lunes, enero 25, 2016

A ti que me has elegido...


"Dicen que los bebés eligen a sus padres, cuando aún son almas sin encarnar"... Eso fue lo que pensé cuando te vi acercándote a mi desde ese pasillo tan estrecho; cansada, luego de brincotear por todos lados, dispuesta para que te sentara sobre mis piernas para poder abrocharte las agujetas (ya casi al final de un vuelo).

Había leído eso en un libro hacía ya mucho tiempo, incluso mucho antes de que tú llegaras, y aunque yo no te dije nada, al aparecer ese pensamiento en mi cabeza; en ese instante presente me limité a agradecerte en silencio con un beso sutil que coloqué entre tus cabellos despeinados.

Tú seguías hablando y hablando... Decías que estabas cansada y cuestionabas al mismo tiempo si faltaba mucho para que terminara ese vuelo que nos llevaba con destino hacia alguna parte. Quizá de regeso hacia nuestro hogar.

Luego de que tus tenis de niña, quedaron bien colocados, reclinaste toda tu pequeña existencia en el asiento vacío entre tu madre y yo. Bastaron unos cuantos segundos después de que en silencio ella te ajustara el cinturón para que quedaras inmersa en un sueño tan dulce como profundo... Y en medio del silencio y con una sonrisa ella, (que al igual que yo te ama tanto), me hiciera entender sin necesidad de palabra alguna, que era justificado el cansancio acumulado en el cuerpo que resguardaba un alma tan hermosa como inquieta.

No sé si estando tú allí en medio de nosotras, si tu otra mamá pensaría de la misma manera que yo... Para mi era tan difícil describir con palabras los momentos del pasado y del futuro... Cuatro años son muchos -cronológicamente hablando- pero al mismo tiempo parecen apenas un instante cuando lo que más amas en el mundo se materializa ante tus ojos de una manera mucho más bonita de lo que pudiste un día ser capaz de imaginar...

¿De verdad tú me elegiste a mi?, era la pregunta que estremecía mi alma mientras te veía dormir y entonces entendí que era lo mismo que había estado cuestionándome desde el primer instante en que te vi.

Muchas veces te imaginé, y fuiste mucho más de lo que yo esperaba... Recuerdo que hubo madrugadas en que soñaba despierta con que serías un niño, pero creo que el plan divino fue más ambicioso que los anhelos de mi alma y te puso en mi camino cuando menos lo esperaba y de una manera completamente distinta a la de una familia que dentro de los convencionalismos puede considerarse como normal.

Eso era lo menos importante... Lo más valioso eras tú, lo más amado en nuestro mundo... Tan igual a las demás niñas, pero con ese espíritu tan lleno de curiosidad y amor que al mismo tiempo te volvía tan especial y distinta a todas las demás.

Así fue como me elegiste a mi... Sin estar del todo preparada para recibirte y tan inexperta en ese arte tan difícil de ser mamá... Bastó mirarte por un momento dentro de un sueño donde ya existías, para amarte más que a nada en el mundo... Aunque al abrir los ojos y despertar en esta línea de tiempo, no seas todavía ni siquiera una posibilidad.

Tal vez no será aquí... Sólo Dios sabe si será en otro espacio y tiempo... Pero gracias por haberme dejado verte y por haberme hecho sentir que todo este camino ha valido la pena por ti. 

Sea en esta vida o en otra, siendo igual o intentando ser una mejor persona en otro espacio y tiempo, gracias Princesa por haberme elegido a mi y por haberme regalado la más hermosa realidad en el mundo de los sueños... Te amo, aún sin existir.

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