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"Remembranzas Fantasmagóricas" (Parte XIV).


Faltaba un cuarto de hora, para que dieran las 7:00 am; cuando unos pasos enfundados en unas zapatillas negras cruzaron el pasillo central de marmol de la Catedral de Puebla.

A pesar de ser las primeras horas del un día ordinario, algunas de las bancas del templo ya se encontraban ocupadas por feligreses, quienes arrodillados en los reclinatorios de madera, buscaban una solución a sus problemas terrenales en forma de respuesta a sus plegarias.

Adentro de ese recinto, todo era silencio; así que por eso eran perceptibles en todos los rincones, los sonidos que caracterizan a un inicio de día: El trinar de los pájaros que anidaban en los árboles y recovecos cercanos, así como la segunda campanada en señal de preludio de la primera misa de esa mañana.



Pareciera que no, pero a esa hora, las aflicciones del alma también apremian; por eso, la poseedora de esas zapatillas de raso oscuro atravesó el camino central a toda prisa, y tras detenerse tan sólo por un instante frente al altar -con la única intención de santiguarse en señal de respeto y reverencia hacia "El Santísimo"- (que se encontraba ya expuesto), dobló hacia la izquierda y puso así fin a ese andar apresurado; justo a la entrada del confesionario que se encontraba muy cerca de la puerta del pasillo que conectaba a la iglesia con la casa parroquial.


El Sacerdote ya estaba dentro de ese mueble de madera en el que hombres y mujeres por igual, en pleno secreto de confesión intentaban expiar sus culpas.

En cuanto el tablón de madera crujió como indicio inequívoco de que alguien estaba ya arrodillado en el exterior del confesionario. Entonces la portezuela se abrió.

- Ave María purísima...-
- Sin pecado concebida Padre.-
- Y bien... Dime hija, ¿cuáles son tus pecados?-
- Me acuso Padre, de no tener el valor para revelar una verdad acerca de una persona que no es como todo mundo piensa.-
- ¿Y por qué no lo haces, ¿peligra la vida de alguien?... Sólo en el caso de que no sea así, tú misma estás incurriendo en pecado mortal por omisión...-
- Lo sé Padre, pero a pesar de que es tanto el daño que esta persona ha hecho, ya ha pasado mucho tiempo, y temo que la persona que lo debe saber no me crea...-
- ¿Y por qué no lo intentas?-
- Porque tengo miedo Padre, ¿qué tal si resulta que esa persona ya lo sabe y entonces me doy cuenta que ella tampoco era como yo creía... La sola idea de pensar que esto que yo me he callado, ella lo ha sabido durante todo este tiempo y no me lo ha dicho, me llena de rabia y los odio a los dos.-
- Hija, yo creo que tu problema va mucho más allá de el hecho de si debes o no revelar esa verdad; más bien tú no estás en paz contigo misma...-
- ¿Entonces qué puedo hacer Padre?-
- Recuerda que no es bueno odiar, anda ve a tu casa y como penitencia te dejo que reces 10 aves Marías antes de dormir... Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, del Hijo...-

La mujer salió de la capilla, más desconcertada que aliviada, definitivamente un Sacerdote estaba muy lejos de entender ese sentimiento que le provocaba una opresión en el pecho y Dios era testigo de que durante mucho tiempo había intentando perdonar a aquel hombre del que habló en el confesionario, pero todo era mucho más complicado por el simple hecho de que ahora estaba involucrada su Mejor Amiga.

Al llegar a la puerta principal y atravesar el umbral que separaba a aquel recinto religioso de la calle, la mujer se despojó del chal que cubría su rostro y gran parte de su cabeza, para entonces dejar que el viento tibio de la mañana terminara un poco con la formalidad con la que había acomodado sus cabellos al amanecer, poco antes de salir de casa.


A pesar de que su rostro era hermoso, su mirada -si alguien se hubiera fijado en eso- se percibía demasiado triste y mientras caminaba de regreso a su casa, una pequeña ave que llevaba en el pico un trozo de rama pequeña y pasó de pronto volando muy cerca de ella, la asustó por lo repentino y cercano de su contacto, sacándola de golpe de sus propias abstracciones.

Cuando eso sucedió, por inercia ya no pudo dejar de verla y la siguió con la mirada hasta que el ave fue y se posó en un árbol cercano, tras el cual sobresalía el fondo de una plaza y más allá de eso una perspectiva impresionante de la ciudad sobre la cual el nuevo día se estaba extendiendo.

Era tan impresionante la vista, que aquella mujer, que no era otra más que Verónica, se quedó maravillada ante semejante visión y en especial cuando descubrió un pequeño haz de luz que se filtraba entre un montón de nubes... Cada rayo era como una escalera al cielo y pensar en eso inundó su alma de una infinita paz.

Entonces comprendió que la solución la tenía ella misma y si de verdad quería aliviar el peso que llevaba por dentro, tenía que hablar con la verdad, aunque eso implicara tener que asumir las consecuencias. En todo ese tiempo en que prácticamente huyó para evadir su responsabilidad, la pasó muy mal por el simple hecho de que no hizo lo correcto.

En ese momento y en ese lugar, decidió lo que no había tenido el valor de hacer desde hacía mucho tiempo. Dejaría la casa de sus padres y volvería a la suya lo antes posible para buscar a su amiga: pero por lo pronto tenía que avisarle o hacerle saber de alguna forma que necesitaba hablar de un asunto importante con ella, así lo haría y estaba decidida: al menos así materializó ese deseo, en el instante en que con gran determinación, llegó a casa de sus padres, y luego de cerciorarse de que su pequeña hija estaba en buenas manos, se encerró en una habitación de esa casa que para ella había sido muy importante en el pasado, para desde ahí empezar a desahogar a través de una carta toda esa verdad que ya le era imposible callar más….

******************




Esa misma mañana, pero a cientos de kilómetros, Margarita quedó maravillada por la hermosa vista al pie del cerro del “Capulín”, justo cuando el carruaje en el que viajaba al lado de su prometido, estaba a punto de tomar la avenida que llevaba con rumbo al Castillo de Chapultepec.

Aquella mañana tanto ella como Fernando habían llegado hasta ahí para atender a la invitación que el General Porfirio Díaz les hiciera extensiva unos cuantos días previos (tanto a ellos como a otro grupo de personas) durante la gala para celebrar la entrevista con el Presidente Taft.

Esa noche, con el pretexto de disfrutar todos juntos de la “proyección” de las imágenes tomadas apenas unas cuantas semanas atrás por los Hermanos Alva (en tan importante acontecimiento), el mandatario, se comprometió a organizar una tertulia en la que el cinematógrafo sería el principal atractivo. La cita, tendría lugar en aquel castillo que la Familia de El General (a pesar de tener su residencia oficial en la Casa No. 8 de La Calle Cadena), usaba como casa de campo en la siempre cosmopolita Ciudad de México.

El General Porfirio Díaz y su familia.

A estas alturas del partido, tanto Fernando como Margarita sabían que ninguno de los dos eran partidarios de las fiestas superficiales que con tanta frecuencia eran organizadas por el círculo de personas que pertenecían a la selecta clase social -de la que para bien o para mal, ellos dos formaban parte- pero aún así, esta vez era diferente y Fernando supo que no se había equivocado en invitar a Margarita para que lo acompañara como su prometida, para atender a esa invitación del General Díaz, porque estaba más que seguro que ese viaje, además de unirlos todavía más, sería una oportunidad perfecta para que ella, con el pretexto de acompañarlo, conociera y aprendiera cosas nuevas.

Fernando sabía que su prometida era una mujer muy inteligente, a la que a diferencia de otras chicas de su clase, (a quienes lo único que les importaba era conseguir un “buen partido para casarse”), ella poseía un espíritu osado y curioso que la llevaba siempre a cuestionar y a tratar de aprender sobre diversos temas que en esa época estaban reservados casi de modo exclusivo para los hombres.

Margarita no sólo era una chica con un bagaje cultural muy elevado, sino que además tenía ideas propias y un criterio que se había formado a raíz de procurar estar siempre al tanto de todo cuanto sucedía a su alrededor; pero sin duda alguna lo que a Fernando lo había cautivado, era que a pesar de ese grado de intelectualidad, Margarita seguía siendo una chica sencilla que no perdía la capacidad de asombro, y eso era algo que a él lo tenía fascinado y propiciaba al mismo tiempo que se sintiera cada vez más atraído hacia ella, puesto que eso era algo que él jamás había percibido en ninguna otra mujer, y por ende, ante sus ojos la volvía todavía más especial.


No dijo nada, pero no pudo evitar sonreír cuando se dio cuenta que al ir subiendo la carreta por la colina que llevaba directo a la entrada principal de El Castillo de Chapultepec, sin despegar el rostro de la ventanilla, Margarita iba totalmente inmersa en la belleza del paisaje.

Fernando disfrutó mucho descubrir una chispa de entusiasmo en el color oscuro de sus ojos; y le pareció aún más hermosa que nunca, porque parecía una niña traviesa cuando de vez en vez volteaba a verlo para compartirle entusiasmada la emoción que le producía descubrir todo cuanto había en los alrededores del castillo.

Permaneció unos minutos así, y todavía mientras el carruaje en que viajaban iba ascendiendo, Margarita se retiró de forma repentina de la ventana e hizo algo que a Fernando le sorprendió: Fue, se sentó al lado de él, sacó de una especie de morralito (que siempre cargaba para todos lados), su eterna libreta de dibujos y algunos lápices de carboncillo; y con toda la intención de compartirle las ideas generadas por la emoción que estaba experimentando, comenzó a bocetar los primeros trazos de un dibujo en el que se proyectaba la edificación a la que estaban a punto de llegar.

Fernando no dijo nada, se limitó a escuchar con atención todo lo que ella le decía, y además de parecerle fascinante la forma como ella hablaba de algo que era evidente le provocaba entusiasmo, él se dio cuenta (desde el instante en que no dudó en sentarse al lado suyo y romper así el “protocolo” de la distancia permitida entre una pareja, y además explicarle cada cosa mirándolo a los ojos), de que Margarita además de tenerle confianza, se sentía cercana a él ya.

En silencio agradeció por eso y pensó –sin decirlo- en que era un hombre afortunado, pues en otro tiempo, y si hubiera sido otra mujer quien en ese momento lo estuviera acompañando, muy probablemente estaría más preocupada por su apariencia, y con toda seguridad habría dejado pasar la oportunidad de disfrutar del paisaje por ir concentrada en la cantidad de cosméticos guardados en el interior de un “neceser”.

Margarita interrumpió su diálogo, cuando se dio cuenta que durante todo ese tiempo ella acaparó por completo todo ese espacio en el que podía haberse dado una buena conversación… Se sintió apenada e incluso se ruborizó cuando descubrió que Fernando no había dejado de verla con unos ojos que reflejaban una dulzura que la estremecía y que la hacían sentir algo especial, pero al mismo tiempo extraño, tal y como si flotara, fuera de lugar.

Si hubiera sido más valiente, le habría sostenido la mirada, pero junto a él se sentía tan bien mostrarse tan frágil y vulnerable que se limitó a desviar su mirada mientras se distraía jugando con el cuello de su camisa y le preguntaba al mismo tiempo: ¿cuál era el motivo por el que le sonreía así?

Fernando le tomó las manos, aprisionándolas con delicadeza junto a las suyas y luego de besarlas con toda la calidez y respeto que le fue posible, le acarició el rostro y mientras la miraba otra vez directo a los ojos se limitó a decirle que era simplemente porque le causaba emoción que ella hubiera podido acompañarlo en ese viaje y justo en ese instante estuviera ahí junto a él.

La piel de ella se erizó cuando posterior a decir esto, un silencio se abrió en ese espacio en el que los rostros de ambos estuvieron frente a frente y se veían reflejados, uno en la mirada del otro… Ella deseaba con todas sus ganas que le diera un beso, y Fernando, aunque ansiaba lo mismo, sabía que a veces uno solo no es suficiente, y conociendo de antemano el camino (y el hecho de que ya estaban muy cerca de El Castillo), le costó trabajo, pero al final logró ser el caballero lleno de prudencia, que la razón le dictaba ser.

Margarita era una mujer demasiado valiosa, como para dejarse llevar por un simple arrebato… Así que el beso apasionado que estaba destinado a sus labios, terminó por plasmarlo con toda la delicadeza del mundo en su frente; para luego, envolverla entre sus brazos para que a pesar de todo permaneciera cerca.

Fue así, como durante el resto del trayecto, Margarita sintió que aquella primera visita al Castillo de Chapultepec era como un sueño en el que Fernando, sin dejar de abrazarla le explicaba cada cosa que iba apareciendo a través del cristal del carruaje en movimiento.

El joven doctor le habló de la historia de ese lugar, desde la época en que Moctezuma Ilhuicamina, fue el primer gobernante que construyó en Chapultepec un palacio para su residencia.

Desde el punto en el que ellos continuaban su camino en ascenso hacia el lugar donde la familia del presidente los recibiría, Fernando le explicó que no era visible un área donde en otro tiempo existieron unos manantiales de agua natural (en los que no sólo quien era emperador de los aztecas a la llegada de los conquistadores españoles, a comienzos del siglo XVI, había nadado); sino que además formaba parte del primer sistema hidráulico implantado en el México Prehispánico.

Por la forma como le contaba, Margarita tuvo curiosidad por conocer ese sitio y hasta imaginó al mismísimo emperador Maximiliano de Habsburgo y al General Díaz, disfrutando de esa zona que desafortunadamente había desaparecido al secarse los manantiales; pero que aún así hizo que Fernando le prometiera le llevaría a conocer.


El vehículo tirado por caballos llegó por fin a la parte alta del Cerro del Capulín y afuera de la puerta principal ya los esperaba una comitiva importante de gente, encabezada por el General Díaz y su distinguida esposa: Doña Carmelita Romero Rubio.

En cuanto ambos jóvenes bajaron del carruaje, los abrazos y las palmadas en la espalda no se hicieron esperar en señal de bienvenida para el joven doctor e hijo único de uno de los entrañables amigos del general: El Dr. Gustavo de Iturrigaray.


El General Porfirio Díaz y su esposa Doña Carmelita Romero Rubio.

Al parecer ellos eran los únicos que faltaban en llegar para dar por iniciada la tertulia; mientras Fernando se perdía estrechando la mano de algunos de los invitados de El General, entre los que se encontraban algunos miembros de su familia, colaboradores de su gabinete, gente de sociedad y personas importantes; Doña Carmelita se desvivía en atenciones y halagos para Margarita.

Antes de que la señora de Díaz cayera en una letanía de adulación referente a la buena elección por parte del joven Doctor de Iturrigaray; El General consideró que era prudente presentar a sus dos últimos invitados con la gente que ya se encontraba ahí –y que aún no los conocía- y entre quienes destacaba la presencia de Salvador Toscano.


Salvador Toscano.

Genuina y transparente como era, Margarita no pudo disimular la emoción que le provocó la sorpresa de encontrarse en aquella reunión con uno de los personajes que ella más admiraba; puesto que El Ingeniero Toscano, era reconocido en esa época por tener el mérito de ser el primer mexicano en aventurarse a operar una cámara cinematográfica y convertirse así en el primer director mexicano de cine.

Acostumbrada a informarse de todo cuanto sucedía a su alrededor, Margarita leyó desde siempre muchas cosas sobre él y podía decirse que estaba al tanto de toda su trayectoria. Al momento en que él le besaba la mano en señal de respetuoso saludo y mientras con toda la galantería y gallardía (que caracterizaba a los hombres de esa época), él le expresaba algún cumplido sincero referente a su notoria belleza; Margarita le profesó su admiración y el gusto que le daba conocerlo.

Pero no era el lugar ni el momento para entablar conversaciones… Así que una vez que la comitiva de bienvenida terminó, todos entraron al castillo y mientras terminaban los preparativos para servir la primer comida que ofrecerían a los invitados, Doña Carmelita, que como anfitriona “reunía cualidades capaces de rendir el corazón más exigente”, se ofreció a realizar un mini-recorrido, con la intención de que sus invitados en lugar de permanecer tanto tiempo sentados y esperando, conocieran las instalaciones de ese castillo que ahora su familia utilizaba en verano.



Así fue como tomada del brazo de su prometido y guiada por la voz de su anfitriona, Margarita quedó maravillada con la belleza de aquel lugar… Escaleras adornadas con figuras doradas, la arquitectura del edificio y la solidez de sus muros le hablaron de la magnificencia de otras épocas.

Mientras avanzaban por salones y habitaciones que todavía conservaban algo de la esencia de los emperadores de la casa de Austria, la Sra. Romero de Díaz; les explicó con lujo de detalle, que fue el Secretario de Hacienda y Crédito Público: José Ives Limantour, quien estuvo a cargo de varias modificaciones que se habían hecho a ese castillo que ahora ellos habitaban.

Entre ellas estaba la construcción de un elevador, que cuando avanzaron un poco más y se ubicaban ya a una distancia prudente de sus anfitriones, Fernando aprovechó para acercarse y susurrar al oído de su prometida, que eso de lo que ahora tanto presumían, había sido un error lamentable, pues en ese lugar había existido en el pasado, un adoratorio Mexica que había sido destruido para poner el elevador en su lugar.


Maximiliano de Habsburgo.

Doña Carmelita no dejaba de hablar de lo finísimo que era cada objeto que adornaba los rincones de aquel inmueble: los pianos, tibores, las vajillas de porcelana y de plata Christofle; y hablaba con gran dominio del origen de los tapices, relojes de mesa, además de los óleos con los retratos de Carlota y Maximiliano.

Objetos que en conjunto, además de hacer de la parte del Alcázar un verdadero palacio; eran también pruebas “tangibles” que reflejaban hasta cierto punto como había sido en realidad la vida de la pareja imperial.


La casa Cesar Scala de Milán elaboró este carruaje en 1864. En ocasiones Maximiliano y Carlota recorrieron el Paseo de la Emperatriz en él. Estilo barroco con molduras de plata y bronce, con esculturas de niños y ángeles, esta carroza nos llena de sueños esplendorosos de tiempos pasados.

Todos los invitados recorrieron juntos una a una las habitaciones, incluido el salón de carruajes en el que todavía se encontraba un vehículo que en otro tiempo fue utilizado por ellos, pero tanta ostentación y lujo tal vez ocultaban una realidad muy triste…

A esa conclusión llegó Margarita, quien al parecer fue la única persona capaz de percibir todo eso… Fernando lo notó, cuando rodeados de mármoles, gobelinos, sedas y rasos, llegaron hasta el área donde se ubicaban un par de pianos que pertenecieron a la pareja imperial…

En ese lugar Margarita se quedó rezagada cuando el resto de los invitados se fueron siguiendo a Doña Carmelita, a quien un empleado de la servidumbre le avisó que en breves minutos podían pasar por fin al comedor y entonces ella decidió dar por terminado el recorrido, para ofrecerles mientras esperaban, una bebida de la reserva especial, servida en finísimas copas de Baccart.

En el Salón de los Gobelinos, se encuentra un piano inglés Collard & Collard, y al fondo un piano francés de la casa Phillipe Henri Herz Neveu & Cie fundada en 1863. Ambos pertenecieron a los emperadores.

Ya desde el Salón de Carruajes, él percibió un aire de nostalgia en los ojos de su novia, y ya en esa parte de El Castillo, fue capaz de adivinar –sin que ella le dijera nada- que algo ensombrecía su interior, pues mientras que el resto de los invitados quedaron maravillados por la marcada influencia europea que era visible en cada rincón de aquel lugar y que para todos ellos era sinónimo de clase y buen gusto; Margarita al posar su mano sobre la tapa de madera que cubría uno de los pianos, para acariciar levemente lo que silenciaba desde hace tiempo a las barras de marfil blancas y negras, demostró que su espíritu sensible la había llevado a visualizar algo más allá.

Fernando la abrazó rodéandola por la cintura, y apoyando su barbilla sobre el hombro de ella le preguntó: ¿en qué cosa pensaba?... Ella le respondió que desde el primer instante en que pisaron esa parte de El Castillo, la imagen de Carlota no se había apartado de su mente; y a pesar que él conocía de sobra la historia de la Emperatriz, en palabras de su prometida fue capaz de imaginar a la perfección y de un modo distinto a como estaba acostumbrado a una mujer que solamente en ese cuadro colocado en la pared conservaba intacta la belleza y juventud que le caracterizaron.


Carlota de Habsburgo, Emperatriz Consorte, esposa de Maximiliano.

Ambos se quedaron abrazados mirando de frente al cuadro, y Fernando se aventuró a preguntarle: ¿si ella creía que Carolta había sido feliz?... Margarita suspiró, y a pesar de la desventurada historia que envolvió a esta pareja, en la que su reinado como emperadores fue un mero “espejismo”; y la joven emperatriz enloqueció, (luego de que Maximiliano fue pasado por las armas en El Cerro de Las Campanas, en Querétaro, Qro.).

Margarita se limitó a responderle simplemente que una mujer que fue capaz de cruzar el océano para seguir a su marido, quien a su vez mandó construir para ella a la orilla del Adriático un palacio blanco que miraba al mar y vivir junto a ella, en un castillo inmenso como ese, que ofrecía una vista hermosa al valle y a los volcanes cubiertos de nieve, no podía ser otra cosa más un amor inmenso.

Fernando le dio la razón y entonces ella le explicó el motivo de su repentina tristeza… Ni las rosas que perfumaban de una manera exquisita a aquellas habitaciones eran capaces de disfrazar el sentimiento de vacío que provocaba saber cómo terminó aquella mujer que en sus venas llevaba sangre real.

Ella le dijo, que después de la muerte de su esposo se sabía en realidad muy poco... Fernando coincidió con ella en que mucho se había especulado sobre la causa que propició que Carlota perdiera la razón; sin embargo el sorprendido fue él, cuando Margarita no sólo le habló con lujo de detalle de algunos de esos rumores.

*Algunos decían que Carlota, vivía ahora en el exilio en el Castillo de Miramar, en Trente, Italia; lugar donde tenía un muñeco llamado Max y que ya en su demencia, tocaba el himno nacional mexicano en un piano.

Se decía también que le suministraron bebidas a propósito para volverla loca, y el rumor más oscuro era aquel que giraba en torno a una supuesta maternidad… Existía la teoría de que la causa de la locura de esta mujer fue provocada por una herbolaria de la Cd. de México, a quien Carlota recurrió buscando ayuda para poder concebir.

Llevaba oculta su identidad con un velo, pero la herbolaria, partidaria de Benito Juárez, la reconoció y le recetó “Teyhuinti”, bebida conocida también como “la carne de los dioses“, y no era otra cosa más que un tónico que concentraciones altas, era capaz de producir un estado de locura permanente…

Ambos se sobresaltaron cuando un empleado de servicio los sacó de ese estado de reflexión sobre la vida de esta mujer que en otro tiempo hizo de ese castillo también su casa.



Era tiempo ya de reunirse con el resto de la gente en el comedor principal, para degustar el banquete que El General Díaz y su esposa tenían preparado para todos sus invitados y sin decir nada, se alejaron tomados de la mano, de esa habitación en la que de aquellos monarcas sólo quedaba una esencia plasmada en un par de cuadros adornando la pared.

*******************

Continuará…

Comentarios

Worale, la foto del carruaje me fascino :O

oie ya merito alcanzas en numero de partes a la vieja casa, ah pero ya ni se como terminarla, esque el ejemplo de malos comportamientos que me inspiraba parA escribir ya ni esta, era mi antiguo falso esposo, pero ya encontrare una manera de seguir la historia, oie es cierto, cuando ya pasen varios años estaremos en los museos y se escribiran historias de nuestras vidas

:O

ahh... de tu pregunta Peque es la de la primer foto, arenita es la de la segunda, la que ni salio bien porque queria huir del baño ¬¬ pero pues al final si se dejo jejeje

Oie del libro del gran gatsby fijate que no llego a mi, mas bien yo llegue a el, era de mi mama, bueno sigue siendo, desde que estaba estudiando en la prepa me cuenta que mi abuelito la anoto en una suscripcion de libros de no se donde y cada 2 meses le llegaban 2 libros novedosos de aquellos entonces y uno extra de regalo, asi que pues entre esos estaba el gran gatsby, en realidad asi llegaron la mayoria de los libros que esta en la casa, y pues como el libro es mas viejo en edad que yo...puede decirse que yo llegue a el :P

Lo lei por primer vez antes de iniciar el primer semestre ahora en el tecno, y se me hizo una historia de amor tan tierno, que ya quisiera yo conocer a alguien como Gatsby que la espero por 5 años, y hasta compro una casota frente a la de ella y daba fiestas todas las noches con la esperanza de que ella fuera, snif snif... eso si es tierno

ya pues, esque hoy en dia ya no hay romance, los hombres estan bien mensos y pues creo que ya me emocione escribiendo de cosas que no tenian nada que ver, no si te digo, yo criticando al maestro de fisica porque se le va la onda, y a mi tambien se me va ¬¬

Ya pues, seguire leyendo las remembranazas fantasmagoricas en la siguiente parte que publiques por esta misma pagina web y a la misma hora (bien comercial de telenovela antigua)

:D

byE°°

cuidate y seguimos en contacto ^^
Vane dijo…
Ay cuanta cosa! primero me quedé ansiosa por saber que iba a escribir Verónica, y además como poder poner en un papel esos sentimientos y cosas que tal vez sólo se pueden expresar viendo a la persona a los ojos, eso también evitaría malos entendidos -ya me salió eso de ir de frente-.

Por otro lado no se me ocurre como siendo Margarita una persona tan inteligente no se haya dado cuenta en la mínima cosa que hay detrás de su prometido, que es eso que oculta Fernando, o será que lo que hizo no fue tan malo y cambió?, o es tan falso como para mentir y todavía mirándola a los ojos?, ayyy primero lo adoré ahora le tengo rabia, que guacho asqueroso, en fin creo que todo esto queda en manos de Verónica y si todo lo que ella sabe es verdad, espero que Margarita confie en ella, porque una amiga de verdad no te mentiría, y te diría las cosas por tu bien -esto me recordó algo muy familiar que no viene al caso-.

Sobre el resto de la historia de hoy, que fue lo que le dio toda la parte informativa, y cultural al post me saco el sombrero, sentí que me atropelló un libro de historia Mexicano y yo feliz, uy muy feliz, es más voy a guardar esta parte de las remembranzas para investigar algunas cosas que me dieron mucha curiosidad, wow! gracias, gracias por todo esto, para mí es un verdadero placer.

Primero me fasciné con la historia de los personajes: Margarita y la relación con su entorno que tanto me gustaba por ser diferente, Fernando cuando parecía el tipo ideal, después Verónica con su talento y afinidad con Margarita, pero después fuiste más allá y poco a poco nos llevaste por un pasillo donde en forma de historia, e imágenes nos fuiste compartiendo mucho de la cultura que tiene tu gran país, y en mi caso que no soy Mexicana y adoro tu país estoy fascinada con todo esto, me ayuda a saber más, algo ya sabía -incluso antes de conocerte- de tu amado México pero nada comparado con esto, wow, wow, y wow.

Sólo me resta felicitarte, reconocer y agradecer una vez más toda la investigación, los datos, las fotos, todo tu trabajo, esto demuestra como siempre te digo la pasión con la que escribís, y el cuidado que tenes con tu blog, que también es una gran forma de mostrar el respeto que sentís por los que te leemos, esto yo nunca lo vi en un blog, te lo digo de verdad, posts de esta calidad, de tantas horas de trabajo nunca vi, por eso adoro tu blog, y por eso también te admiro, gracias, gracias, gracias.

Wow,son casi las dos de la madrugada, me desvelé que me importa porque me quedé embobada, wow!

Te dejo un abrazototototote
Martuchis dijo…
NEFERTITI:

Oye pues de las fotos de tus perritas la primera me mata de la ternura, se ve bien hermosa como pollito remojado y con sus ojitos brillantes mirando a la cámara.

Respecto al número de partes de mi historia, yo estoy planeando que sean 20 en total, ni una mas ni una menos, haber como me organizo, porque si tengo mucha información y mis fantasmas van a volver después de que se acabe esta historia, pero es sorpresa... y pues referente a tu historia de "La Casa Vieja", escribe como sientas y te inspires, estoy segura que algo te saldrá, es muy buena esa historia de tu blog.

Sigo intrigada con tu libro de el Gran Gatsby y yo creo que tienes mucha razón en decir que los hombres de hoy ya no tienen el tacto y la delicadeza para muchas cosas, y uno como chava añora mucho eso, aparte de la curiosidad que tengo, creo que por lo que cuentas ese libro me va a encantar... Te prometo leerlo...

¿Tu abuelito de casualidad no estaba inscrito en Seleccions del Reader´s Digest?, cuando te suscribes a esa revista, te llegan libros condensados con historias muy buenas... Yo empecé a leer esos libros y una de las historias más fascinantes que he leído venía en uno de esos libros, se llama "La Reina de Los Elefantes", y cuenta eso un viaje en elefante padrísimo al lado de una persona que es así como bien MClaine en todo lo referente a los paquidermos.

Gracias por pasar siempre por mi blog y por tu comentario... ¡Ah! también por responder las preguntas que te hago en tu blog, de repente soy bien curiosita y me llama la atención preguntarte cosas.

Saludos Avecilla ocurrente.

VANE:
¿Qué te puedo decir a ti que eres la lectora más fiel de mi blog?... Sólo que aparte de ser mi mejor y más grande amiga, conoces esta historia desde antes de que la empezara a plasmar en papel.

¿Qué te puedo decir sobre los personajes?, Margarita es una niña súper transparente como alguien que conozco y Verónica -su amiga- la adora, pero está muy confundida, como bien dices, ella tiene la clave de todo, no te puedo adelantar nada, sólo resumir a la premisa de que eso que ella sabe y tanto la atormenta: ES VERDAD.

Por otro lado, Fernando le dice y hace esas cosas mirándo directamente a los ojos de Margarita, porque realmente está ya enamorado de ella, y apenas lo está admitiendo... Tal vez eso pueda llevarlo a cuestionarse si le revela su pasado a la mujer que ama y tiene el valor de compartirle que en el pasado si sucedió algo muy grueso -que incluso lo dejó a él marcado para siempre- pero la gente que puede parecer mala, muchas veces es víctima de las circunstancias y probablemente eso pase con Fernando... Él la verdad no tenía planeado enamorarse, él nada más iba a cumplir con el compromiso pactado por sus padres con la familia de Margarita, pero nunca se imaginó nada más allá y tampoco se esperaba encontrarse con una chica tan maravillosa-

Que bueno que te gustó esta parte de la historia, viene lo más emocionante creo... tengo todos los hilos enredados, pero no los suelto, haber como termina todo esto... La historia de mi país es muy rica, y la vida de Maximiliano y Carlota desde niña siempre me fascinó y me llamó la atención... Hubiera querido poner más cosas de ellos, como la historia de esos pianos que es muy interesante, pero ya sería demasiado...sería también robarle la atención a los protagonistas, y pues bueno, esperemos que cada uno de estos personajes actúe de acuerdo a lo que le dicte su corazón... Espero publicar pronto la siguiente parte.

Gracias, gracias de verdad por tomarte el tiempo de leer mis cosas, alucinar barato conmigo y darme cuerda y acompañarme siempre de alguna manera en esto que es tan importante e imprescindible para mi como escribir.

¡Te adoro Solecito!!!, gracias por rescatarme siempre y llenar mi vida con tu luz.

TQM
Dunia dijo…
Hola Martha!

Pienso como Vane en eso de agradecerte la de tiempo que dedicas a documentarte, a seleccionar y a redactar la historia de REMEMBRANZAS. Debe ser un curro impresionante!!!!! Y la de horas que te debe quitar! Bueno, y no sólo en esta historia que nos tiene en vilo, sinó en otros posts en los que se nota que has invertido mucho tiempo.

Ainx si es que no hay ni un sólo hombre bueno jeejejej y este Fernando pintaba demasiado bien. A ver cómo acaba esto...

Un besote bien gordo!!!!!
Martuchis dijo…
DUNIA:

Al contrario, yo les agradezco a todos ustedes que se tomen el tiempo de leer mis escritos tan kilométricos, y en el caso de "Las Remembranzas Fantasmagóricas", más, porque además de estar resultando ser un ejercicio interesante para mi, me hace sentir muy contenta el saber que aunque sea a pocas personas les gusta.

La verdad que no es un martirio dedicarle tantas horas e investigar, al contrario, cada parte que voy escribiendo y consultando datos sobre los personajes y los acontecimientos de la época, propician que me surjan más y más ideas y por eso esto ha salido tan largo.

Fernando es un buen hombre, creo que aún con los errores que ha cometido, a cualquier chava nos encantaría enamorarnos de un tipo como él... Lástima que ya no existen hombres así y si existen de plano están muy escondidos.

¿Te comparto algo al igual que a quienes leen esta historia?, a este personaje le puse ese nombre porque así se llamó mi primer novio y así se llama también mi mejor amigo hombre (tengo varias amigas mujeres), pero de los amigos hombres que tengo (que son pocos, él es el mejor).

Gracias por estar siempre aquí y por seguirme visitando.

Un abrazo hasta el otro lado del océano.