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50 Días (Día 30).


Pregunté como todos los días: ¿Estás ahí?... La respuesta fue "Sí" y en mi interior se dibujó una sonrisa porque encontré el cómplice perfecto para no echar por la borda un día en que todo mundo estuvo enojado, en todos lados había problemas y en el que tampoco yo le pude ser útil a nadie ni regalé nada de mi que alguien más se pudiera guardar en el corazón.

Pero hoy yo no quería hablarle de eso... Así que simplemente me fui a caminar pensando en que en mi camino siempre está a pesar de que para mis ojos no sea visible.

Por primera vez no le cargué el peso de mi mochila ni tampoco lo atropellé con preguntas formuladas con la voz del pensamiento, por la simple y sencilla razón de que hoy NO tenía ganas de hablarle de las cosas que me duelen, porque a final de cuentas: ¿qué cosa le puedo decir que ÉL no sepa ya?

Y me regaló una tarde maravillosa de pasos largos y sin prisa observando a los rayos solares pintar los contornos de los edificios de color amarillo; y la proyección a futuro de pensar, hasta casi convencerme, de que todas esas caminatas largas atravesando cuadras y cuadras quizá son una especie de preparación para cuando me toque recorrer Italia con mis propios pies.

La verdad no sé cuando falte para eso... No sé en que día ni en que año, pero ese es un sueño pendiente escrito en la lista de cosas por hacer.

Eso fue lo mejor y lo único de este día; una pequeña parte al final del Lunes con sabor a "Elote con chile", y que salvó un día más de vida de ser uno gris.

¡Hasta Mañana!

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