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50 Días (Día 35).


...Y me gasto los primeros días del mes de Junio, buscando en el camino todo lo que valga la pena; mientras la vida con sus matices y el tiempo con su premura, de repente se descuidan, es cuando yo aprovecho para robarme pedazos de historias que encuentro en la calle... Suspiros que hasta ahora sólo me produce gente que ni siquiera conozco, pero la siento tan cerca, porque escribió algo mágico entre las páginas de un libro, que me movió por dentro.

También los encuentro entre los atardeceres y amaneceres que voy fotografiando cada día con mi mente, y que por muy cansada que esté, siempre hacen que mi corazón se haga más grande si respiro profundo (me gusta cuando despierto, y lo siento así).

Tanto tiempo en silencio a veces me desconcierta, pero en el camino aprovecho también para soltar al viento tantas preguntas que tengo.

Y le saco la vuelta a la soledad, y a veces, hasta logro entretenerla contándole los bosquejos de las historias que aún imagino, pero me muero ya por escribir.

Cada tarde, al pasar por el museo, me reprendo a mi misma por no llevar en la mochila mi cámara, y le digo a quien sólo me escucha en silencio y con la voz del pensamiento, que adentro de ese lugar (y tanto como en mi mente); hay todavía una historia de fantasmas inconclusa que me fascina escribir; pero que en este momento el tiempo se interpone y no me permite llevar hasta la recta final.

Me alejo de ahí, y mientras camino sin prisa entre la gente, pienso en que nunca cargo nada que sea realmente valioso, más allá de los detalles que son simbólicos y alguien especial me regaló en otro tiempo; además de todo cuanto llevo en el corazón.


La fe no es algo que se materialice tan fácil, y la mía desde hace apenas muy poco va en forma de pequeñas bolitas de madera atadas a un cordel. De ese también pende una moneda con símbolos para la buena fortuna; y mientras sigo acumulando pasos sin pretenderlo, pienso: ¿Y si a mi me sirviera para buscar y recordar 19 milagros sería lo mismo?...

Tal vez algún día pueda contar la historia de alguien más libre y menos esclavo de sus emociones y sus apegos... Una leyenda mágica contada en otro tiempo, que en un país distante y prohibido hable de la fe que acompaña a cualquier lugar donde se vaya y se mire.... Esa que se va bordando con paciencia en forma de oraciones y mantras que se contabilizan a través de ese "mala" (rosario budista).

Yo aún no puedo aspirar a tanto, mi camino apenas aquí empieza; y mientras los días de Junio avanzan, intento aprender de todo lo que vivo y veo... Si encuentro esos 19 milagros ya habrá tiempo para hablarlo y escribirlo aquí.

Gracias por todo lo que recibí hoy.

Comentarios

Vane dijo…
De verdad no cargás nada valioso???
Con sólo mirar una de tus manos, darla vuelta de un lado al otro varias veces ahí tenes un milagro, hay millones que no pueden mover la mano.

Espero que el budismo te haga dar cuenta del real sentido y dimensión que puede haber con el simple y maravilloso acto de mover tus manos, o al girar la cabeza puedas encontrarte con algo tan maravilloso y poder verlo!!!!!

En mi humilde opinión ahí tenes un ejercicio y un milagro