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Entre Sueños y Espejismos.

                                                                                       Dunas de Samalayuca, Edo, de Chih.
...El tiempo se agota, mientras camino por playas desiertas... Aunque hay prisa, me tomo un momento, para beberme el último trago de Fe.

Cuando abro los ojos, miro a mi alrededor y descubro que todo fue un espejismo, mi realidad es otra y estoy otra vez sola en el desierto... Busco en la mochila, pero no llevo nada que a cualquiera que encuentre en el camino pudiera interesarle; entonces sigo mi camino, cuento los pasos, y en el punto de latitud donde las coordenadas que ni yo misma descifro, coinciden, de cara al oriente escarbo en la arena y lo vuelvo a encontrar.

Con el soplo de un suspiro alejo la tenue capa de polvo que le ha quedado encima; y al tenerlo otra vez en mis manos, me doy cuenta que ha pasado otra estación más, sin que nadie lo haya encontrado.

No necesito abrirlo, pues sé muy bien lo que contiene... A pesar de que los rayos del sol son implacables y desquiciantemente envolventes; yo siento frío en el alma, mientras me siento con el cofre sobre las piernas y en medio de la arena.

Con tan sólo posar mi mano y percibir la textura de los grabados en la superficie de la tapa, aún con la vista encandilada por el exceso de luz, puedo recordar cada una de las cosas que hay en su interior.

Entre cuatro paredes ásperas de madera, está guardado el recuerdo de muchos besos que seguramente ya se evaporaron. La seguridad que no volví a encontrar jamás en otro lado y desapareció al desintegrarse un abrazo.

El aroma de una persona que ya no existe, la foto de un encuentro que tal vez se esfumó con el tiempo, dejando en blanco sólo un pedazo de papel fotográfico; así como todas las historias que todavía no escribí.

Sigo visualizando con los ojos a oscuras; y percibo con claridad que también están guardados el amor y la ternura, el relato de una historia para una madrugada a oscuras, que habla sobre el rastro de sangre que una mujer deja sobre la nieve; y el recuerdo de un amor fugaz de un hombre enamorado de una "bella durmiente" real, en el lapso de tiempo que dura el trayecto de un viaje en avión.

Aunque esas historias no las escribí yo, recuerdo que las guardé en dos trocitos de memoria; para compartirlas tal vez en una tarde de lluvia o al morir el verano para dar paso al otoño...

Pensar en eso me recuerda por inercia, que en todos estos años nunca he podido guardar en ese cofre, el sonido de hojas amarillas cuando dos personas juntas caminan sobre ellas...

                                                                                                                          Samalayuca, México.

Tampoco existen las marcas de dos pares de huellas sobre la playa; y ni siquiera intento mirar hacia atrás, porque de antemano sé que en ese desierto sólo encontraré dibujadas en la arena las marcas de los únicos pasos que trazaron mi camino para llegar hasta ahí.

Pero eso no importa ahora... Al final decido que sí, tengo que abrir el cofre... Para guardar en su interior el recuerdo de otro verano que se me fue completo sin gastarme las charlas de madrugada (para hablar de los sueños y los miedos); o las caminatas de ida y regreso bajo un cielo nublado y con lluvia, que hasta ahora nunca existió.

Al abrir esa caja de madera, y comprobar que todavía tiene todo lo que visualicé en forma imaginaria; recuerdo que tampoco es tan difícil abrirla... Tras dejar el contenido al descubierto, se evapora la esperanza de que algún viajero perdido cruce en ese instante y haga un alto en el camino, para preguntar sobre la historia que envuelve a cada uno de los objetos que resguarda en su interior.

Es curioso, pero pensar en eso ya no le duele al alma... Y aunque no sé si el calor de la resolana pueda hacer que del fondo más sombrío de ese cofre de madera se puedan evaporar los sentimientos más humanos y mezquinos; antes de volverla a enterrar, coloco un pedazo muy grande de ternura sin gastarse, para que preserve la esperanza de que sí... Eso tal vez un día sucederá.

No necesito dejar una marca, porque de antemano sé que el viento, con su eterna obsesión por ver siempre de modo distinto las capas de arena, se encargaría de borrarla... Pero eso ni siquiera me preocupa, porque la caja está enterrada de tal manera, que sólo un viajero no convencional, con una llave forjada con una mezcla de sensibilidad e intuición, y guiado por puro instinto, la podría encontrar.

Yo no sé si ese viajero exista... Si la brújula que indica el camino hasta allí, le falló durante una larga travesía desde tierras lejanas... Si entre sueños y espejismos, se olvidó de que el destino le tenía reservado un encuentro, y el tiempo de espera terminó por confundirlo al vaciarse el reloj de arena.

Mientras me alejo de ahí, para emprender el camino de regreso con destino hacia el mundo real donde todos los días existo; pienso: en que cuando el viaje de la tierra, alrededor del sol termine, de modo inevitable yo volveré otra vez hasta ese punto.

No será para encontrar esperanza en el sueño difuso que refleje la imagen de un hombre venido desde lejos y que haya descubierto el cofre, y me espere con él entre las manos.

Al beberme el último sorbo de Fe, entre las provisiones para el camino y un mapa, sólo me quedó realidad, y bajo esa perspectiva, los sueños son sólo alucinaciones extrañas que se entretejen y cobran vida, bajo el calor del desierto.

Por hoy, el tiempo se agota, la imaginación se evapora, y yo tengo que volver a abrir los ojos de nuevo al mundo real.

A veces, estando ahí, pienso en ese cofre, y sé que yo si recuerdo muy bien el camino de regreso que hasta el conduce... Me he acostumbrado ya a caminar con el corazón frío a temperaturas de 100° Farenheit; pero eso ya no importa tampoco; cuando la imaginación me hace saber, todo lo que he acumulado para llevar a guardar ahí.

Está la bitácora de viaje que narra la experiencia todavía no vivida, de alguien que se enfrascó en un viaje para ir al encuentro de un ser místico... Boletos en blanco que aseguran el pase de abordar con destino hacia encuentros que por ahora parecen imposibles; y también cada uno de los sueños que ya no guardaré en el cofre y he elegido mejor lanzar al aire, una vez que ya los haya gastado; para que se queden suspendidos en el cielo, junto a globos de colores, atados a un cordel.

Quizá esa podría ser la señal que algún día alguien mire desde lejos... La verdad no lo sé ahora ni me importa; pues tan sólo pienso en todas y cada una de las cosas que planeo ir recolectando, para guardar por siempre en esa caja.

Me llena el corazón saber que habrá conversaciones y letras que me llevarán a descubrir historias en un idioma nuevo...
La fotografía de unos zapatos amarillos llenos de polvo, luego de haber dejado marcado el camino recorrido en ciudades y lugares al otro lado del océano... Tantas cartas sin tiempo escritas de puño y letra; que siempre llevarán impreso en el sobre, la ubicación en el mapa de un pequeño país tan mágico, que queda en el sur.

Estará la descripción en letras, del sonido de campanas de la iglesia de San Marcos...
De postales escritas a la distancia para quienes en todos estos años se han hecho presentes en mi vida; así como la narración en palabras, de un viaje en globo, al atardecer.

También todos y cada uno de los pensamientos que por mi mente y mi alma pasen, al tocar la piel de un mamífero marino, o en el lapso de tiempo que dura un viaje a la tierra, cuando te lanzas (aunque con miedo y sin pensarlo) desde el cielo.

                                                                                                        aberrantbeauty ©

Las páginas del diario aún en blanco, para contarle lo que yo era a un ser pequeñito, que sólo Dios sabe si algún día existirá.

De eso y más llenaré el cofre en el presente... Entre sueños y espejismos tengo ya diseñada la ruta hacia el futuro... Sin importar si alguien lo encuentra o no, habrá tanta vida gastada y bien invertida ahí dentro, que el  destino pasará a otro plano, y no volverá a pesar nunca más.

Verano, 2011. 
*Inspirado en la película: "La Isla de Nim".

Comentarios

Boleyn dijo…
"Nunca he podido guardar en ese cofre, el sonido de hojas amarillas cuando dos personas juntas caminan sobre ellas..."

Uff... cuando lo logres, dime como lo hiciste =)
Martuchis dijo…
BOLEYN:
Yo creo que es muy, muy difícil, pero no imposible... Es cuestión sólo de encontrar alguien que perfile sus pasos en la misma dirección que tú...

Yo me he pasado la mayor parte de mi vida buscándolo... Y aunque ya no estoy muy segura de querer eso, no pierdo la esperanza de que la vida me sorprenda otra vez...

Gracias por pasar.
Martuchis dijo…
COMENTARIO POR ANTICIPADO PARA VANE:

Gracias por haberme pasado el enlace para ver esta película, la verdad la disfruté mucho y aunque me hubiera encantado verla contigo; te doy las gracias igual.

¡Un abrazo muy, muy grande!
Vane dijo…
Te anticipaste a mi comentario, si querías verla conmigo me hubiera avisado, yo no tengo problemas en ver películas que ya vi si me gustaron.
Lo importante acá es que te inspiró a escribir una historia más, y lo más importante aún es querer enfrascarse en algo, y que te den la oportunidad de hacerlo, no siempre las oportunidades llegan.
Martuchis dijo…
VANE:

Pos demasiado tarde, ni peks... De todos modos muchas muchas gracias por el enlace, la peli me encantó.

Sobre las oportunidades, es un rollo, y yo como siempre te deseo todo lo mejor de todo corazón.

Gracias por la peli y por pasar.