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Remembranzas Fantasmagóricas (Parte V).


Era una noche fría y con viento la que marcó el espacio para un nuevo amanecer en el plano ya inexistente de los fantasmas y sus remembranzas. Como para ellos el tiempo no existía, no se daban cuenta de que su "realidad" se interrumpía en el instante mismo en que al alba coloreaba el cielo con tonos rosas y naranjas.

La vida -si es que así se le podía llamar a la rutina que seguían en su propio mundo ya irreal desde hacía más de un siglo- continuaba en base a la disposición de los objetos personales y muebles que alguna vez fueron de ellos, en las diversas salas del museo de La Ex-Aduana.

Aquella madrugada, las condiciones del tiempo no eran muy favorables para nadie afuera de los 4 muros de esa edificación tan antigua. Como esa era una de las pocas cosas en las que no existía diferencia entre el mundo de los fantasmas y los vivos, el "amanecer" de aquella madrugada en su plano y tiempo, para ellos representaba el inicio de un día bajo un clima similar.

Ese había sido el mejor pretexto para que las amigas de Doña Águeda -quienes no tenían otra ocupación mejor que entretenerse con frivolidades- volvieran a reunirse; pero esta vez en la recámara de Margarita con la intención de pasar las horas enfrascadas hasta en el más mínimo detalle del Vestido de Novia, que luego de tantos ajustes había quedado por fin terminado.



La tarde anterior, el mismísimo Charles Frederick Worth, llegó hasta la puerta de la casa de La Familia Alcaraz para entregar personalmente (y mucho antes de la merienda), el ajuar de novia que empaquetado con todo cuidado en una caja con forma y tapa cilíndrica (muy a la usanza de los paquetes en los que se guardaban las compras hechas por las damas de alcurnia en Europa); lo puso en manos de Doña Águeda, con la única diferencia de que esta vez, en la parte superior, en lugar de tener la firma de alguna casa de moda parisina o de España, contaba con la leyenda en letras doradas que decía: "Le Meson Worth".

El mal tiempo que prevalecía en el exterior, les otorgó el mejor pretexto para poder dedicarse de lleno a eso; Doña Águeda, Verena, Eustolia y Lorenza llevaban horas y horas discutiendo si Margarita debía llevar o no una "Crinolina" con el vestido de novia, pues según Eustolia -que era una mujer que pocas veces se podía quedar callada-, las damiselas que la usaban eran concebidas como "criaturas dulces e indefensas" que debían ser protegidas, pues este accesorio volvía "inalcanzable" a la mujer ubicada en el epicentro de esa estructura conformada por alambre y telas volantes, y justamente, así era como una "señorita decente" debía ser: bella, recatada y sumisa, pero sin ser demasiado "accesible"...


Tal como si fuera un monigote, Margarita permanecía al centro de la habitación vestida únicamente con la característica ropa interior de aquella época: un traje de algodón de pantaloncillo corto y una delicada blusita con tirantes de holán que le cubría casi en su totalidad el cuerpo desde los hombros hasta las rodillas.



En silencio y con toda la paciencia del mundo, en medio de todas esas mujeres, Margarita permitió que le pusieran y le quitaran una y mil veces el vestido y la crinolina. La hacían girar en una dirección y otra, mientras todas esas mujeres con sus manos puestas en el vestido, simulaban ajustes inexistentes en la tela que cubría la parte de la cintura, los hombros o el rebase de la bastilla. Mientras al mismo tiempo discutían si los zapatos combinarían con el color del vestido o si Margarita debería optar mejor por usar un número de calzado más pequeño del que ella requería, pues en esa época, esa era una práctica muy común entre las mujeres, con el propósito de que el pie no creciera y se viera todavía más "estilizado".


Ellas no se daban cuenta, pero mientras su conversación giraba en torno a que si las bodas eran o no uno de los acontecimientos sociales más importantes para la gente de su círculo, o de si las novias preferían los colores vivos para esta memorable ocasión, por momentos se olvidaban de que dejaban a Margarita en una posición incómoda: demasiado tiempo con los brazos extendidos, de pie, ligeramente inclinada, con el corsé demasiado ajustado etc.

En un principio logró dejarse envolver por la charla de aquellas frívolas mujeres. Aunque como joven, tenía una manera muy distinta de ver las cosas y nunca congenió con la forma de ser de todas ellas, en ocasiones le resultaba entretenido escucharlas; no sólo porque se daba cuenta de lo superficiales que eran, sino porque siendo una mujer tan inteligente, Margarita había aprendido no sólo a conocerlas, sino también a analizarlas; al grado de haberse dado cuenta de que muchos de los prejuicios que caracterizaban la ideología de cada una de las amigas de su madre, se basaban en la ignorancia, en algún juicio erróneo, y hasta muchas de las veces en las carencias afectivas que cada una tenía, y que por lo regular se ponían de manifiesto en todas esas cosas de las que constantemente hacían alarde de presunción.
Pero no todo era negativo, a pesar de haber crecido en medio de ese ambiente tan frívolo, en el que las normas a seguir eran dictadas por la sociedad, Margarita sentía un profundo aprecio por cada una de esas mujeres. Para bien o para mal, la conocían desde que era niña y al igual que su madre, querían lo mejor para ella...
Era simplemente eso, que tal vez por la apertura de pensamiento que había adquirido a través del conocimiento, logró desarrollar una madurez y sensibilidad muy especiales, lo que en realidad era importante; pero al mismo tiempo era algo que parecía estar totalmente fuera de lugar para una mujer joven de esa época.

Eustolia, Verena y Lorenza, continuaron inmersas en su "burbuja", hablando de los tiempos en que los vestidos de las novias eran diseñados en color azul, rosa, verde, café oscuro y hasta negro; una tradición muy arraigada si se tomaba en cuenta que los tonos oscuros en la tela ayudaban a que el traje se mantuviera limpio durante más tiempo y sirviera todavía después como vestido de gala una vez que pasaba ya la ceremonia nupcial.


A todas les provocó risa que Verena dijera que si su abuelita viviera, habría vuelto a morir de la impresión que le provocaría saber que la existencia de esos artefactos del demonio que fabricaban "vestidos a lo loco" echaría abajo su sueño de que su viejo y desteñido vestido negro siguiera siendo usado por las mujeres más jóvenes de la familia...


Por fortuna los "adelantos tecnológicos" del Siglo XIX hicieron no sólo posible que el sueño de muchas mujeres de casarse de blanco se volviera realidad, sino también que la tradición del vestido nupcial negro se perdiera cuando la sociedad comenzó a considerarlo como un augurio de mala suerte.


Aunque Margarita no decía nada, luego de casi 3 horas en los que su madre y sus amigas hicieron y deshicieron con ella y su vestido, finalmente se aburrió. No protestó en lo absoluto, pero bastó que por un momento volteara a ver hacia la ventana, para que a pesar de la intensidad del viento, (acompañada de ráfagas de polvo en forma de tolvanera); que llegaba para estrellarse con fuerza frente a los cristales, y hacía prácticamente imposible la estadía de cualquier persona en el exterior, ella deseara aún así, estar muy lejos de ahí.

La verdad era que aunque físicamente seguía siendo "El Conejillo de Indias" de Doña Águeda y sus amigas; su mente se hallaba ya muy, muy lejos; pensaba en su amiga Verónica, en que hubiera dado cualquier cosa por haber podido estar en casa de ella, en lugar de ahí.

Después de un par de meses en los que funcionó "el plan" que ideó aquel día en el que se acercó a ella en el parque, con el pretexto de realizar un dibujo de su pequeña hija Ximena, los encuentros y las charlas entre ellas en ese lugar se volvieron mucho más frecuentes, y aunque en un principio Verónica se mostraba un tanto desconfiada y recelosa de su privacidad; las cosas comenzaron a cambiar cuando luego de mostrarle su cuaderno de notas y dibujos, La Viuda de Altamirano quedó fascinada; pues fue prácticamente a través de eso, que se dio cuenta de que Margarita no era en lo absoluto como las demás mujeres que desde siempre se dedicaron a señalarla y muy por el contrario: era una chica muy parecida a ella en cuanto a personalidad, gustos y forma de pensar.

Pero la sorpresa de encontrarse con una persona totalmente distinta a lo que parecía no fue sólo para Verónica. Sumado a lo agradable de sus charlas y al montón de cosas que comenzaron a compartir desde las primeras conversaciones; la primera vez que Margarita aceptó la invitación para ir a comer a casa de su nueva amiga; jamás se imaginó que ese día se abriría también ante sus ojos la posibilidad de conocer y entrar a un mundo que para ella resultaría ser fascinante...

Continuará...

Comentarios

Vane dijo…
Por fin la quinta parte de estas remembranzas, aunque insisto que siguen siendo cortas –snif-, es que me apasiono leyendo y cuando me doy cuenta terminó y tengo que esperar al próximo capítulo, eso es lo único que no me gusta, para los que sufrimos de ansiedad esperar es un tortura, pero también pienso que es buen ejercicio, porque si algo te gusta y lo disfrutas poco a poco el placer que produce dura más.

Pobre Margarita, por su forma de ser tan linda y poco común para la época debe ser desesperante aguantarse todo lo relacionado a la boda, y sobre todo a la madre con sus amiguitas, ya sé que estamos hablando de fantasmas pero yo sé que en la historia hubieron muchas Margaritas, y también hubieron otras que se rebelaron a todo ese protocolo de la época, ahora falta saber que es lo que hará Margarita. ¿Podrá su espíritu aguantarse todo eso? ¿Será capaz de luchar por lo que realmente siente? ¿Y si se da cuenta que su futuro esposo es lo que ella espera, y en él encuentra el apoyo que necesita y pueda alcanzar sus sueños? Es inevitable para mí, cada vez que me pierdo en estás historia me quedo pensando en la siguiente parte, y las decisiones que pueden tomar los personajes, porque más allá que sea una historia protagonizada por fantasmas es una historia al fin y al cabo, y como tal te atrapa todo lo que se desarrolla ahí.
Tuve que llegar al final del post para enterarme que Verónica y Margarita si se encontraron y ya son amigas, yo creo que ellas dos se van a volver tan cómplices que una va a potenciar a la otra, y esa amistad será el refugio para escaparse de todo lo que afuera pesa tanto, o tal vez juntas puedan llegar muy lejos, apoyándose y encontrando el valor que necesitan para enfrentar una realidad que les afecta mucho.
Ya te lo dije en el comentario que te dejé en la cuarta parte, la historia de Margarita y Verónica es muy familiar para mí, siento que la viví, siento que a mi me pasó, y en mi camino encontré a una Verónica a la que tuve unas inmensas e inexplicables ganas de conocer, y un impulso me llevó a su puerta y yo creo que entré si golpear, no sé si te conté de esa niña que obviamente no se llamaba Verónica jijijijiji.

¿Cuando termines de escribir estas remembranzas me la regalás?, después te voy a hacer una lista de todos los posts que quiero, con los cuales yo voy a hacer algo, no sé, algo que se llame historias en las que me perdí, o algo así. Andale, andale, andale, porfis, porfis, -acá hay un Silvestre con unos ojitos tan tiernos pero no se ve-, andale, andale porfis, porfis, ¿me la regalás?.

Te quiero agradecer por estas historias, la verdad que las disfruto muchísimo, por eso soy tu amiguis-fan.

Que tengas un hermoso día, te dejo millones de abrazos, y no te olvides que te adoro.