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50 Días (Día 5).


Hoy fue mi cumpleaños y tuve el día libre. Yo siempre he dicho que lo más padre de festejar un año más de vida, es que ese tipo de fechas sirven para darte cuenta para quienes eres realmente importante, y en mi caso, hoy se acordaron de mí sólo las personas que tenían que estar (bueno, sólo una persona de la que no lo esperaba y nunca me habría imaginado, me buscó hoy después de tanto tiempo, pero me saca de onda eso, porque yo no quiero partir de nuevo desde el pasado). Si eso implica una oportunidad, ojalá que lo sea, pero para dejar de una vez por todas el pasado atrás... Tal vez soy demasiado soñadora e idealista, y aunque yo sé que las personas cambian, yo lo que quiero es ser una mujer distinta que no cometa los mismos errores de antes, y sobre todo sea digna de estar para siempre en la vida de alguien que valga la pena. Eso es lo que yo quiero para mi.  

Lo más lindo de este día fue: Poder ver a la distancia la sonrisa de alguien a quien adoro con el alma; y por la mañana, una anécdota que quiero compartir aquí, porque aunque se trata de algo muy simple, a mi me llena el corazón. 

Este Viernes mi madre y yo salimos de casa para realizar algunas cosas, y hubo un punto en que para poder llegar al lugar a donde íbamos, había que cruzar una calle muy transitada. No sé por qué razón, con el paso de los años, a mi mamá esa es una de las cosas que más le atemorizan (yo pienso que eso se debe a que rara vez lo hace); pero conmigo siempre se aventura, porque además de que yo siempre la cuido, –puesto que tampoco puede caminar ya muy de prisa- le tengo mucha paciencia, y para que no sienta miedo, trato de que siempre se distraiga. Pero hoy, al igual que muchas otras veces ya lo he hecho, para que tuviera confianza al cruzar por esa avenida, la tomé de la mano igual que ella lo hacía conmigo cuando yo era niña. 

Siempre que hago eso, lo primero que viene a mi mente es la imagen de nosotras dos, saliendo del hospital donde yo nací (hace mil años), y que era el mismo a donde desde siempre, mis papás nos llevaban a revisiones médicas. Cuando por alguna razón yo estaba enferma y mi papá por su trabajo no podía llevarnos en su auto; mi mamá dejaba en casa a mis otros dos hermanos y me llevaba al hospital. Al salir de ahí, siempre había que cruzar una calle donde enfrente había un pequeño restaurante donde mi mamá siempre me compraba algo; pero me acuerdo que yo tendría unos 4 ó 5 años y antes de atravesar la calle, yo apretaba con mi pequeña mano (en ese entonces), dos de los deditos de la mano de mi madre, y eso era suficiente para que yo me sintiera segura al cruzar. 

Ella nunca me lo dice, pero sé que recuerda muy bien eso… Y ahora que los años han pasado, en las pocas veces que hemos tenido que cruzar de un extremo a otro de la calle para llegar a algún sitio –como pasó el día hoy- los papeles se han invertido, y ahora quien la lleva de la mano para que se sienta segura al cruzar la calle, soy yo. 

Detalles tan simples como ese, me llenan y me estremecen al mismo tiempo el corazón, porque me hacen pensar de modo inevitable en los años venideros, en que tengo mucha suerte de que mi madre aún esté (a pesar de lo frágil que es), y que más que nada por eso, yo quiero estar ahí para ella, para cuidarla con la misma paciencia y dedicación que tuvo no sólo para mí. 

Ahora que los años han pasado, ese tipo de salidas (que yo trato de que sean lo más frecuentes posibles), son muy distintas, porque siento que mi mamá logra verme como algo más allá de su única hija mujer; y porque en cierto modo le he compartido cosas que por alguna razón ella no conoció de joven, y ahora le gustan: como la magia del teatro, la emoción de los conciertos, lo mucho que se disfrutan los “chuchulucos”, viendo una película que también ella haya elegido; o cuando simplemente salimos a romper con la rutina desde la mesa de un café. 

Ojalá la vida me brinde la oportunidad de poderle dar y regalarle más momentos simples como los que ya hemos compartido, pues finalmente es gracias a ella que yo estoy aquí. 

Eso fue lo mejor del día de hoy… Sigo aquí sumando días… Gracias Dios, por otro año más.

Comentarios

Claudia Monica dijo…
Marthita

Las mamas son lo mejor!!!

Yo ahora que soy mama recuerdo y valoro mucho mas el esfuerzo que hizo y el amor que me tuvo.
La quiero con toda el alma y la extraño mucho...
Pero se que desde donde esta nos vigila y nos cuida , sobre todo, estar al pendiente de mi querubis.

Que bonito que puedas darle a tu mama estos momentos tan lindos.
Martuchis dijo…
CLAU:
Yo creo que tu mamá está más pendiente de ti y de Melissa de lo que te imaginas. Esa niña llegó aquí con un ángel impresionante, te desarma hasta cuando sonríe.

Yo todos los días trato de valorar a mi mamá, y espero poder recompensarle en vida mucho de lo que ella me ha dado a mi... Y ya mejor le paro porque si no empiezo de "sensitive".

Gracias por pasar mi chava.