viernes, abril 10, 2015

Silencio...


Hace algunos años atrás no me gustaba... Recuerdo que al caer la noche cubría mis oídos con la almohada porque me atemorizaba escuchar los latidos de mi corazón latiendo; así como también, todos los sonidos que evidenciaban que yo misma era un ser con vida.

Supongo que con el paso del tiempo las cosas (y las personas cambian)... Quizá fue en el 2011, o hasta un poco antes, que a raíz de las letras y también de diversas circunstancias que sucedieron durante un viaje, que además de propiciar que me encontrara conmigo misma, descubrí lo fascinante que puede llegar a ser escuchar el sonido que prevalece cuando ya no hay ruido, ni tampoco nadie habla.

Nunca tuve un aparato de televisión en mi cuarto, y el ser integrante de una familia bastante ruidosa, propició que aprendiera a valorar y amar cada vez más los escasos instantes de silencio... Porque si bien es cierto que hay momentos del día en que nadie dice nada, el ruido de la calle, los sonidos cotidianos que se producen dentro de una casa, desplazan a ese lapso o estado momentáneo en el que cuando de verdad todo se silencia a tus oídos, ese espacio tan pequeño se vuelve como una cabaña solitaria en medio de un bosque, el refugio perfecto donde el alma comienza a aprender a escuchar.

En silencio reconozco que cada vez más quiero estar ahí... En la realidad estoy bastante consciente de que la ausencia de televisión será todo un tema a negociar si algún día llego a vivir en pareja... Mientras eso sucede, disfruto enormemente quedarme a solas con mis propios pensamientos, despertar de madrugada y escuchar los sonidos del silencio cuando todavía no amanece... Por eso es que amo tanto las primeras horas de Sábado o Domingo (cuando parece que no sólo la ciudad, sino el mundo entero duerme), así como los instantes en que cuando la oscuridad se apodera de todo, con sólo refugiarte en el silencio, -y aún con los ojos cerrados- logras ver todo con mayor claridad.

Desde niña me gustó soñar despierta, y ahora en el silencio logro alimentar ese estado de paz que desde hace algunos años me permite reaccionar distinto ante los problemas cotidianos, y evita además, que me tome de manera personal la agresividad de la gente o las reacciones negativas que alguien más pueda tener.

No soy un ser iluminado, ni tampoco descubrí el hilo negro... Creo que es simplemente que me costó cerca de tres décadas aprender a estar conmigo misma y por eso ahora valoro tanto los pequeños instantes de silencio.

Vivo en una ciudad muy grande, rodeada de gente, pero hay días en que amanezco sin ganas de pronunciar palabra alguna y me dedico simplemente a responder sólo si alguien me pregunta algo y a escuchar y simplemente observar todo cuanto hay a mi alrededor...


En momentos de tensión o en medio de tanto ruido, el silencio interior se vuelve para mi como una pequeña casa de campaña donde puedo resguardarme aún estando rodeada de tanta gente, y es por eso que quizá valoro tanto los pequeños instantes sin ruido, esos de final de viernes en los que puedo hablar sin voz y sólo a través de las letras y la tinta sobre el papel...

Adoro esas noches que se convierten en eternas madrugadas entre las páginas de un libro que no sólo me desprende por completo de todo lo que soy y lo que pienso, para entre letras llevarme a viajar a través de personas que de otra forma jamás hubiera conocido, y así traspasar la barrera del tiempo.

Ahora que lo descubrí, amo por completo el silencio... Ese que también ha sido compartido y que de una manera tan personal permite construir instantes perfectos, en los que sin necesidad alguna de palabras, las miradas y las manos en la piel de alguien más me llevan a conectarme con algo más sublime que su cuerpo...

¿Cuántos minutos de tu vida has tenido así?... La respuesta está dentro de tu propio silencio... Por lo pronto, la mía sólo a mi (y a un "alguien especial") le pertenecen... Sin embargo, están también los microsegundos sin sonido que de modo tan único son sólo míos, y en medio de tantas cosas que me rodean a diario, son tan necesarios para no olvidarme de quien soy y cuál es mi misión aquí.

Pocas veces encuentras ruidos armoniosos que te inspiren tanto y es hermoso quedarse en la oscuridad con los audifonos puestos, los ojos cerrados y los oídos abiertos; para luego de que la música termina, descubrir lo que el silencio tiene que decir... Esa es la mejor forma de cerrar los ojos al mundo real para abrirlos en el imaginario... Ese donde no sólo todo puede ser alcanzable y posible; sino que te lleva a ser mejor persona y afrontar con FE, las adversidades en la realidad.

Gracias por el silencio y por encontrar en sus sonidos tanta paz e inspiración... 

1 comentario:

Nefertiti Munguia dijo...

Martuchis haces bien al no tener tele en el cuarto, porque el cuarto es para descansar y dormir, y no lo digo yo, lo dicen los expertos. Ademas como dice la canción "enjoy the silence" saludos, siempre es agradable leer tu blog