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Bitácora de Viaje: De Encuentros y Abrazos en Bellas Artes.

Después de salir del Estadio Azul, la mañana de Domingo ya casi se había agotado y a partir de ahí comenzaba ya mi tiempo libre en la capital del país. No tenía una idea muy definida de lo que iba a hacer con tantos días, pero sí tenía en mente un montón de lugares a donde quería ir... Esa, era mi cuarta visita al D.F. pero apenas la primera en que llegar a cualquier lugar iba a depender única y exclusivamente de mi.

Siempre me han gustado mucho las cosas que salen espontáneas, así que una vez que terminó el evento del Dalai Lama lo primero que hice fue buscar un lugar cercano para comer... Como el rumbo de la ciudad en donde me encontraba no era conocido para mi, no quise perder tiempo buscando un lugar donde vendieran algo que se me antojara y que no fuera una comida de las que acostumbro; y en ese sentido los "Tacos de Longaniza" era una de las cosas que por recomendación tenía pendiente de probar desde la última vez que estuve en la capital del país.

Pero esa tarde mi hambre era demasiada (recordemos que cuando salí del hotel fue todavía de madrugada y lo único que "mi panza" tenía adentro era un yogurt y un par de barritas de fresa); así que a esas alturas del partido yo podía devorarme cualquier cosa que corriera, volara o se arrastrara... Bueno, eso era un chiste, y después de caminar varias cuadras lo primero que encontré fue un Burger King.

No quería perder ya más tiempo y decidí comer ahí para poder irme lo más rápido posible y aprovechar al máximo lo que quedaba del día. Estoy acostumbrada a comer sola durante los días normales de trabajo; pero creo que en ese lapso fue el único momento del día en que me sentí extraña y ajena a todo. Se me hacía muy curioso estar un fin de semana tan lejos de casa y mientras estaba en la mesa del restaurant, muy cerca de un ventanal muy grande, podía observar a las familias de las otras mesas y a la gente que pasaba por la calle en un Domingo que era gris, pero por instantes también se volvía soleado... Supongo yo, que el alma de las personas es en cierta forma muy parecido a eso... Y la mía no era la excepción.

No estuve mucho tiempo ahí, y después de comer decidí que mi única escala sería en un cibercafé, para luego irme a vagar sin tener en mente un lugar fijo a donde ir... Como por esos días, mi prioridad era después de tanto tiempo escucharme a mi misma y todo lo que mi voz interna tenía para decir; dejé que fuera mi propia intuición la que me dictara lo que sería mejor hacer en esta tarde, y la opción fue: caminar, caminar y caminar hasta que la noche me alcanzara; para de este modo, dar oportunidad a que la vida en las calles fuera lo que me sorprendiera.

Vi muchas cosas en esa tarde, un teatro, restaurantes de todos los giros y tipo de comida que se puedan imaginar; todos estaban repletos de familias compartiendo la comida dominical. En el camino me encontré con muchos chavos jóvenes caminando con sus perros (eso me hacía extrañar mucho a mis cachorros), y pensar que tal vez "Poncho" sería muy feliz conmigo recorriendo juntos el D.F...


Por esa zona de la ciudad ya no se veían tantas bicicletas como en el Centro Histórico; pero comenzó a llamarme la atención la idea de recorrer alguna parte de la ciudad a bordo del Metrobus... Pero no, una vez más la intuición me dijo que aún no era tiempo... Era todavía demasiado temprano para volver a la zona segura (siguiendo la recomendación del taxista que encontré cuando recién llegué el primer día); y fue bueno hacerle caso a esa corazonada, porque si no hubiera disfrutado tanto de una de las cosas más padres que me tocó ver.

No sé decir bien a ciencia cierta en que rumbo de la ciudad estaba... Nada más se que saliendo del estadio me fui caminando en línea recta y me fui metiendo entre calles por una zona que de pronto me recordó las calles contiguas a donde se encuentra el edificio de correo de Salto, Uruguay.

Medio me perdí... O más bien, me perdí completamente, porque para orientarme yo usé como punto de referencia el recorrido que seguía el Metrobus que iba a parar a la zona centro; y un anuncio donde había una imagen de "Benito Bodoque" el personaje de Don Gato; pero de repente ya no supe ni donde estaba y como dicen que "preguntando se llega a Roma", yo pregunté y fue cuando me di cuenta que estaba muy lejos del camino que debía seguir para regresar antes de que oscureciera a la parte de la ciudad que yo sí conocía ya más o menos bien.

Yo sabía que estaba lejos, pero nunca me imaginé que tanto... Subí y bajé por un puente que atravesaba el periférico; y en una de esas calles me encontré con una de las cosas más padres que me ha tocado ver... En una pared, había poesía, y en las calles contiguas, en los postes y en las bardas, había más escritos, impresos en papel tipo revolución (como los que usaban antes para publicitar las corridas de toros y los eventos en pleno siglo XIX) y me encantó ver eso...

Las de los posters de papel eran las más padres, algunas de ellas eran como poemas muy cortitos y había una en especial que hablaba sobre los besos... Ahora me doy de topes por no haberla anotado; pero supongo que se hacia tarde y había que seguir.

Durante todo el tiempo que permanecí en el D.F. la ciudad me pareció muy segura, demasiada vigilancia en todos lados, mucha gente o no sé si era también que yo venía de una ciudad donde los últimos dos años, las calles de pronto se quedaron vacías, dejando a la ciudad como una especie de "Pueblo Fantasma", debido a la ola de violencia que trajo como consecuencia que muchos negocios quebraran y los pocos que quedaron, emigraran hacia El Paso, Tx.
El caso es que por mi trabajo y por muchas otras circunstancias, yo desde siempre he estado acostumbrada a andar sola por las calles hasta tarde, y en esos 3 días que llevaba apenas en la ciudad de México nunca me pasó nada; pero obvio, no me exponía tampoco.

Esa tarde, cuando ya el día estaba bastante avanzado, pero todavía faltaba un ratito para que oscureciera, decidí regresar porque tenía que buscar la manera de realizar una llamada de larga distancia. En el metro, a pesar de que un día antes le había dicho a Dora (la chica de Faenza) que todavía no me arriesgaba a lanzarme sola, desde aquella vez que se me ocurrió irme desde la estación de Indios Verdes para llegar al aeropuerto con una maleta enorme a plena hora pico de la mañana, nunca más me quedaron ganas de volverme a subir...  Pero aún así resonaba en mi cabeza el consejo que ella me había dado: "arriésgate y vete en el metro, nada más es que le agarres la onda"...

Pero bueno, por mucho que quisiera ser osada y aventurera, en 20 cuadras a la redonda no encontré ninguna de las famosas entradas con escalones subterráneos que van a dar a los túneles por donde transita el metro... Caminando lo más rápido posible y ya muy cerca de donde estaba el periférico, llegué hasta donde había una estación del Metrobus y ahí compré una tarjeta que no pude ni siquiera ponerle una recarga, porque la máquina se tragó mis monedas y un billete de veinte pesos...

Ya no quería perder tiempo y decidí bajarme de nuevo, para buscar una avenida donde pudiera pasar un taxi; pero debajo del puente había un montón de "chavos banda"; y aunque enseguida del puente había como una especie de plazita que albergaba varios negocios de distintos giros y todavía se veía gente por esos rumbos, los chavos si se veían medio malandrines y yo a fuerza tenía que pasar por ahí para poder llegar a la avenida, no había otra salida...

Ese fue el único momento en que sentí miedo... Porque ellos eran muchos y yo traía todas mis cosas, mi grabadora, la cámara, dinero para la comida y los taxis y pensaba... Si me asaltan, ya vali... Siempre he tenido ese defecto, nunca salgo a la calle pensando en que algo pueda pasarme, aún viniendo de Juárez, creo que aún confío demasiado en la gente; y ellos me dieron miedo, porque es muy característico el aroma del ambiente cuando hay drogas (eso lo aprendí en los conciertos de rock); pero como no me quedaba de otra, pasé lo más rápido posible y casi, casi me colgué del primer taxi que se me atravesó.

Llegué al hotel yo creo que cerca de las 6 de la tarde, dejé todas mis cosas y me regresé caminando a la zona centro en busca de una caseta telefónica (pues yo recordaba haber visto alguna por ahí durante la última vez que estuve en México); y no obstante que todavía había mucha gente en las calles y sobre la Alameda Central se veían también muchos comerciantes con sus mercancías sobre la banqueta; la mayoría de los negocios ya más establecidos ya habían cerrado sus puertas.

Nunca encontré ninguna caseta; y después de caminar por otro buen rato, decidí mejor ir a comprar una tarjeta para llamadas de larga distancia y todavía se me fue otro buen rato buscando un teléfono público que si sirviera. Cuando lo encontré, tampoco tuve suerte, y me fui toda aguitadilla a sentarme para descansar un rato en uno de los bordes de las jardineras de Bellas Artes.

Ahí me quedé por un buen rato... Al final del día, siempre, siempre mis pasos me llevaban hasta ese punto; y mientras yo disimulé mi tristeza viendo a un  muchacho que estaba justo enfrente de mi y tomaba fotos con una cámara profesional a la fachada de ese histórico edificio y luego anotaba en una libreta (supongo yo que la velocidad y la apertura, conforme a la hora y la iluminación del sol); el cielo parecía no tener ganas de "autoengañarse" y por momentos eclipsaba el cielo con nubes grises y gotitas intermitentes y frías...

Si eso pasaba, de manera irremediable yo tendría que irme; puesto que lo de menos era mojarme yo, pero traía conmigo la cámara de fotos todavía... Me quedé viendo la pantalla vacía del celular después de un último mensaje; para luego tomar la decisión de que esa noche me iría temprano a dormir.


En eso estaba, cuando de pronto y muy cerca de la entrada principal de Bellas Artes, me llamó la atención ver a un grupo de chicos y chicas repartiendo abrazos a toda la gente que se dejara y pasaba por ese rumbo a esa hora de la tarde.

Al ver sus carteles pintados con la leyenda de "Se Regalan Abrazos"; no pude ya quitarles la vista de encima porque a pesar de que yo sabía que existía esa campaña, nunca en ninguna otra parte me había tocado verlos en acción.

Uno de ellos me hizo reír mucho, porque ese Domingo, en el interior de Bellas Artes había un evento (no sé si era ópera); pero el caso es que se trataba de un evento "muy nice" porque afuera estaban también un grupo de hombres con la típica apariencia de un guarura (vestidos de traje oscuro y con un audifono que era visible entre sus ropas, y que me imagino servía para comunicarse entre ellos). Lo que hizo que me diera risa, fue que uno de los chavos que regalaban abrazos, se le acercó y le dijo a uno de los "guarros" que si lo podía abrazar, y el tipo le dijo que no, pero al muchacho le valió grillo, (y como digo yo), tomó la decisión ejecutiva de no hacerle caso y de todos modos lo abrazó.

Me dio mucha risa, por la cara que hizo el tipo mientras el muchacho lo estaba abrazando, y porque se veía que no sabía que hacer... En el otro extremo, estaban otras dos chavas también repartiendo abrazos; y estaba yo tan embobada viéndolos y tomándoles fotos desde lejos, que de pronto se empezaron a alejar en dirección hacia la Alameda Central y aunque yo estaba muy cansada y los pies me hacían como teléfono ocupado, en cuanto vi que estaban a punto de irse, se me olvidó todo y salí corriendo detrás de ellos porque de pronto sentí el impulso de hablar con ellos.

Yo misma me di risa, porque creo que en ese instante caí en la cuenta de que jamás en mi vida había corrido para alcanzar a alguien... Empecé otra vez con las fotos; hasta que uno de ellos me descubrió y como a un metro de distancia le dije que si podía tomarle una foto con su letrero.

El muchacho no me dijo nada, tan sólo se quedó de pie, pero con su cara me dijo todo; me dio mucha risa porque me sonrió y me extendió los brazos, dándome a entender que se dejaría tomar la foto sólo si le daba primero un abrazo... y buenoooo...como yo tenía que documentar lo mejor posible mi Bitácora de Viaje, el trato me pareció bastante justo: Una foto por un abrazo.

Me quedé un buen rato con ellos y luego de un rato me puse a platicar con las chavas con toda la intención de hacer una "mini-entrevistita"... Las dos chicas me contaron que no pertenecían a ninguna iglesia ni tampoco a ninguna asociación civil o club por el estilo; era simplemente que todos ellos eran amigos y decidieron empezar a regalar abrazos como una manera de contrarrestar la violencia.

La verdad para mi si fue muy reconfortante encontrarme con ellos, porque aparecieron justo cuando lo necesitaba... Siempre he creído en las señales; y para mi todos esos días también fueron muy propicios para hablar a solas con Dios durante la mayor parte del día.

El abrazo que recibí por parte de ellos, lo tomo como una especie de "regalo divino" que llegó justo cuando al igual que el cielo de esa ciudad, yo me estaba "eclipsando por dentro"... Los ángeles terrenales muchas veces ni siquiera se dan cuenta que tienen alas... Me quedé pensando mucho en eso y en lo mágico que son los encuentros en ese punto donde de forma irremediable, cada vez que he estado en el D.F y siempre al final del día, termino por llegar.

Una idea sobre todo eso me empezó a dar vueltas en el corazón y en la cabeza... Aún no está aterrizada en papel, pero si sale algo bueno de eso; lo más seguro es que "Las Páginas Sueltas y de Colores" se revestirán con una historia que hable de encuentros y desencuentros... Del destino, las señales y también de el papel que los ángeles sin alas, de los que la mayoría de las veces se vale Dios para demostrarte que no te abandona aunque por momentos, tú pienses lo contrario...

El día ya estaba por terminarse, la lluvia parecía que le regaló a la última parte del Domingo una tregua y con ese parchecito en el alma mi tristeza, al igual que mi cansancio se evaporó y con la fuerza de un abrazo muy especial que me tocó dar hace casi 4 años y me hizo sentir que pude ayudarle a alguien; me perdí de nuevo entre calles para seguir atrapando historias... Pero bueno, luego regreso para terminar de contarles...

"Todos somos ángeles con una sola ala... Debemos abrazarnos si queremos volar"...
-Anónimo-

Comentarios

Que padre anecdota Marthita, me gusto mucho como lo relatas que parecia que yo estba ahi tambien. Tienes una forma muy padre de narrar, se que casi no te comento, pero siempre ando por aqui de fisgon jejeje, cuidate mucho y te sigo leyendo como siempre, saludos ;)
Martuchis dijo…
Pos mas te vale condenado...

¿Pa cuando las "Cangreburguers" del Crustaceo Cascarudo?
Sarvavita dijo…
Hola Martuchis,

Que experiencia!! Me encanto la foto con el chico de los abrazos! muy coquetos los dos!jeje

Es verdad no deberian haber tantas fronteras entre las personas y deberiamos amarnos más y ser amables, de vez en cuando un abrazo no le hace mal a nadie!! a veces puede llegar en un muy buen momento! además de todo se puede pasar un buen rato! Oye todo el tiempo que compartiste con ellos deberias haber repartido abrazos con ellos jeje así nos hubieras contado la experiencia que se vive de pedirlos u ofrecerlos y la reacción de la gente, ya sabes quizás para una próxima.

Un Abrazo y que tengas un lindo día!
Vane dijo…
Yo también pienso que te hubieras quedado a repartir abrazos, eso hubiera hecho yo sin pensarlo dos veces a fuerza de puro impulso, bueno eso de los impulsos a veces me sale bien y esto de repartir abrazos me parece genial.

Al menos te lanzaste por uno, eso ya es mucho si pensamos que sos algo tímida a veces, así que felicidades, y además de tu abrazo te llevaste algo más en el alma.

De verdad que me encantaría hacer esto...
majana dijo…
jajaja! ay Martha la última foto me hizo reír tanto XD.

Que padre experiencia, no creo que nadie se resista a un abrazo, mas en estos tiempos como que todos los necesitamos. (hasta ese guarro jeje)

Me gusto mucho tu post!

Te mando un abrazo con mucho cariño!
Wow! que experiencia amiga! cuantas cosas viviste en esos dias, como extraño ir a la cd de mexico, yo naci ahi, soloque ahora radico en Puebla, me gusta mas la ciudad de noche, tantas cosas que ver y muy poco tiempo para conocerlas todas, inevitablemente es una gran experiencia! un abrazo amiga! y tambien es gratis!
Martuchis dijo…
¡Hey! muchas gracias a todos por sus comentarios...

La verdad no se me ocurrió en ese momento quedarme con ellos, pero aún así ellos se fueron rápido de ahí y yo seguí mi camino.

Me fui con el corazón contento de ese lugar y todo lo que pasó después de ahí estuvo muy padre también, pero ya lo contaré en la siguiente parte de La Bitacora de Viaje.

Gracias a todos por pasar.