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Cosas que pasan y siguen pasando...

¡Hola!

Han pasado algunos días sin escribir en el blog, pero al mismo tiempo un montón de cosas han pasado allá afuera, en el mundo real y aunque trato de estirar los minutos al máximo, el tiempo no siempre alcanza para venir aquí, tomarme un respiro y platicar con quienes vienen y me leen.

Ustedes saben que esa es mi terapia, mi catarsis... Llegar hasta este espacio que es como mi refugio y por medio de letras y palabras sentarme a tomar un café para platicar de las cosas que me impresionan y también de las que creo. Algunas que me entristecen o me ensombrecen, pero que al final del día representan algo tan simple como abrir el alma para contarle a alguien que sabes que no te juzgara.

Tengo un mundo de cosas pendientes precisamente para esos instantes del día a solas conmigo y con ustedes. No he tenido tiempo de contarles de lo maravillosa que es la nueva obra de teatro de Odin Dupeyron y de algunas películas que he visto y que me han dejado tanto en el alma. 

No he contado tampoco de mi trabajo actual, tan diferente a todo lo que había hecho hasta hace algunos años, de mi corazón roto en proceso de sanación, de las cosas que he soñado últimamente donde pasado y presente se conectan en el mundo imaginario, y de todos los libros que quiero leer con ustedes a través de la magia del podcast....

Prometo regresar pronto para ir compartiendo poco a poco todo eso... Sé que la vida transcurre a una velocidad vertiginosa, pero lo mágico de estas páginas sueltas es precisamente esa oportunidad que me dan para bajar la velocidad y tener la capacidad de contemplar desde el andén lo que llevan los vagones de los días viajando tan rápido.

Esta semana, lo más relevante que hay en mi corazón y mi alma es la pérdida de un familiar cercano. Hace unos días falleció el único hermano vivo que quedaba de mi padre, y aunque de alguna manera era un suceso que teníamos conciencia que podía suceder en cualquier momento, la muerte es algo para lo que nunca estamos preparados y que nos confronta con nuestra propia mortalidad.

Estoy segura que cada persona de mi familia podría hablar de lo que fue mi tío según su punto de vista y experiencia; pero como yo sólo puedo escribir por la parte que me tocó a mi compartir; puedo decir que para mi él fue desde que tuve uso de razón una figura de autoridad, y mis recuerdos respecto a su persona siempre serán los de un hombre apasionado por las ciencias políticas, entregado a su familia y con quien a pesar de las diversas diferencias que en su momento pudo haber entre su familia y la mía, el día de su funeral me di cuenta del gran cariño que hubo siempre de mi hacia él y que lo más importante y que al final se queda con cada uno de nosotros es precisamente los momentos compartidos en familia a lo largo de la vida.

Mi tío, llevaba varios años enfermo, y desde hacía tiempo ya había perdido sus capacidades intelectuales y por ende su personalidad. Yo siempre comentaba que de alguna manera él ya se había ido desde hacía mucho tiempo (en los últimos años fue como un niño y dejó de ser tal como nosotros lo conocimos o al menos yo lo recordaba como era desde que tengo uso de razón); y creo que precisamente por eso, fue todavía un regalo que Dios decidiera todavía dejarlo algunos años más conviviendo con sus hijos y con toda la demás gente que desde siempre estuvimos por lazo de sangre alrededor de él.

Como comenté al inicio, la vida sucede a una velocidad vertiginosa, y en este lapso de tiempo en que apenas comenzamos a asimilar que él ya no está, en lo personal, aunque yo sea ya una mujer adulta siento una especie de vacío al caer en la cuenta que la vida de modo inevitable continúa con su ciclo, y si una persona como él, a quien siempre vi con un profundo respeto y como el guía a seguir cuando mi propio padre por alguna razón se ausentaba, eso de alguna manera me confronta con la premisa de que llega un punto en que tienes que ser tú mismo quien se convierta en guía y maestro; y que aparte tienes que hacerlo bien porque hay tantos niños en la familia que lo necesitan de la misma manera que en su momento lo necesitaste tú.

A casi una semana de distancia yo me despedí de él muy a mi manera... Quienes me conocen saben que en los últimos años todas las cosas que he leído y aprendido en el camino me han llevado a tener la firme convicción de que somos mucho más que un cuerpo y que la muerte es tan sólo una transición, una pausa antes de volvernos a reunir todos en otro tiempo y condiciones.

Es por eso que doy gracias por su vida, por toda esa serie de recuerdos que hoy están más nítidos que nunca en mi mente y en mi alma de todos y cada uno de los momentos que me tocó compartir con él desde mi infancia, y porque a pesar de las diferencias que pudo haber tenido en su momento con mi padre (que era su hermano menor); siempre hubo un cariño y protección por parte de él hacia mi y hacia mis hermanos.

Me siento afortunada también por contar todavía con mis padres, sobre todo en esta etapa de madurez en mi vida en que por fin he descubierto quien soy y de alguna manera me he reconciliado con eso, por eso lo valoro todavía más.

Muchas cosas pasan y siguen pasando... Pero ya me daré la oportunidad de venir a contarlas, pero mientras eso sucede, gracias a mi tío donde quiera que esté y espero que tenga una buena travesía hacia la luz.

Nos leemos pronto. 

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