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Bitácora de Viaje: Bellas Artes: "El Punto de Todos Los Encuentros"...


Llegar hasta el sitio donde se encuentra "El Palacio de Bellas Artes" (sin importar la hora del día que sea), es llegar a un punto donde la visión, además de arrebatarte el aliento, hace que te olvides ¿hacia dónde te diriges? ¿y para qué?

Estar ahí, es estar en el sitio y momento preciso donde muchas cosas se conjugan: Pasado, presente, y tradición, todas fundidas en el marmol color blanco que sostiene una edificación de majestuosa belleza, que en su interior alberga en forma de mural el arte de Rufino Tamayo, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco.

Un lugar que ha sido también escenario de grandes espectáculos y acontecimientos relevantes en la historia de México, cuando en el marco de las fastuosas celebraciones "porfirianas" por el centenario de la independencia, Maria Conesa interpretó ahí nuestro "Himno Nacional".

Todo mundo habla de eso... de cuando los habitantes de la ciudad gustaban de la vida social y habían tomado afición por la ópera que se representaba en ese sitio, pero a pesar de que La Historia de Bellas Artes es rica -culturalmente hablando-, creo que es también mucho más interesante conocer todas las historias que en el presente, y a diario se entretejen en su exterior.

Bellas Artes es "El Punto de Todos los Encuentros", porque todo mundo pasa y se queda de "ver" ahí...

No hace falta mucho tiempo para darte cuenta de eso, puesto que con 5 minutos que permanezcas apostado en uno de los bordes de las jardineras que lo rodean, podrás ver pasar al sacerdote que camina de prisa para llegar a tiempo a "oficiar" misa en alguno de los templos antiguos que hay en los alrededores; al grupito de chavos ejecutivos de traje sastre y corbata, que atraviesan por ahí buscando un lugar cercano donde poder comer.

Verás también a muchas personas de pie y en plena entrada de El Palacio, esperando a que se lleve a cabo algún "encuentro"... Jóvenes estudiantes sentados en los escalones sonriendo y conversando en pleno pórtico, al lado de las esculturas de "La Juventud" y "La Edad Viril" del artista: André Allar.

Encontrarás también a un grupo de "Hippies" llevando a cuestas sus "rastas" y mochilas cargadas de utensilios, caminando con paso decidido y en dirección directa rumbo al "Zócalo" (que se encuentra a escasa distancia relativa de ahí).

Mis pasos me llevaron hasta ese lugar en una tarde lluviosa, luego de haber caminado un rato desde el hotel, atravesando El Paseo de la Reforma, hasta llegar y doblar en "La Torre del Caballito", para luego pasar por La Alameda Central y después de haber cruzado la acera, dejar atrás el "paraíso de las letras y las historias" conformado por librerías tan importantes como "El Sótano", "Hnos. Porrúa" y "Gandhi".

Durante esos primeros instantes, me "atropelló" -literalmente hablando- la visión histórica de Géza Maroti, autor del águila de bronce con las alas desplegadas a la manera porfiriana, colocada en la cúpula más alta del Palacio, y que además de ser el emblema de nuestro escudo nacional, supongo, fue erigida ahí en remembranza de la piedra de sacrificios, esculpida con una serpiente emplumada, que fue encontrada en ese sitio durante la edificación del edificio.

El sonido de las campanas a lo lejos de la Catedral Metropolitana y el bullicio de los Organilleros (arrancando sonidos de sus pesadas cajas de cilindro), no me distrajeron ni evitaron que me quedara embelesada observando el conjunto escultórico del Italiano Leonardo Bistolfi, con una figura femenina que representa "La Armonía", rodeada de los estados musicales del alma: dolor, ira, alegría, paz y amor... Todos ellos custodiados por un grupo de querubines y las esculturas de "La Música" (Izq) y "La Inspiración" (der).

Al estar ahí, y luego de caminar un poco rodeando las esculturas de la exhibición de José Luis Cuevas (que en en ese momento era albergada tanto en el interior como en el exterior de El Palacio); me llamó muchísimo la atención observar en medio de la explanada a una pareja de jóvenes que no tendrían más allá de 25 años... Su conversación -al momento de pasar justo en el sitio donde yo me encontraba-, giraba en torno a una futura fiesta en la que supongo ambos participarían en la corte de honor.

Así, sin más preámbulo y sin importar que a esa hora pasara mucha gente por ahí, ellos convirtieron la explanada en una gran pista de baile que atravesaron poniendo en práctica los pasos del vals que muy posiblemente en unos cuantos días irían a estrenar.

La visión de esa escena me llevó a imaginar un montón de historias distintas, que quizá podrían haber sido contadas desde ese mismo punto, pero tal vez en otro siglo.

Mi imaginación transformó el lugar y me ubicó a una noche estrellada en la que El Palacio de Bellas Artes, (desde su explanada exterior, hasta el magnífico pórtico con su columnata de Mármol de catarra), dio cabida a un desfile en el que los hombres y mujeres que formaron parte de la aristocrática sociedad, se dieron cita en ese sitio para presenciar una gala de ópera.

¿Cuántos encuentros se podrían haber dado ahí?, ¿Qué se habrá sentido? observar desde el borde de una de esas jardineras al ver pasar al mismísimo Porfirio Díaz, ataviado con su traje militar lleno de condecoraciones y del brazo de su Sra Esposa: Carmen Romero Rubio.

Cuántos hombres apuestos y brillantes, habrán llegado hasta ahí con antelación, para ofrecerse a ayudar a bajar a las damiselas de los carruajes, y cuántos ecos de aplausos se habrán quedado atrapados entre el proscenio del escenario realizado en Budapest y el telón con la imagen de los volacanes mexicanos Popocatepetl e Iztazihuatl, realizado por la Casa Tiffany de Nueva York, para servir de cortina incombustible (único en el mundo dentro de un teatro de ópera).

Muchas, muchas fueron las historias que pudieron haber sucedido ahí... Tal vez alguien se enamoró en ese sitio, dejó ir para siempre a alguien sin despedirse -y al igual que en ese momento yo lo hacía- espero infinidad de veces a otra persona, porque El Palacio de Bellas Artes, además de ser un recinto dedicado a la cultura, ha sido también durante más de 2 siglos "El Punto de Todos Los Encuentros"...

Después de casi 45 minutos con mi cabeza y mis sentidos envueltas en esas historias del pasado y del presente, Fer -mi gran amigo- llegó por fin por mi y su abrazo después de 3 años, seguido de su pregunta: ¿Qué hacemos, a dónde quieres que vayamos?, me hizo volver de golpe a la realidad...

Eso no importó en ese momento, mientras él y yo nos aléjabamos de ahí bajo la lluvia, supe que regresaría al día siguiente, puesto que "Mis Propios Encuentros" también tendrían lugar ahí...

Continuará...

Comentarios

Vane dijo…
Es increíble la capacidad que tenés para transmitir las cosas, que bien las contás, a mi me pasa que me hacés parte de lo que viviste a través de tus letras, yo nunca estuve ahí, pero me imaginé muchas cosas con sólo leer éste post.

Además de la belleza del lugar, me imagino que para le gente que tiene una gran imaginación, debe ser impresionante estar ahí, por eso después salen posts cómo estos, por disfrutar de todas esas cosas, por hacer tuyas las historias, y quien te dice dentro de un tiempo vivas más encuentros ahí.
Si querés cuando vaya a México te espero ahí, y hacemos un súper encuentro de blogueras o de... mejores amigas.

Gracias por hacernos parte de tu viaje!!!

Te dije que te quiero mucho?
José Fernando dijo…
Muy padre tu relato martha. fijate que al leer tu narracion me di cuenta que hay cosas que uno nota como cotidinas y comunes, sin percatarnos de su realidad, que son extraordinarias.
Saludos.
Martha dijo…
VANE:

Efectivamente, Bellas Artes es un lugar tan magico donde a diario coinciden muchas personas y los hilos de sus historias se entretejen por un momento y luego se vuelven a separar.

Sería padrísimo poder encontrarnos tú y yo un día ahí, y lo primero que haría seguramente, sería darte un gran, gran abrazo.

Yo te quiero mucho a ti también.

FER:
¡Estoy súper feliz de que me hayas dejado un comentario!!!

Tú sabes lo que significas para mi y es todo un honor para mi que visites mi blog.

Respecto a lo que me comentas de Bellas Artes, sólo puedo decirte que para mi representa un lugar que te transmite muchísimas cosas: Historia, encuentros, pasado y presente (tal y como lo mencioné en el post) y pues igual y por ser yo una persona que no vive en el DF, pude percibir toda la magia que encierra ese lugar y que las personas que viven en el DF, como lo ven como algo ya muy cotidiano, igual no lo perciben ya.

Ojalá siempre que pases por ahí, tomes eso en cuenta y te dejes envolver por todos los encuentros que se dan ahí.

Porfis, porfis, sigue visitando el blog. ¡¡¡Sabes que es muy importante para mi!!!!
Victoria dijo…
Wow
me encanto tu narración. Coincido, Bellas Artes es un estupendo lugar para reunirse, ahi se han reunido los grandes (dentro) y todos los demas mortales (fuera) te quita el aliento y demuestra algo de lo mucho que la BELLISIMA Ciudad de Mexico tiene que darnos...
Espero con ansias tu siguiente historia...

Victoria
José Fernando dijo…
claro que si martha. ya dejare huella mas seguido por aqui. un abrazo !!!