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50 Días (Día 28).

Mis días están llenos de música, de canciones que cada mañana me acompañan en el camino y me hacen visualizar y pensar todo de una manera diferente.

Mis días rutinarios y mi camino de siempre, se transforman con sonidos que en mi cabeza y en mi alma van tejiendo historias, bordadas con los hilos de los sueños. A veces incluso me puedo desprender del disfraz que llevo puesto yo misma, y me puedo ver desde el otro extremo de la calle, como una mujer que a diferencia de las demás personas, al iniciar el día no tiene ninguna prisa, y en lugar de preocuparse por los pendientes de "a diario", va pensando en postales imaginarias, en cuentos no escritos, en suspiros que se anticipan en el tiempo, mientras a la vez va soñando con la mirada en el cielo y los pies bien cimentados sobre la tierra.

Quizá hoy no tenga un destinatario a quien escribirle una carta, ni tampoco un número de teléfono a donde llamar. Tampoco sé si existirá algún día alguien a quien contarle de los atardeceres pintados en color naranja, de las conversaciones que expresan más en silencio, y de las canciones que acortan el camino al final del día.

Hoy es sólo un día más que se pierde en la suma de tantos, o puede ser uno menos en la cuenta regresiva y de camino hacia el lugar o la vida en la que debo en verdad estar.

Sin temor y sin tristeza, y sin saber bien por dónde es, ya voy de camino hacia allí.

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