Ir al contenido principal

Bitácora de Viaje: Encuentro con el XIV Dalai Lama.



Después de que llegué al aeropuerto todo fue demasiado rápido... Eran ya más de las 11:00 de la mañana y la rueda de prensa estaba programada para las 2:00 de la tarde. Lo que estaba en mi cabeza en ese momento era determinar las distancias que tenía que cubrir de un lugar a otro.

Yo ya conocía más o menos la zona donde se encontraba el hotel donde iba a hospedarme, pero no tenía idea de cuánto tiempo me llevaría recorrer cada punto. Primero para llegar hasta el sitio de la ciudad donde me iba a encontrar con mi amigo Oscar (que fue quien me hizo favor de recoger mi gafete de prensa unos días antes); y de ahí hasta el lugar donde sería el primer encuentro oficial de los medios de comunicación acreditados para cubrir ese que seria el primer evento con Su Santidad.

Saliendo del aeropuerto el objetivo era ese: Dejar la maleta en el sitio donde me hospedaría, (pues quería evitar a toda costa tener que cargar la maleta o estarla cuidando durante la rueda de prensa);  luego pasar a buscar a mi amigo; y de ahí partir para cumplir con ese primer compromiso en esa ciudad.

Prácticamente volví a hacer el mismo recorrido que en diversas ocasiones he hecho ya con varios de mis amigos Faenzos, y en ese trayecto -que a mi siempre me parece que es como atravesar por un túnel del tiempo- entre que sales de la Terminal 1 a buscar un taxi; a la par de irle avisando por mensaje de texto a las personas que para mi son importantes de que estaba bien y ya había llegado; me acordé del primer recibimiento por parte de Oscar y Dora, -hace ya más de 10 años- y no pude evitar sonreír. 

Tuve suerte, porque llegando a la avenida de inmediato encontré libre un Taxi-Vocho, que me llevó al hotel muy rápido a pesar de que había tráfico. Como siempre, el taxista sacándome plática y las eternas preguntas de siempre: ¿Qué hace una mujer viajando sola? ¿Qué opina al respecto y dónde está el marido o novio que "aguantara" eso?, y otras cosas por el estilo, que sumados al mini-tour que los taxistas siempre te dan cuando ven que no eres de ahí, terminaron por agotar la distancia que separaba el aeropuerto del hotel.

El taxista llegó por otro rumbo, que me permitió ver desde lejos el lugar donde se encuentra Tlatelolco y la famosa Plaza de Las Tres Culturas, una zona histórica sin duda; además de un pequeño bar instalado en un edificio que hace más de un siglo fue una especie de convento; y a pesar de que el taxista estaba más desorientado que yo, (porque terminé por reconocer yo primero el rumbo donde estaba el hotel y me bajé del taxi antes de que siguiera dando vueltas), el paseo con tanto rodeo me sirvió, porque el chofer me explicó muy bien porque zonas podía caminar tranquilamente cuando ya se hiciera de noche y porque áreas no... (detalle que tendría muy en cuenta durante todo el tiempo que permanecí en el D.F).

Al llegar al hotel creo que la chava de la recepción me reconoció o al menos creo que mi cara le resultó conocida (3 años atrás yo estuve ahí y ella también); pero la bronca era que no había habitaciones disponibles hasta después de las 3 de la tarde...

Yo tenía un plan "B", por si pasaba eso. Días antes, elegí dos hoteles más por esa misma zona, pero la bronca en ese momento era que no tenía tiempo para salir a averiguar si quedaban cerca o muy lejos; así que le dije que no fuera mala onda y que no importaba que me diera la habitación hasta más tarde, sólo que me dejara guardar mis cosas mientras ahí. Mi plan era quedarme 5 días ahí hospedada y ese Viernes no iba a volver al hotel hasta en la noche.

En cuanto dije "5 días", la chava se acordó como por arte de magia, de que tenía una habitación ya disponible en la planta baja; así que en pocos minutos mi maleta ya estaba resguardada y yo ya iba ya con grabadora y cámara directo a buscar a Oscar.


Una noche antes, Oscar me había dicho que el lugar donde él trabajaba, quedaba muy cerca del hotel que yo había elegido. Caminando era menos de 15 minutos; así que cuando el reloj rebasó unos minutos después de  la 1:00 de la tarde, después de varios mensajes de texto, un par de llamadas y la espera de unos minutos, yo me encontré con ese buen amigo que conocí hace ya más de 10 años gracias a Pausini. 

Él estaba todavía en su horario de trabajo, y se escapó un ratito para entregarme mi acreditación. Yo no quería quitarle mucho tiempo, así que después de saludarlo y de medio hacer un plan para reunirnos al siguiente día, me explicó que el hotel donde sería la rueda de prensa estaba muy cerca del Four Season, el lugar donde vi por primera vez a Pausini y por ende estaba a poca distancia de ahí.

Yo sabía más o menos como llegar, pero la recomendación de él fue que tomara un pecero o cualquier taxi que me llevara hasta la puerta del lugar. Total, todavía estaba a muy buen tiempo, pero precisamente como era demasiado temprano yo quería echarle un vistazo a la ciudad, así que tomando como referencia esa calle -que no se ni como se llama- pero yo la empecé a llamar a partir de ahí "La Calle de Las Banderas", crucé la acera para saludar al Monumento de La Revolución (que quedaba justo enfrente del punto donde él y yo estábamos, y que por cierto, mi amigo me recomendó ir a dar una vuelta por ahí de noche), para luego de eso, perfilar ahora si, mis pasos con rumbo hacia La Avenida Paseo de La Reforma. 


Haber hecho eso, fue la mejor decisión que pude tomar, ya que la caminata me ayudó a terminar con los pocos nervios que me quedaban y recorrer una de las avenidas principales de la Ciudad de México. A la par de ir y reencontrarme con todos los recuerdos de esas primeras aventuras como fan; el camino me regaló también la posibilidad de descubrir y percibir una ciudad de México muy diferente a la que vi cuando estuve ahí por primera vez.


Lo primero que me llamó la atención fue ver pasar por una zona ya muy establecida de esa gran avenida, a varias personas de todas las edades y que iban desde ejecutivos con corbata hasta mamás con sus niños y chavos jóvenes a bordo de bicicletas de color rojo que eran todas iguales... Supuse que en algún lugar debían rentarlas, pero ya me daría a la tarea de averiguarlo; porque en ese momento tenía que seguir caminando... El caso es que la idea me pareció muy atrayente, al igual que me encantó esa primer percepción de seguridad y extrema vigilancia con que me recibió la capital del país.

A pesar de que yo iba caminando con toda la calma del mundo, llegué faltando todavía como 20 minutos para la hora establecida para que comenzara la rueda de prensa.
No me fue muy difícil llegar hasta ahí, porque a medida que avanzaba e iba buscando el número con que estaba marcado el domicilio del hotel, reconocí varios lugares de la zona; hasta que mis pasos se detuvieron frente a la fachada de un edificio muy alto y muy "nice", y por la gente que entraba y salía, así como por la seguridad que era evidente desde la entrada, no fue difícil suponer que ese era el famoso Hotel Marquis. 

Una vez adentro, el ambiente era de euforia y expectativa. En cuanto entré, lo primero que vi fue a un montón de fotógrafos y reporteros con gafetes idénticos al mío. Pregunté en la recepción: ¿en qué parte del hotel se encontraba el salón "Emperatriz"? y me dijeron que preguntara a unos empleados del hotel que estaban ahí cerca, porque al parecer había que registrarse antes para poder entrar a la conferencia de prensa.

Antes de dirigirme hacia allí y de meterme por un pasillo que no era, me dediqué a "bobear" un ratito y entre el montón de gente que iba y venía, mientras otros esperaban casi en la puerta principal para captar todas las imágenes desde el momento en que el Dalai Lama arribara; descubrí que había varios monjes budistas, que destacaban del resto de la gente por sus ropajes en colores rojos y amarillos...

Era muy curioso, porque todos ellos resaltaron de entre toda la gente que en su mayoría eran periodistas y reporteros, así como miembros de la comunidad budista en México. 
Vi a uno que llevaba unas flores, y otro de ellos me pareció muy conocido. Me acerqué para tomarle una foto, ya que me llamó la atención, que junto a él había otros dos monjes, y uno era demasiado joven. Si mucho tendría menos de 20 años y me pareció un detalle muy bonito que lo acompañaba también su mamá.

Lobsang Tonden.
Ya no pude tomar la foto, porque en ese momento ellos se pusieron de pie para saludar a unas personas y luego irse. Pero estando ya ahí muy cerca de ellos, descubrí que el que se me hizo conocido era nada más y nada menos que el Venerable Lobsang Tonden; un monje mexicano del que hacía apenas un par de meses había yo visto un video sobre introducción a la meditación en Youtube.

Era muy curioso porque además de que era la primera vez que me tocaba ver un monje budista tan de cerca, (y supuse que él era el maestro de los otros dos); de repente, me quedé ensimismada por unos minutos en la idea de que todos ellos contrastaban de una manera muy peculiar en ese lugar como ese.

A medida que los minutos avanzaban, la entrada y el lobby se llenaban más de gente, lo cual indicaba que la hora estaba cerca, y por eso decidí mejor entrar de una buena vez al salón donde sería la rueda de prensa.

El lobby conectaba con unas escaleras muy pequeñas que llevaban hacia el bar del hotel. En los extremos había varios sillones y mesitas como para estancia de los húespedes y enseguida un pasillo que conducía hacia  otra parte del hotel donde había una escalera mucho más grande y dos accesos a los costados que iban a dar a donde estaban los salones que se usan para recepción  y conferencias de ese hotel.
Yo supongo que por la escalera se podía llegar a las habitaciones, pero tampoco me interesaba averiguarlo; me fui siguiendo las indicaciones que me dieron y opté por el camino del lado derecho, para encontrarme al bajar unos cuantos escalones con una mesa de registro donde varias de las personas del Staff de Casa Tibet, tenían además de muchos gafetes de prensa, varios libros, discos compactos y otras cosas que conformaban el kit de prensa que le entregaban a cada persona de los medios que llegaba a registrarse.

Fue una sensación muy curiosa, cuando de entre la lista de los más de 200 medios de comunicación que se acreditaron, estaba ya el nombre de la revista Fijate Bien! En ese instante me acordé tanto de Irene Pinto y el trabajo de tantos años para que la revista, fuera de la zona fronteriza, lograra ser considerada como un medio impreso a la altura de los que están en la capital. Es en esos momentos cuando más presente tengo que todo lo que yo sé sobre mi carrera lo aprendí gracias a ella y eso además de que se agradece, no se olvida.


El Salón Emperatriz estaba a muy pocos metros de la mesa de registro, contiguo a un pequeño pasillo. Por una de las puertas de acceso, había una tarima, (yo calculo que como de 1 metro de alto); que fue el lugar que asignaron para todos los fotógrafos y camarógrafos de los distintos medios.
El salón era muy grande y había ya muchas sillas dispuestas para toda la gente de prensa, y la regla era que todos los reporteros podían utilizar esos lugares para tomar fotografías, siempre y cuando no fuera de pie, para evitar entorpecer el trabajo de los periodistas que estaban en la parte de atrás.


Yo estaba segura que el lugar se llenaría, una vez que el Dalai Lama llegara y todos los reporteros que estaban en en lobby y en la entrada ingresaran junto con él. Así que lo primero que hice fue irme a sentar para alcanzar un buen lugar en la segunda fila cercana al podium donde era evidente él estaría y donde habían ya dispuesto unos sillones pequeños, una mesita con bebidas y agua, así como una lona similar a las que usan en las áreas de prensa (como los Oscares y los premios MTV), donde el personaje en cuestión se queda unos minutos para que los medios tomen fotos sobre ese fondo.

Faltaban ya pocos minutos para que la rueda de prensa empezara, mucha gente entraba y salía, mientras que los organizadores movían de lugar los sillones, la lona, los micrófonos y todos los objetos que estaban arriba del pequeño escenario improvisado dentro del salón.

En la primer fila estaba un grupo de mujeres y una chavita adolescente, que por lo que pude averiguar era una de las familias que aportó dinero para que la visita del Dalai Lama a México fuera posible.
Yo estaba exactamente atrás de ellas con la cámara y la grabadora listas; y a los costados estaban colegas de otros medios, una reportera de CNN, platicando con otro muchacho que no supe si era de tele o algún medio impreso; y al otro extremo del salón, reconocí a una de las chavas de TV Azteca, pero que ahora traía en su micrófono el logo de Televisa.

En ese lapso también conocimos a Saúl Santana, el jefe de prensa de Casa Tibet. Un señor muy amable que fue con el que todos nos acreditamos desde 1 mes antes y vía correo electrónico. Estando ahí, y antes de que empezara el evento, él nos dio unas indicaciones que había que seguir una vez que el Dalai Lama estuviera ahí: Saludarlo uniendo tus manos y haciendo una pequeña inclinación, el famoso saludo reverencial que vemos en la películas y todo eso, además de permanecer sentados (esto una vez más como recordatorio para no entorpecer el trabajo de los otros reporteros).

Por presiones del gobierno Chino al gobierno de México, y posibles represalias al respecto,  se especuló mucho sobre la existencia de esta foto, y no fue dada a conocer hasta varios días después de la visita del Dalai Lama a nuestro país. 


Eran ya las 2:00 pm y la rueda de prensa no empezaba, pero a pesar de la espera yo nunca me aburrí, porque además de que me tocó escuchar toda la conversación de la reportera de CNN y su compañero de otro medio, fue por ellos que me enteré que tal vez la tardanza se debía a que El Dalai Lama llegó al aeropuerto de Toluca (que además de la distancia y por el tráfico de la ciudad a esa hora, seguramente fue lo que ocasionó su retraso). Otros decían que era probable que extraoficialmente se hubiera reunido con el Presidente Felipe Calderón en La Residencia Oficial de Los Pinos; mientras que otros decían que no, que eso había sido un día antes y fue una reunión a puerta cerrada; pero el caso era que entre los rumores que iban y venían los minutos seguían pasando y la gente comenzaba a impacientarse.

El Dalai Lama y Tony Karam, fundador y director de Casa Tibet México.

Yo perdí la noción del tiempo, entre que mandaba mensajes de texto y comencé a leer el libro que nos regalaron como parte del kit de prensa. Después supe que el reloj sobrepasaba ya las 3:30 de la tarde, cuando a través de la puerta contigua al escenario, apareció Tony Karam, el director y fundador de Casa Tibet y junto a él Tenzin Gyatzo, el XIV Dalai Lama.

Yo siempre me había imaginado que el máximo líder espiritual de la comunidad budista, era un hombre pequeño, pero no, no lo era tanto. La primer impresión que me causó mientras lo veía subir a través de los escalones para llegar al podium, fue que se trataba de un hombre frágil, quien a pesar de que su cuerpo físico es el de un simple monje (como él mismo con gran humildad se auto define siempre), su espíritu, se hace evidente que es muy fuerte.


Mentiría si no dijera que ese primer encuentro con él fue místico. A pesar de que es un hombre normal como cualquiera de nosotros; si existe una diferencia muy notable entre él y las personas comunes; no sólo por la investidura religiosa, o el grado de evolución espiritual que él tiene; sino también porque desde el momento mismo que entra a un lugar, su sola presencia te transmite paz.

A mi lo que me impresionó de él fue que tiene una mirada muy tierna, exactamente con el mismo brillo que refleja un niño... A lo largo de toda mi vida, considero que he sido una mujer afortunada, porque me ha tocado ver personas con la mirada más transparente que pueda existir, ángeles terrenales metidos en disfraces de humano (que así le llamo yo desde siempre a quienes tienen más bondad que malicia; y la belleza de su alma radica en que son de una sencillez impresionante que si tienes suerte y por algo llegas a estar cercano, aprendes tanto de ellos); pero en el caso del Dalai Lama, ahora era diferente, porque jamás me había tocado ver una mirada tan llena de ternura y pureza, dentro una persona tan grande de edad.


En ese instante comprendí porque le llaman "Kundun", que significa: "La Presencia"... Su cuerpo físico es el de un hombre que cronológicamente tiene 74 años, pero la infinita compasión y transparencia que proyecta a través del brillo de su mirada, te hace saber que su alma sigue siendo la misma y por ella no ha pasado el tiempo.


Lo primero que dijo al acercarse al micrófono fue:
"Estoy muy contento de estar aquí con todos los miembros de la prensa. Siempre que tengo oportunidad de reunirme con ustedes les comparto mis dos compromisos:
• La promoción de los valores humanos para generar un corazón cálido y compasivo.
• La armonía religiosa.




Después de una pausa muy breve, esto fue lo siguiente que afirmó y fue lo que más me gustó:
"Ustedes como miembros de la prensa, tienen el compromiso de compartir esos valores humanos con los demás. Deben desarrollar una nariz muy larga, como de elefante, para olfatear lo que está sucediendo en el mundo y así deben de informar al público, tratando de ser honestos, veraces y carentes de desviaciones.
La gente es la verdadera jefa del país, por lo tanto, ustedes deben de informar a sus jefes qué es lo que está sucediendo. Eso es todo lo que tengo que decirles... ¿O ustedes que piensan?". 



El Sr. Gerardo Abboud, traductor oficial al español en distintos momentos de la rueda de prensa.

Una vez que dijo esa última pregunta, lo hizo de un modo tan enfático, pero al mismo tiempo con un tono tan divertido que enmarcó con una gran sonrisa, y eso fue suficiente para que en ese instante se echara a la bolsa a todos los reporteros que estaban ahí presentes. La rueda de prensa había empezado oficialmente; y mientras el Dalai Lama y Tony Karam se dirigieron a tomar asiento; Saúl Santana, el jefe de prensa hizo las presentaciones oficiales, y luego, los dos lugares contiguos al Dalai Lama fueron ocupados por el Sr. Gerardo Abboud, quien sería el traductor oficial al español en todos los eventos; mientras que todavía unos cuantos minutos después, en el otro extremo se sentó el Venerable Geshe Lhakddor, quien es el asistente personal y el traductor oficial de la oficina de Su Santidad.

Gerardo Abboud, S.S. Dalai Lama y el V. Geshe Lhakddor.

Reseñar todo lo que se habló a partir de allí, sería como caer en lo mismo que muchos medios hicieron ese día: preguntarle las cosas más irrelevantes y comunes que se les pudieron ocurrir... O más bien dicho que ni siquiera se esforzaron en pensar. La sinópsis de todo lo que el Dalai Lama dijo está en varios medios (empezando por el sitio de Casa Tibet), y en este caso creo que para un escrito de la bitácora de viaje, lo más importante es plasmar de la manera más honesta todo lo que se piensa y se experimenta ya no como profesionista; sino como una persona común y corriente a la que la vida le otorga una oportunidad como esa, de poder estar ahí para aprender de una persona tan espiritual.

Mientras el resto de los medios se encargaron de preguntarle hasta el cansancio, cosas en referencia al tema de la violencia. y su traductor, de transmitir en nuestro idioma todo lo que él respondía; yo me dediqué a observarlo. El Dalai Lama se daba cuenta y me sonreía; puesto que su espontánea alegría, y ese genuino sentido del humor que posee, lo hace alejarse de ese velo místico y de santidad que cualquiera podría pensar que un personaje como él tiene.

Después de haberlo visto, si alguien me preguntara: ¿Cómo es el Dalai Lama?, yo le diría que es un niño que vive adentro del disfraz de un monje sumamente sabio; pero que a pesar de esa apariencia, es curioso por naturaleza; porque del mismo modo que los telefotos y lentes gran angular de los reporteros apuntando en dirección hacia él le causaban asombro; no sé si sea por la misma forma tan sencilla que él ha vivido siempre; pero hasta los objetos más simples le llaman mucho la atención.

Hubo por ejemplo un momento en que mientras esperaba a que su traductor terminara de hablar, él se entretuvo con el diseño del metal de la mesa que le pusieron delante con cosas. La tocaba y se inclinaba un poco para observarla mejor. Más tarde, tomó de esa misma mesita una pequeña caja (que no sé que contenía); y al tenerla entre sus manos la veía  y le daba vuelta como preguntando: ¿y esto qué es?


Luego, él y Geshe Lhakddor, su asistente, comentaban sobre la lona que pusieron montada sobre una estructura metálica y era parte del set... En ningún momento dejó de sonreír y de jugar con sus colaboradores cercanos y la gente que estábamos reunidos en ese lugar para escuchar todo lo que tenía que decirnos, y en ese sentido, hubo momentos memorables con los que yo me quedo de esa rueda de prensa:

Uno de ellos se dio cuando ya había pasado un buen rato; en una de las primeras filas, pero al otro lado del salón, estaba un hombre que parecía  un monje. Yo supongo que si lo era, porque llevaba unos ropajes de color distinto al que usan los budistas, y además entre las manos llevaba una especie de tela -tipo estola o bufanda- de color blanco entre sus manos.


Al parecer él y el Dalai Lama se conocían. Su Santidad lo llamó por su nombre, y le pidió que se acercara (sin importar que estuviera en plena reunión con los medios). El hombre se acercó y lo saludó estrechándole las manos; pero en la expresión de su rostro y en sus lágrimas se notaba que estaba súper feliz al igual que él, por haberse podido reencontrar con un amigo tal vez de tanto tiempo.

Para todos los que estábamos ahí fue un instante especial, porque a nadie se le escapó ese detalle tan gentil y tan cálido por parte del Dalai Lama. Mientras ellos intercambiaron algunas palabras de manera tan personal, aún estando así rodeados de tanta gente, todos los reporteros que estaban atrás se aglomeraron en una esquina y entonces, el único sonido fue el de los disparadores de las cámaras que querían atrapar ese momento.


Otra cosa que me llamó la atención de él, fue que él llevaba puesto un reloj. Yo nunca lo había visto portar uno. En la mayoría de las fotos y videos en los que aparece en diversos eventos públicos, siempre lleva nada más sus malas budistas, que así se le llama a esa especie de pulsera que él lleva siempre enredada en uno de sus brazos, y que es lo que para nosotros los católicos sería el equivalente a un rosario.


Cuando me di cuenta de eso, no pude dejar de pensar en que una de las primeras cosas que yo leí sobre él, fue que le gustan mucho los relojes, arreglarlos y ver como es su funcionamiento por dentro. Ese aspecto, en una persona que tiene ese grado de espiritualidad y desapego a las cosas es interesante, y yo me imagino que es por lo complejo de su mecanismo, que objetos materiales como ese le llamen la atención. Tal vez en ese caso en concreto, él nada más lo utilizó para tener noción de algo tan impermanente como es el tiempo....

Hablando de tiempo, luego de cerca de media hora o 40 minutos -si mucho- la rueda de prensa llegó a su fin; y más que una conferencia de prensa, yo siento que el Dalai Lama se sentó a conversar con los medios. De todas las preguntas que le hicieron, la que más me gustó fue la de una chava reportera del periódico Reforma, quien le cuestionó: ¿Qué mensaje le daría a la juventud del mundo que ha perdido la fe?

Su respuesta fue muy extensa e interesante y cuando terminó de hablar, volteó a ver al Sr. Abboud, y a la par de palmearle la mano con mucha confianza, riendo le dijo: "Ahí tienes una larga respuesta y mucho trabajo" (como dándole a entender que se iba a tardar mucho tiempo en traducir todo eso).  Obvio eso provocó la risa de todos los asistentes, que estábamos encantados con la idea de que el Dalai Lama sea alguien así.

En lo personal, en ese momento se me apachurró el corazón. Primero porque esa pregunta era muy parecida a una de las que yo llevaba anotadas en mi libreta (y ya no hubo oportunidad de hacerle porque la preferencia fue para TV Azteca y Televisa, y otros cuantos medios). Y después, porque a pesar de que si estaba disfrutando de cada cosa, por dentro yo estaba triste por una respuesta que había recibido en un mensaje de texto muy personal.

Me sentía intranquila porque tenía un presentimiento respecto a eso... A lo mejor yo estaba alucinando, y desde que empezó la conferencia, me dio la impresión de que siendo una persona tan espiritual tal vez el Dalai Lama puede percibir, cuando algo le duele por dentro a una persona...

El tiempo de la conferencia se había terminado y sin dejar de lado su buen humor, él se despidió diciendo que aunque sabía que aún teníamos muchas preguntas para hacerle, él tenía ya muchísima hambre y otros compromisos por cumplir.

Fue en ese momento que me tocó saludarlo. A pesar de que era evidente que la gente de Casa Tibet ya se había extralimitado con el tiempo y su agenda era todavía bastante apretada, El Dalai Lama, con toda tranquilidad se tomó todavía unos cuantos minutos más para despedirse de la mayoría de los periodistas que estabamos ahí.

Yo fui como la tercer persona. Saludó a una chica de Casa Tibet, que hizo la transcripción de todo lo que se dijo ahí; luego jugó con el piercing que era visible entre la barba de otro muchacho reportero que estaba enseguida, y entonces, cuando yo lo vi que se iba acercando a mi, le extendí mi mano con un poco de timidez, porque no sabía si estaba haciendo lo correcto (puesto que hasta donde yo sabía, a un monje de su investidura no se le puede tocar).

Tal  vez incurrí en algo que no debía, o tal vez eso era sólo un mito; el caso es que él no sólo respondió a mi saludo, me miró directo a los ojos y la verdad, yo que soy tan rollera, me quedé por completo sin palabras... La verdad no sabría explicar con letras lo que sentí en ese momento; porque se me hizo un nudo en la garganta; y ya no pude decirle nada. Supe entonces, que él se dio cuenta de que algo me dolía o me preocupaba; y no fue necesario que él tampoco dijera algo. Tal vez hubiéramos podido comunicarnos, pero ya no había tiempo.
En ese instante bastó su sonrisa y lo que vi reflejado en sus ojos, para saber que en esa tarde fue él quien antes de irse me dejó en el alma un poquito de esperanza y fe.


Salí de ahí como zombie... El resto de los reporteros todavía se fueron a tratar de fotografiarlo y grabar algún último comentario hasta la puerta por donde llegó... Por mi parte, yo todo lo que recuerdo es que me salí, pero me sentía tan extraña y como si todo a mi alrededor fuera como en otro plano: el sonido de la gente que todavía estaba en el lobby; ni tampoco el de cada persona que se cruzó por mi camino mientras caminaba con los ojos húmedos por Paseo de La Reforma.

Todo lo que físicamente me agobió hasta esa parte del día: cansancio, hambre y sueño, se desvaneció por completo. En ese instante me hubiera gustado -si hubiera sido posible- poner toda esa emoción que yo tenía por dentro, en el alma de alguien más...

Tal vez era demasiado pretencioso de mi parte, y en medio de ese trayecto de regreso hacia el hotel, tan sólo supe que a pesar de la distancia y de la mejor manera que pude, yo compartí todo lo que estaba viviendo; y no obstante que no está dentro de mis capacidades evitar que algo le duela a alguien que quiero; todo lo que pueda hacer para arrancarle una sonrisa, para apoyarle en lo que decida o aunque nada más sirva para decir: estoy aquí, contigo en el camino, siempre lo voy a hacer.

Casi no recuerdo lo que hice después de eso... Cuando pienso en eso lo primero que viene a mi mente es una espera ya al caer la tarde en un parque. Aquel había sido el primer encuentro con el Dalai Lama y fue muy enriquecedor en todos los sentidos... La rueda de prensa, como todos los momentos buenos y malos en la vida, ya era pasado; pero esa era apenas la antesala de todo; y los eventos principales y todo el aprendizaje con la décimo cuarta reencarnación del buda de la compasión, apenas en un par de días estaban por suceder...

..."En ese instante comprendí porque le llaman "Kundun", que significa: "La Presencia"... Su cuerpo físico es el de un hombre que cronológicamente tiene 74 años, pero la infinita compasión y transparencia que proyecta a través del brillo de su mirada, te hace saber que su alma sigue siendo la misma y por ella no ha pasado el tiempo".

Comentarios

Vane dijo…
Yo creo que tu viaje y tus expectativas se vieron colmadas más de lo que imaginabas, con toda la magia, la paz, y la espiritualidad que encontraste todo valió la pena.

Lástima que hubieron algunas cosas que empañaron por momentos eso, pero todo lo que viviste ahí es más importante que el resto, que lo negativo, que los malos momentos que pueda estar pasando alguien, nada más eras vos y el Dalai, después que se terminara el mundo.

Me alegra mucho leer esto, y me alegra aún más que lo hayas podido vivir, que gran, gran experiencia. Felicidades porque te lo mereces.
Martuchis dijo…
Así es, este viaje me dejó mucho, no sólo por el Dalai Lama. Creo que necesitaba escucharme a mi misma y a mis pensamientos, y pues respecto a Su Santidad, creo que él me dejó dentro del alma, algo que espero que se quede conmigo durante mucho, mucho tiempo.

Gracias por tus letras y por estar siempre aquí en el blog.
Victoria dijo…
Martha
tu decision, tus sueños permanentes, tu busqueda incansable te han llevado muy lejos
que hermoso post
que hermoso, me sacaste las lagrimas
y me da gusto estar a un lado tuyo para contemplar tus sueños y de vez en cuando
darte un pequeño empujon para que te vayas a volar!
te quiero y que padrisima experiencia
siempre he dicho que cada año esta marcado por algo que hace que valga la pena
ni cabe la menor duda que ese momento de intercambiar miradas con el Dalai Lama es lo que ha hecho que este lo valga no?

te quiero
Sarvavita dijo…
La he encontrado!! la voy a leer está más tarde, con más tiempo!!

Un Abrazo.