viernes, septiembre 02, 2016

El mejor homenaje para Juan Gabriel


Carta a Juan Gabriel 
Por: Natalia Lafourcade
28/08/2016

Ahora mismo mi cuerpo lleno de escalofríos y mi mente tratan de entender esta triste noticia que hoy nos dejó sin aliento a miles. Se nos fue un gran amigo de este mundo en el que vivimos nosotros, seguramente hoy nos mira a todos desde ese otro lugar que no conocemos pero que nos espera tarde o temprano.
Estoy tan agradecida con la vida, los tiempos, el destino, pues me dieron la oportunidad de pasar algunos días muy cerquita de el gran maestro y artista Juan Gabriel, y también agradezco tanto haber tomado la mano de Don Alberto Aguilera, el gran ser humano, lleno de humildad, un hombre lleno de luz, sensibilidad, generosidad, amor, honestidad, mencionando tan sólo unas pocas de sus tantas virtudes. Agradezco que tuve la oportunidad de verlo a los ojos, sentir ese ser tan hermoso y poderoso que vivía en su cuerpo, tomar sus manos después de que él tomará las mías. Agradezco tanto que pude cantar para él y dejar que su voz corriera entre la mía. Aún no puedo escribir bien porque me cuesta comprender que ni Juan Gabriel ni Don Alberto estarán más aquí con nosotros.
Y todo lo que nos han dejado... tantos años de entregarlo todo, de escribirnos esas canciones tan bonitas y especiales que a miles de personas han acompañado durante tanto tiempo, en momentos felices, difíciles, de melancolía, de baile, de celebración de la vida misma. Esta noticia me llena de tristeza como a todos, a este ser maravilloso lo vamos a extrañar pero al mismo tiempo siento que no hay manera de que Juan Gabriel muera porque él vive todos los días a cada segundo en la vida de millones de personas que lo tienen en sus corazones, en sus memorias de vida y de momentos inolvidables. 
Su música ha llenado de color, alegría y sentido nuestras vidas y pienso también en todo lo que él se llevó de nosotros. Me pasa seguido que la gente me pregunta cómo fue trabajar con Juan Gabriel. Ahora lo que más claro revivo en mi memoria son los momentos más cotidianos. Curiosamente el día que entré a su casa no me sentía tan nerviosa, la sensación era muy similar a la que sentía de pequeña entrando a la casa de mis tías abuelas que tanto quería y tanto me gustaba visitar, ese lugar donde se cocinaban recetas mexicanas, donde se platicaba muy amenamente en el patio lleno de plantas, la casa donde se desayunaban huevitos a la mexicana con chilaquiles.
Lo vi entrar por la puerta, traía puesta su pijama azul claro: ahí estaba una leyenda de la música frente a mi dándome la bienvenida a su hogar, abriendo sus brazos y su corazón. Me abrazó y en ese instante supe que las cosas saldrían muy bien en tan inesperado encuentro. Tanto mi mente como todo mi ser, estaba llena de confusiones, no entendía porqué él quería que yo cantara su canción, tampoco sabía cuál cantaría ni como sería la dinámica de mi visita. Me tomó la mano y comenzó a mostrarme su casa, era una mano calientita y me hacia sentir como una niña. Así, salimos a un pasillo y después entramos a un cuarto, otro cuarto, otro cuarto, cada lugar era un mundo hermoso y único como él, cada rincón tenía ese color que seguro él había escogido, ese adorno o ese detalle que lo convertía en un lugar único. Como ese elefante de dos metros de altura que llegó desde la India. Recuerdo los muebles, los trajes típicos de sus muñecas, recuerdo ver a México en cada rincón de esa casa y la tradición y cotidianidad con sabor a México.
Ese día comenzó a las 6:30 de la tarde. Y terminó a las 5:00 de la mañana. Ahí fue que entendí que con él era de noche la cosa. En el estudio pasamos horas, ahí me hizo cantar 3 temas en total. Canté una canción inédita de la cual no recuerdo el nombre pero si recuerdo pensar en que no tenía la menor idea de cómo interpretarla, fue ahí que me sentí nerviosa y fue ahí que me di cuenta que los micrófonos captan mágicamente cualquier miedo, inseguridad, o incertidumbre que uno tenga presente al cantar una canción. Sentía que él se daba cuenta perfecto de todo lo que me ocurría, no sólo en ese momento si no en mi vida. Me entregó la canción más difícil como la número uno para cantar y todo conmigo perfilaba a ser un desastre. 
Primer take e intenté con todo y mis fantasmas mentales, segundo take y él paró la canción. Sabía que no estaba cantando con el alma, sabía que no estaba usando a mi corazón para interpretar esta pieza. Me pidió ir del otro lado, sentarme y después me dijo: "Natalia, te voy a pedir que te escuches, cuando uno está adentro y no se permite salir para escucharse y mirarse desde afuera, sigue cometiendo los mismos errores sin poder cambiarlos. Aprende a escucharte desde afuera y así sabrás qué es lo que tienes que cambiar, obsérvate y así sabrás qué ajustes hacer para seguir adelante". 
Imaginen el aprendizaje de esto. Así que escuché la peor toma de presentación a él como intérprete de su tema según como recuerdo, pero ahí algo dentro de mi me dejó saber que si había llegado hasta esa habitación donde estaba él, era por algo y también era porque yo tenía lo necesario para poder cantar su canción y decidí entrar de nuevo a la cabina y simplemente cantar para él con amor y humildad.
Hice otra toma fue mejor que la primera y él entró a la cabina, se conectó los audífonos y me tomó  de las manos, así fue como canté esa primera canción que el me dió y fue uno de los momentos más hermosos y mágicos que me toco vivir junto a él. Imaginen que su cuerpo y energía, a través de sus manos tocando las mías me decían como quería que yo cantara esa canción para él. Todo desapareció en ese momento y simplemente nos fuimos volando. Después vinieron mas canciones y en cada una de ellas él estuvo ahí adentro de la cabina, cuidándome y acompañándome en ese instante en el que aprendí como era conectar con tu corazón y tu alma para cantar una canción. 
Poco después vino el momento de cantar "Ya no vivo por vivir" y si pude cantar esa canción como lo hice, fue gracias a él y su guía. Cuando era muy tarde ya nos fuimos a cenar y me sorprendió ver que tenían preparados para él unos ricos huevitos y chilaquiles con frijoles de la olla. Hechos con todo el amor de sus cocineras. 
Uno desde afuera imaginaría cualquier otra cosa pero no, adentro de esta casa había esta cotidianidad hermosa como la que se vive en las casas de México que tanto amo y ese calor familiar que tanto necesitaba en ese momento de mi vida. Alberto y yo platicamos por unas horas. Me hizo preguntas, yo estaba llena de dudas y trabajaba el disco de Mujer Divina sin saber si funcionaría o no. Se lo mostré poco antes de mandarlo a la mezcla. Ahora recuerdo porque no lo invité a cantar en este disco y cómo me arrepiento, la razón era que una parte de mi sentía que eso si que era mucho pedir y después estaba en la sala de su casa compartiéndole algo tan especial e importante que por cierto me hizo ponerlo de principio a fin escuchando con toda su atención cada uno de los temas. Me dió tantos consejos hermosos, me habló sin un pelo en la lengua como decimos, se abrió como lo hace un familiar, alguien que te ama y te conoce de toda la vida. Mis ojos se cerraban solos. Ya no podía de sueño pero él sí tenía toda la energía. Tuve que disculparme y decirle: ¿nos vemos mañana? Me abrazó me dió un beso en la cabeza y me llevó hasta mi cuarto. El mar acompañaba nuestras platicas y la casa quedaba más silenciosa y vacía conforme las horas pasaban. Cuando estaba adentro de mi cama agradecí mucho por estar ahí y poder vivir esa experiencia.
Tengo muchos momentos para contar pero no se trata de mi. Se trata de una pena que ahora todos cargamos y sentimos. Juan Gabriel suena en todos lugares ahora mismo, todos sentimos la misma tristeza. Me pregunto si el día de ayer mientras él se preparaba para este ritual y momento tan poderoso como lo es el escenario, ya sabía que lo esperaban del otro lado. Me pregunto si sabía porque los poquitos momentos que me tocó compartir con él, pude percibir la inmensidad de su sabiduría y sensibilidad. Sabía perfectamente lo mucho que lo amamos, sabía perfectamente lo tan importante que era y es en la vida de todos nosotros y por eso seguía trabajando y dando tanto con esos planes maravillosos que tenía entre manos para todos nosotros, porque su amor era infinito y eterno.
Agradezco tanto todo lo que aprendí al visitarlo en su casa. Agradezco tanto sus palabras honestas y directas que ocurrían mientras le compartía mi música, agradezco su humildad y que siempre me hiciera sentir en familia. Lamento mucho que ésta noche Juan Gabriel ya no esté físicamente con nosotros. Pienso que si yo pudiera elegir la muerte cómo y dónde, amaría morir cantando como él. 
Hasta el último momento Juan Gabriel llenó de vida y alegría a todos aquellos que lo acompañaban en cada uno de sus conciertos. Ahora nosotros podemos mantener viva su música mientras sigamos cantándola y mostrándola a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. Así es. Una leyenda de la música en México. Un hombre que hizo historia y por ello forma parte de nuestra historia. Tenemos tanto que agradecerle.
Gracias Juan Gabriel te amamos, donde quiera que estés aquí estamos siempre contigo. En el altar de nuestra casa tendremos una vela encendida justo frente a nuestra foto y ese regalo tan hermoso que me diste cuando te visité por primera vez. En mis conciertos seguiré cantando "Ya no vivo por vivir", esta canción que se ha convertido en un himno a la vida para mi, que me recuerda vivir intensamente y no tener miedo a aquellos lugares incómodos y desconocidos que, por cierto, tú me recomendaste nunca dejar de visitar.

Te adoro gran amigo, te adoro gran maestro, y te recordaré por siempre con todo el amor. Que en paz descanses.
-Natalia Laforucade-

3 comentarios:

Celia Segui dijo...

Martuchis, me has emocionado. Me he tenido que quedar oyendo toda la canción. Vaya par de artistas. Es un homenaje precioso. Qué rabia me da cuando muere un artista, igual que no lo conozca.
Besos, guapa.

Hokabet koquiu dijo...

Hola Martuchis, soy Irma de Puebla, ya no apareces en mi F.B., se te extraña. Espero te encuentres bien
Hermosa tu reflexión sobre el Divo de Juárez, afortunada eres por tenerno en tu ciudad; él era más Juarence que Moreliano, se sentía como en tú ciudad... es trizte saber que no podré ver más un concierto

Hokabet koquiu dijo...

Escribe mucho, mucho sobre Juan Gabriel o Alberto Aguilera... tú que eres tan buena para esto de las letras tendras bastante material para deleitarnos solo como tu sabes