lunes, octubre 24, 2016

Sabor de un instante...


Me gusta como saben las mañanas... Justo un instante después de que abro los ojos, luego de haber pasado toda la madrugada en el mundo de los sueños, y mi cuerpo todavía se resiste a creer que he regresado ya.

Hay días en que los inicios no tienen un sabor o aroma en específico... Pues es tan sólo agua transparente la que recorre mi garganta y me despierta... Tal como si fuera un recordatorio inminente en que debo abandonar ese estado aletargante, para luego agudizar los sentidos y aterrizar de una vez por todas en el momento presente, ese mismo en el que respiro y permanezco aquí.

Pareciera que todos saben y huelen a lo mismo... Que sin importar que día de la semana sea, la sensación de posar los labios sobre el borde redondeado de cerámica que me empuja a un precipicio oscuro (y en ocasiones exageradamente caliente), es exactamente la misma de ayer o hace cuatro años... Pero no, de verdad que no es así. 

Algunas veces el despertar tiene un sabor extraño, pero hay otros en que sabe rico... Tan delicioso como un beso que ya fue dado y nunca más volvió o se evaporó con el tiempo de esos otros labios. 

Hay otras veces en que tiene un sabor amargo que hace que me duela la cabeza o me queme la boca por las prisas; pero aún así trato de robarle minutos al reloj para intentar endulzarlo de nuevo.... Para ello, recurro a dos cucharadas adicionales de azúcar, mezcladas con la magia de esas historias imaginarias que aún no he contado y que se van revelando en las ondulaciones de una nube tan densa como tenue de vapor.

Bajo esa cortina intangible y transparente, encuentro una ventana de escape hacia otros mundos... Cuando el líquido de la taza no es tan oscuro y me refleja una parte del techo de mi casa y quizá un borde de la ventana abierta, vuelvo a ser niña y llego a auto convencerme de que dentro de ese pequeño círculo se puede observar el mundo al revés y el techo no sólo es el piso debajo de mis pies, sino también el trampolín desde el cual puedo brincar hacia afuera de la ventana abierta para aventarme al cielo como si fuera al agua, pero en lugar de mojar y salpicarme, lanzarme a volar.

Ya sé... Son cosas incongruentes que tal vez nadie normal entienda... Para mi son tan sólo imágenes que mis ojos me proyectan tan nítidas aunque tenga los ojos cerrados... A veces las cosas son más claras cuando observo tras la piel de mis párpados caídos, mientras bebo de mi taza y el transporte atraviesa la ciudad a toda velocidad.

El sabor de un instante cada día es tan igual como distinto... No siempre es fuerte y amargo como los granos de café tostado, ni tampoco tiene la dulzura del cacao que se vuelve espumoso, ni es ligero como un trozo de canela o como las hojuelas de avena que en los días de mucho frío y de tanta ausencia, calientan las manos, el estómago y sobre todo el corazón.

...Siendo sincera a mi me gustan los días en que mis instantes no saben a nada de lo que ya he descrito y conozco, pues prefiero mil veces esos amaneceres en que me da igual cual sea el sabor o aroma, pues me concentro en imaginar un instante perfecto frente a alguien que extraño o quizá ni siquiera conozco... Aún no sé si ya existe y eso es lo que le da un toque distinto a un día ordinario y normal.

Ojalá eso pudiera comprarse y llevarse dentro de un sobre... Para en cualquier sitio, a cualquier hora, con tan sólo agregar un poco de agua caliente volverlo soluble... Disfrutarlo mientras en conjunto se descubre, todo lo que en silencio y a través de miradas largas se puede decir y compartir.

Tú que estás tan lejos, sin saberlo cada mañana me regalas eso... Y ahí está... Envuelvo con mis manos a primer hora del día, la posibilidad de traerte al presente, aunque seas un personaje del pasado; para platicarte que sigue en mi corazón la idea de incluirte en todos mis planes, aunque yo ni siquiera sea parte de tus pensamientos y el futuro sea tan escurridizo como incierto.

Por muy igual que amanezca, cada mañana tiene un sabor distinto... El cuerpo siempre se rehusa a regresar al mundo real, pero el alma despierta y se viste cada día de distintos colores, y es eso lo que me hace tener ganas de probar la vida y encontrarle un sabor distinto a cada instante, sin importar si afuera llueve, se caen las hojas de los árboles o quizá tú ya no estés.  

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