Entre letras de Agosto.

on viernes, agosto 30, 2019
Últimamente no tengo mucho por decir, pero sigo pensando e imaginando todo en letras...

Me gusta este espacio del día en que me quedo a solas con mis propios pensamientos, mientras allá afuera es de madrugada y el sonido sobre el techo y las ventanas me hacen saber que llueve... Sentada desde aquí es como si me encontrara conmigo misma dentro de esta habitación.  Veo pasar a mi yo del pasado y en silencio la mayoría de las veces me enfrasco en los instantes de otro tiempo que vivía en ese entonces, las cosas que me preocupaban, lo que pensaba a esta misma hora de la madrugada; todo lo que le robaba horas a mi sueño, pero también las cosas que me hacían suspirar y sonreír.

En este último tiempo cuando me encuentro con ese alguien que era yo -no hace mucho tiempo- me doy cuenta que no soy tan igual a como era en ese tiempo y varias cosas han cambiado. Ya no tengo roto el corazón, dejé de preocuparme por situaciones y personas que en el presente ya ni siquiera forman parte de mi mundo; y las noches de insomnio las he cambiado por historias y libros que me encanta como me hacen desprenderme de la realidad y de todo cuanto soy hoy.

Me encanta a cierta hora del día desconectarme del mundo la mayor cantidad del tiempo posible y eso me ha llevado a darme cuenta que nada en absoluto es urgente, y lo que de verdad podría serlo, no pasa nada si apagas el celular y se queda ahí hasta el día siguiente. En una ciudad donde se vive tan de prisa y en una época en que un pequeño aparato permite a todos jugar a ser dioses y jueces dando opiniones que nadie pide, en lo personal valoro tanto, tanto, permanecer en silencio durante días enteros o hablar sólo lo indispensable; pero sobre todo no publicar ni compartir nada de lo que es valioso y hermoso para mi.

Así he llegado hasta este penúltimo día del mes de agosto de un año en el que ni siquiera me imaginé estar y ser así cuando era niña... Aún tengo muchas preguntas y la misma curiosidad por descubrir cosas como en ese entonces; pero a diferencia de ese entonces no me desespera que las respuestas no lleguen tan pronto; porque sé que nunca he tenido el mapa completo y la historia de mi vida (aunque sea yo quien a diario la escriba y en el presente esté más consciente que nunca de eso); se va plasmando en Páginas Sueltas que dejan de estar en blanco. una por día.

La de hoy está llena de suspiros en una madrugada con lluvia, de montones de libros con historias interesantes e increíbles que aún tengo pendientes por leer. De pensamientos e ideas que me llenan la cabeza tanto como el alma; y que me llevan a cuestionarme con emoción si acaso me alcanzará la vida para poderlos compartir aquí.

Si tú hicieras lo mismo y me sentara junto a ti, ¿Qué habría entre tus páginas que pudieras compartirme?... ¿Habría una sonrisa? ¿la descripción del amanecer más bonito que has visto en estos días? ¿La narración de una película interesante que viste hace poco? ¿O quizá la letra de una canción o el recuerdo de una anécdota divertida?

Mi curiosidad por saber es tan grande, como lo es mi deseo a veces de que mi cuerpo físico no se sintiera tan cansado, para quedarme toda la noche aquí escribiendo y contándote en letras todo lo especial que hay en lo rutinario para agradecer.

En silencio y de madrugada se pueden compartir tantas cosas... Hablar del modo más sincero de las cosas que soñamos y también de las que nos preocupan y nos asustan, del mismo modo que en la oscuridad los suspiros pueden ser tan visibles y hacer que presindas de palabras en los días de la semana en que justo antes de cerrar los ojos, alguien te toma de la mano y te encamina con un beso hacia el país de los sueños.

En el espacio que hay entre el último día de un mes que termina y la antesala del primero que marca el inicio de uno nuevo, los sueños y los planes son mucho más grandes que los fantasmas del pasado y los recuerdos de otro tiempo... En este instante los veo pasar, pero ya no los sigo... El tiempo en el mundo real se ha agotado por hoy, pero entre letras de agosto y antes de que se me cierren los ojos eso es lo que hay ahorita, y es también lo que en letras hoy te he querido decir.

Ángeles entre nosotros...

on sábado, agosto 24, 2019
Desde siempre creyó en ellos, pero aquella tarde ni siquiera los tenía en mente...
Era ya tarde, y la prisa propició que su velocidad fuera tan insuficiente contra el tiempo y la distancia que todavía eran necesarias para llegar a tiempo a su trabajo.

En plena canícula de verano, los días así se transformaban en un infierno. Era quizá por eso que su mente estaba tan en blanco como un lienzo, que tampoco se dio cuenta cuando en un segundo el cielo se volvió negro.

No era tiempo de lluvia, pero la agresividad repentina del viento y las primeras gotas que empezaron a caer sobre el pavimento, de pronto, a la par de hacerle volver de manera tan abrupta a la realidad, le recordaron también que faltaban más de 100 metros antes de llegar hasta la puerta que marcaba el final de su camino.

Aceleró el paso todavía un poco más, resignada a la idea de que además del tiempo de retardo, llegaría hecha una sopa.

El mundo real y sus complicaciones suele ser tan acaparador y rutinario, que no da espacio para la magia... Esa que permite (cuando el alma no está tan dormida); que sea capaz de ir en libertad mucho más allá.

Por eso fue que le sorprendió tanto que justo en el instante en que las gotas se volvieron más fuertes y constantes, a unos cuantos metros una camioneta de color blanco se detuvo entre todos los autos. Tras descender el cristal del lado del conductor, dejó al descubierto a una chica desconocida, quien desde ahí y en imperativo, le expresó una sola frase:

-¡Sube!, yo también voy para allá.-

No la conocía, jamás la había visto tampoco, pero a pesar de eso no le inspiró en ningún momento ni media pizca de desconfianza.  

En cuanto estuvo en el asiento y cerró tras de si la puerta del vehículo, el cielo comenzó a deshacerse, llenando las aceras y todo lugar descubierto de gotas suicidas que hacían retumbar toda superficie al unísono. Eso era lo menos importante, puesto que en el interior de aquella camioneta una sonrisa espontánea enmarcó el comienzo de una breve charla.

-Yo también ya voy tarde... Aunque no tengo muy claro cuál es la hora de entrada. Soy nueva y hoy es mi primer día de trabajo..

Caminando, el trayecto hubiera sido una eternidad, pero dentro del vehículo, apenas si fue un instante. La chica desconocida detuvo su vehículo justo en la entrada del edificio principal, y con una sonrisa entre divertida y pícara, dijo que su camino aún continuaba hasta el complejo de la planta contigua que estaba todavía más allá y que "rogaba" por encontrar un lugar libre en el estacionamiento.

Sin duda alguna un encuentro casual (como a diario suceden tantos)... De momento ni siquiera tomó consciencia de eso, y no fue hasta que caminaba por el pasillo azul, directo a su área de trabajo que se percató al pasar cerca del reloj controlador de accesos que no sólo había llegado muy a tiempo, sino también que a pesar de que afuera las nubes seguían desgajándose contra el techo, su ropa y su cabello estuvieron intactos gracias a esa desconocida que entre toda la gente que a diario pasa, se detuvo en el instante perfecto.

Nunca más la volvió a ver... Algo demasiado extraño dentro de una empresa donde entre edificios existen áreas comúnes y lo habitual era conocer los rostros de las personas que a diario acudían a trabajar dentro de los complejos que conformaban la empresa.

Durante varios días estuvo atenta sin que sucediera nada más allá de lo habitual.... Incluso en el área donde se dio el encuentro tan breve.
La chica de la camioneta blanca tal vez era alguien tan normal como lo puede ser cualquier otra persona, pero en un día de lluvia y prisa se convirtió sin saberlo en una emisaria del cielo que en un punto y momento tan precisos, trajo un recordatorio del cielo, referente a que la ayuda o las cosas que en realidad uno necesita (y en ocasiones hasta sin saberlo); aparecen de la forma que menos se imagina.


Los ángeles están cada día entre nosotros... Hace mucho que dejaron de usar alas y túnicas largas de color claro ceñidas a la cintura con lazos dorados... Salen todos los días de casa muy temprano, vestidos de traje o hasta con ropa cómoda (para trabajar en un hospital o consultorio); o pueden andar por ahí, llevar mochila y ser el desconocido que te ayuda en jeans a cambiar la llanta ponchada de tu auto de camino al trabajo, o quien a pesar de llevar prisa, hace una pausa en su camino para ayudarte si te quedas varado en medio de una calle en una ciudad que ni siquiera conoces o en pleno aeropuerto.

Yo no te sé decir si las alas pasaron ya de moda o si las tendrán arrumbadas en casa, colgadas junto a la ropa de invierno dentro del closet o en un perchero... Lo que sí sé es que esta mañana o cualquier otra de otro tiempo, (mientras te arreglas), tal vez ni siquiera te pasa por la cabeza que ese ángel puedes ser TÚ.

Ecos de Luz

on lunes, agosto 05, 2019
Hoy viajé a la velocidad de siempre (299,792.458 metros por segundo) y en mi alocada carrera fui a dar por los angostos resquicios de una persiana metálica ubicada en lo alto de un edificio tipo galera enorme.

Al entrar, alguien ahí quiso atraparme... Pero sus ojos, al igual que el pequeñísimo obturador de la cámara en su teléfono, eran demasiado lentos para mi.

Yo por mi parte, quise aprovechar esa pausa en el camino para divertirme un poco. Tenía apenas un sólo instante para hacerlo, así que volví brillantes todas las superficies metálicas y cristalinas que encontré a mi paso; hasta que reboté sobre la mesa de trabajo de quien me quiso atrapar, y al encandilar sus ojos con la intensidad de mis rayos, fue que me di cuenta que era una mujer.

El tiempo es el que a veces logra medio igualarme el paso; y fue quien me hizo saber que había llegado ya el momento de irme.

Comencé a alejarme haciendo cada vez más tenue el haz luminoso que fue la prueba evidente de mi paso por ese edificio. Volví a correr para retomar mi camino en dirección hacia el otro lado del océano, pero esta vez el pensamiento de la mujer con quien estuve jugando dentro de aquel enorme lugar iba a mi lado, pues había decidido seguirme los pasos.

Para mi fue tan inusual como sorprendente contar con compañía; pero debo contar que decidí permitir que viajara conmigo, porque en la décima de segundo en que esa mujer y yo nos encontramos, fue justo un lapso de tiempo en el que ella había pasado la mayor parte del día sin pronunciar palabra alguna (en el sentido de usar las palabras y su voz tan sólo para pedir o comunicar cosas tan indispensables como cotidianas); por eso fue su alma, la que en un impulso audaz logró que su pensamiento fuera tras de mi.

Soy LUZ, puedo viajar y desplazarme de la manera que nadie más lo hace... Es por eso que la definición de tiempo como tal, para mi no existe. Aunque en ese día, si tenía marcado ya un destino o punto de llegada, no tenía prisa; así que antes de cruzar el meridiano que divide el espacio del tiempo en la tierra; envolví el pensamiento de esta chica (tal y como si la tomara a ella misma de la mano); para llevarlo a mi propio paso, para que fuera mi cómplice y viera las cosas que debo hacer antes de marcar el final del día; y es justo lo que nadie más allá puede ver y me hace ser mucho más que un simple fenómeno natural de refracción o radiación perceptible a la vista humana.
El primer lugar a donde llegamos juntos fue al pie de una ventana donde pacientemente nos esperaba un hombre ya mayor que sujetaba con una de sus manos una porción de la tela de la ventana que cubría parcialmente los cristales abiertos.

Cuando llegamos ahí lo que era triste y sombrío de pronto se volvió tan luminoso; y a la par del viento que lo hizo suspirar y entrecerrar sus ojos como dando gracias por haber terminado su prolongada espera con nuestra llegada; sonrió como si pudiera vernos y tocarnos... Ya no era necesario hacerlo con sus ojos o sus manos; pues todo lo que era él de verdad se había quedado abandonado reposando sobre la cama a unos cuantos metros del inmenso marco de madera a través del cual habíamos entrado...
Sí, era ya su tiempo...Ni siquiera quiso mirar hacia atrás cuando su figura se disolvió junto a las partículas de polvo que dejaron de ser visibles cuando nos alejamos de ahí.

Él no era el único... En la fracción de tiempo que entramos y salimos le mostré una de las cosas más sorprendentes que quizá ella ni siquiera hubiese imaginado: Puedo ser tan omnipresente como el mismísimo Dios o el pensamiento humano; pues mientras nos alejábamos volando, le hice saber que a medida que recorría cada uno de los huecos donde nos aguardaba esa alma, que en cada uno de los pisos y ventanas ubicados entre altos muros de ese mismo lugar; había otras personas que también se asomaban esperando que yo pasara, les acariciara el rostro con mi calidez, para luego tomarlos de la mano... Aunque claro, también había una que otra alma nueva que de cuando en cuando me tocaba depositar con un suspiro profundo y a la altura del pecho, dentro de un nuevo y pequeño disfraz...

Mientras nos alejábamos de ahí le conté que esa era la parte que más me gustaba de lo que podría llamarse "mi trabajo". Que así como entré y salí en unos cuantos segundos del edificio donde todos los días yo iba y la visitaba (pero hasta hoy nos habíamos encontrado); la parte más importante de mi misión era crear en un micro segundo esa escalera hacia el cielo que de cuando en cuando se ve entre las nubes y que es justo el punto de acceso por el que quienes llegan o se van de este mundo transitan.
Ella sonrió, pues esto último le confirmó que de verdad servían entonces sus oraciones silenciosas al final del día por todos aquellos que llegan a este mundo, al igual que los que se van.


Que ella me contara eso mientras nos alejábamos de ahí me puso de muy buen humor;  así que decidí sorprenderla mostrándole todavía un poco más y en la travesía hacia un punto donde le dije que le tenía preparada una sorpresa, la llevé por el camino largo, justo ese que conducía hacia la orilla de la tierra y que representaba la parte final de mi recorrido cada día.
Yo sabia bien que en ese punto, a mi paso, siempre sucedían cosas sorprendentes y mágicas. Esta vez no fue la excepción, ni tampoco me equivoqué al decidir hacerlo, pues a nuestro paso, encontramos una impresionante ballena jorobada que con el simple hecho de tocarla yo de manera superficial, nos regaló a través del espiráculo que la madre naturaleza le regaló para respirar después de un tiempo prolongado bajo la superficie, un hermoso suspiro materializado en arco iris.

Ella quedó fascinada, pero aún faltaba la mejor parte de ese viaje, así que girando a través del viento y del espacio la llevé hasta el punto donde ya en la ciudad y en medio del tráfico; juntos e invisibles nos deslizamos a través del tablero de un auto varado en el tráfico de las cinco de la tarde,  y donde una chica hermosa sonreía mientras hacía planes para el fin de semana con el teléfono prensado de forma leve entre su oído y hombro.

Era obvio que sabía de quien se trataba y reconoció al instante esa conversación que se dio un punto indeterminado del tiempo... Al respecto yo sólo pude argumentar que cada día, (si me daba tiempo aún), me gustaba pasar así, rápido y de improviso haciendo brillar los ojos de las personas que tenían ilusiones y eran felices... Ella lo entendió muy bien, aunque me preguntó que pasaba con quienes estaban tristes; y tan sólo me limité a contestar que a ellos tan sólo podía regalarles un poco de calidez y al mismo tiempo un punto de distracción del mundo y sus trivialidades, haciendo que me siguieran hasta el punto donde visualmente ya no fuera posible...

La verdad no recuerdo si le mostré más cosas... Tampoco puedo decir si nuestra aventura de ese día fue corta o prolongada; pues aunque dicen los que saben que mi propia velocidad al propagarse a través de la materia se hace lenta o rápida; -como dije antes-, la concepción del tiempo para mi no existe, así que si esto sucedió en una millonésima de segundo o en varias horas, tan sólo recuerdo que cuando me tocó llevar a su pensamiento de regreso, era ya de noche y su cuerpo físico seguía trabajando aún dentro del mismo lugar.
Estaba tan fascinada que se olvidó de darme las gracias... No me atrapó, pero ya muy tarde, después de que me había ido, todo el camino de regreso a casa se la pasó escribiendo sobre todo lo que le compartí en nuestra pequeña odisea de ese día, para que ni el tiempo ni el olvido difuminaran todo lo que su mente le contó a su alma que vio durante esos Ecos de Luz.