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"Dios en una Harley: El Regreso" (Capítulo II).


Después de mucho tiempo, la semana pasada nos reencontramos con Christine Moore en un supermercado, para descubrir que a pesar de aquel encuentro que tuvo con Dios y que poco después de  eso, logró conocer y casarse con el amor de su vida, no todo ha sido como ella esperaba...

Algo pasó que Christine perdió las ganas de vivir... El ser madre de dos niños de tiempo completo y enfermera al mismo tiempo, además de haber "mermado" su energía, ha propiciado que le haya sucedido algo peor: olvidarse de sus sueños.... (¿A alguien le suena conocido esto?)

En el punto de la historia donde hace 7 días nos reencontramos con ella, está en un supermercado, en el que a pesar de cargar con una tristeza y depresión profunda a cuestas, las obligaciones de su vida como ama de casa ya la tienen en ese lugar a primera hora de la madrugada, porque aunque suene triste decirlo, es el único espacio de tiempo que en realidad tiene para ella. 

¿Qué pasara con Christine en ese sitio? ¿Me acompañan a averiguarlo? (que disfruten el capítulo).

...Por cierto... Para quienes no conocen la historia del primer libro, todos los podcasts están AQUÍ

¡Buena mitad de semana!
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"¿Por qué iba por la vida con los nervios a flor de piel? Años de trabajo en hospitales me habían demostrado, sin lugar a dudas, que había montones de gente que soportaban problemas mucho más graves que mi fatiga crónica y mi matrimonio deteriorado, y sin embargo, no veía a nadie más paseándose por el supermercado con lágrimas en los ojos... Aunque, quizá, fuera que nunca había mirado bien"...
-Christine Moore- 

Comentarios

Sergio dijo…
Sólo he visto este capítulo, pero está muy interesante, me imagino quien es el de los tenis blancos, de acuerdo con el título de la novela.

Pobre mujer, la descripción que hace de sí misma en el supermercado, es patética y pensar que muchas mujeres se sienten así, con esa carga sobre sus hombros.

Porque no ver que tiene salud, dos hijos, esposo (aunque no sea lo mejor) ¿Quién lo es?, casa, coche, trabajo, ¡qué más puede pedir!, la belleza que tuvo 20 años atrás o las ilusiones que tuvo en su adolescencia.

¿Sí supiera Christine que carga traemos cada quien?

O no mí querida amiga.

Me encanto la narración.

Un abrazo con amor