos parece que ya descubriste lo que pasaba, al siguiente párrafo todo se da vuelta.

Creo que lo entendí y creo que no, y me encanta, porque ahora cuando termine de comentar me queda ese sabor a duda que me tendrá pensando un buen rato en esto, y que cada una de mis teorías se pierdan al volver a encontrar una nueva para darle mi propia óptica a la historia.

Muy, muy original y oscuro como vos lo dijiste porque el tema de las obsesiones es realmente espantoso, y vivir con eso puede arruinarte la vida o provocarte un serio trastorno emocional.

Si este fuera el tema del video de la canción de Benny tal vez me hubiera gustado, o sea, la canción en si no me gustó pero los videos a veces te atrapan y eso lo hubieras logrado con un video como este.

Felicidades y seguramente creo que tu historia estuvo dentro de las más interesantes.
Martuchis dijo…
VANE:

Gracias por pasar tan temprano, fue algo lindo despertar y que el chismosito del iPod me dijera que había un comentario tuyo.

Por otro lado, sabes que las visualizaciones son de las cosas que más me gustan hacer, no sé si en el futuro siga haciendo ese tipo de cosas a nivel profesional, pero a nivel blog sí. Mi guión no quedó, pero me metí tanto en la historia y estuve pensando nada más en eso durante días, que dije ¿Por qué no adaptarlo para el blog?

Bueno, ya basta de tanto rollo. Gracias por tu comentario y por pasar.