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"Juan".


Mucho tiempo después de que él se fue, quedó sólo un cuadro en la pared de una casa que ni siquiera era la suya.

Un óleo sobre tela, enmarcado en madera, bordeando los 4 extremos; y que resguardaba una imagen de olas embravecidas en algún punto distante del mar.

Para alguien con muy pocos días vividos y mucha imaginación, ese cuadro, podía esconder tras esas aguas color turquesa, los más temibles peces de dura y reluciente dentadura afilada, así como moluscos gigantes y pulpos con tentáculos de alcances infinitos...

En cambio, para alguien con mucho camino andado y con la capacidad para posar sus ojos en donde nadie mira, no hubiera sido nada difícil descubrir, que quizá en ese cuadro, Juan plasmó con gran nitidez lo que nadie supo ver de él.

Al igual que las olas de su pintura, Juan era un hombre muy inquieto que no sabía, ni podía permanecer tranquilo en un mismo lugar y sin estar haciendo nada durante mucho tiempo.

Sibarita por elección, amaba la música, el vino, la buena mesa y el arte... La diplomacia de las buenas maneras, además de la armonía que se encuentra implícita entre lo estético y lo bello... Su sueño dorado era algún día aventurarse a cruzar el océano, para llegar hasta la madre patria y cantar quizá como lo haría todo un churumbel español.

Ese era el plan perfecto que en su corazón renacía, cada vez que el viejo tocadiscos se convertía en un boleto de acceso al futuro... Un futuro que surgía de las ondas sonoras emitidas por el contacto de una aguja deslizándose a 33 revoluciones, sobre zurcos grabados en un pedazo oscuro y redondeado de vinil.

Cada vez que eso sucedía, su espíritu, a los sueños les ponía voz y sonido... Era algo mágico ver como Juan se olvidaba del mundo, y podía ser capaz de desprenderse de aquel hombre inflexible e impecablemente vestido que siempre era; para con una simple camisa de algodón y unos jeans gastados, convertirse quizá por un instante, en lo que tal vez en realidad (por dentro), siempre quiso ser él.

Su vida personal, más allá de lo que todo mundo conocía, siempre fue un indescifrable misterio. Juan era el hermano, el hijo y el amigo perfecto. Un tipo de carácter fuerte, pero agradablemente cordial en sus maneras y en su trato; acostumbrado a llamar a las cosas por su nombre; mientras en contraste, su espíritu inflexible, aplicado hasta el cansancio en los detalles más minuciosos de su personalidad; hablaba ya, de un hombre quizá demasiado rígido con él mismo.

Él era un buen hombre... Responsable, educado, y su excesiva formalidad estaba cimentada en el hecho de que se formó bajo un régimen familiar demasiado estricto y lleno de prejuicios... Para su familia nadie estaba "a su altura"... Y aunque ese criterio nadie supo nunca, si él también lo compartía, quizá si fue lo que de manera inconsciente provocó que por timidez o muy probablemente por evitarse conflictos con su familia, nunca se acercara a nadie... Tan sólo una vez, alguien tocó su corazón por dentro, y tuvo miedo no sólo de decirlo... Desistió también mucho antes de arriesgarse e intentarlo.

Eso era lo que en apariencia, a primera vista sobre Juan se percibía. Pero ese era tan sólo el disfraz que mostraba a todos, y tal vez ocultó siempre lo que en realidad era su esencia... Era tal vez, como si sobre su verdadero rostro llevara impuesta una doble máscara...

Una con la imagen de todo lo que su familia esperaba que él fuera; y otra, con los rasgos dibujados de el hombre que la sociedad y los convencionalismos propios de su época indicaran era lo correcto... Pero lo correcto, tantas veces sobrepasa a lo verdadero; que llegó un día, en que al mirarse frente al espejo, Juan ya no se reconocía a si mismo; terminó por acostumbrarse a eso que todos veían... A creer que los espejismos y las apariencias se pueden tocar con los dedos, y que la mentira, en algún punto, se convierte en verdad.

Vivió tanto por los demás, que se olvidó para siempre de él mismo... Todo lo que ahorró e invirtió para alcanzar sus sueños, al final lo terminó perdiendo, porque las urgencias y necesidades de quienes lo rodeaban siempre fueron mucho más importantes que las propias...

Juan nunca tuvo una familia, tal vez porque se dio cuenta mucho antes de que se le fuera la juventud y la vida, que en realidad eso no fue lo que él quería... O porque era muy probable que en el tiempo cuando él vivió, la sociedad no veía con buenos ojos el concepto tan ambiguo que sobre la felicidad Juan tenía... Y era tan aberrante el sólo hecho de pensarlo, que quizá por eso él terminó por resignarse a cargar para siempre con esa doble identidad que terminó adherida a su piel... Se acostumbró a ser lo que todos esperaron siempre que fuera, y experimentando por instantes muy breves y a través de las pequeñas cosas que disfrutaba, de lo que en realidad era ser él.

... Si Juan hubiera nacido en otro tiempo y hubiera sido educado por otra familia: ¿Habría logrado ser realmente libre?... La respuesta es incierta, pero no es difícil imaginar la posibilidad de que si las circunstancias hubieran sido distintas, quizá él hubiera sido un hombre más completo y hasta tal vez un artista...

Tal vez no viviría en España (como fue su sueño nunca realizado); pero tal vez los años que vivió, se los habría ganado a través de algo relacionado con la música, y sus cuadros pintados al óleo, las litografías, esculturas y dibujos hechos a mano, habrían llenado las salas de una galería de arte, y no los rincones de un pequeño estudio improvisado en la parte trasera de su casa, junto al garage que resguardaba un vocho descompuesto, y un montón de objetos, que al igual que su arte, con el tiempo se transformaron en "tiliches" en desuso.

Tal vez su talento como chef y las conversaciones tan interesantes, resultado de su vasta experiencia y cultura, habrían servido para construir los momentos que conforman una vida en la que quizá (si él mismo no hubiera tenido tantos prejuicios), podría haber amado a alguien de la manera que él esperaba.

La verdadera esencia de su corazón para todos siempre fue un misterio, y a tantos años de distancia de su paso por aquí, es un secreto a voces y una constante pregunta en el aire, saber si en realidad fue feliz. Si su cuadro sobre el mar era una representación abstracta de las noches y los días en que nadie supo de sus dudas, y de las cosas que en realidad él llevaba en su corazón.

En la pared se quedó su cuadro... De todas las cosas que él creó con sus manos no se sabe bien a dónde fueron a parar, porque con el tiempo, su pequeño rincón fue desmantelado para convertirse en el futuro, (ahora convertido en presente), en habitaciones para una nueva generación de su familia.

A nivel material, de Juan no queda ya casi nada, y su recuerdo es muy probable que fuera de este relato, en unos cuantos años más desaparezca; porque todas las personas que a él fueron cercanas, ya son muy contadas... La enfermedad y el paso del tiempo han propiciado que la memoria de todo lo que él fue se deteriore y esté despareciendo poco a poco también.

Tal vez sea mejor así, tal vez ese sea el último paso que desde dónde esté, él necesite; para en otro tiempo y espacio muy ajenos y distantes a nosotros, volver a tener la oportunidad de vivir sin sentir miedo... Para en otra vida, ya no tener que plasmar en un lienzo todo lo que sentía y lo que siempre quiso ser.

*Crédito del cuadro que ilustra este post:
"Altamar" / Óleo sobre tela / Aut: Guillermo Velazquez.

Comentarios

Vane dijo…
Cuantos Juanes hay por ahí, no importa que ahora sean otros tiempos, quizás más modernos, muchas personas se ven en la necesidad de ocultarse, resguardarse para que nadie se burle, lo juzguen, y lo vean como un bicho raro, muchas veces ese tipo de persona tiene tanto, pero tanto que dar, que si alguien se detiene por un momento a observar, se habrá encontrado con un tesoro de ser humano.

Muy linda y triste tu historia, tal vez por eso me gustó.

Que tengas un lindo lunes!
Martuchis dijo…
VANE:
Este Juan era muy especial y siempre que pienso en él, varias cosas vienen a mi mente, la primera, que me gustaría haber sido mucho más grande para aprovechar y aprender mucho de Juan, y segundo, analizo mucho mi vida; y le pido a Dios, que me de valor para que independientemente de si tengo o no con quien compartirla, pueda ayudar o aportarle algo a alguien y sobre todo, aprenda a vivir con toda intensidad.

Ojalá que si Juan ya regresó a este mundo, pueda ser feliz de verdad.

Aunque el Lunes ya pasó, que tengas una linda semana tu también.