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"El Libro de Los Abrazos".


Escuché hablar por primera vez de este libro en una de esas interminables charlas que extraño tanto y a veces se prolongaban durante la mañana de Domingo.

El sólo título me llevó a imaginar un montón de historias dulces, escritas con palabras cálidas... Era la primera vez que escuchaba hablar de Eduardo Galeano, alguien quien al parecer -yo ni enterada estaba- era toda una celebridad en el mundo de la literatura uruguaya y también en el mundo de las letras a nivel internacional.

Tuvo que pasar mucho tiempo y "El Libro de Los Abrazos" se convirtió en un regalo muy especial. Viajó en silencio adentro de una maleta que partió conmigo del aeropuerto de Canelones, en un inevitable camino de regreso.

Ahora que pienso en eso, hago un pequeño paréntesis aquí para preguntarme si los escritores (los que de verdad lo son), tendrán idea o se imaginarán por lo menos, la cantidad de historias que más allá de las que se encuentran plasmadas en sus letras y resguardadas entre dos pedazos de cartón duro, serán capaces de contar.

Ahora mismo mi imaginación regresa en el tiempo a ese punto de partida donde volví a recordar lo que duele una despedida... Un aeropuerto siempre es un escenario inmenso en el que se representan al mismo tiempo las historias de muchas personas, y en el que cada una de ellas es protagonista... Es quizá como "El Aleph" que Borges describió un día como "el punto donde convergen todos los puntos"...

...Pues bien, eso era para mi ese aeropuerto ese día, pero en lugar de centrar mi atención una vez más en lo que yo sentía o viví en ese momento (que quienes me conocen lo podrán saber de sobra), mi imaginación se va (llevándose de paso y de la mano a la de cada uno de ustedes), al interior oscuro de una maleta cerrada por completo...

Aunque ese libro permaneció en silencio, nunca estuvo solo, quizá a su alrededor estuvieron también otros libros que a la par de las historias que llevaban escritas, al acompañar a alguien comenzaron a escribir la suya propia...

Viajar en silencio, protegidos entre pertenencias y prendas, entre los brazos de alguien que se refugió en ellos o vio un pasaporte mágico para escapar del tiempo o la impaciencia de una espera, el miedo o los nervios entre un vuelo y otro, pero todos, en absoluto, tuvieron un destino y representaron algo para la vida de una persona en algún lugar o país (que ni el autor que lo escribió, un día imaginó).

"El Libro de Los Abrazos" llegó conmigo a Cd. Juárez, y sus letras e historias no revivieron hasta poco después de 1 año. En la primer página descubrí una promesa escrita, algo de lo que yo tanto necesito ahora y aquí no lo he encontrado, porque todo eso que busco, se me quedó ese día en el aeropuerto, y sé también que por más que lo intente no lo encontraré jamás.

Después de eso Galeano, en mis pocos minutos libres, a la hora de la comida, me regaló un boleto de acceso para conocer muchas historias breves sobre personajes o temas que mi limitado conocimiento me permite entender.

Para mi fue un libro difícil de leer, porque varios de los temas que aborda, por el contexto social o cronológico que señala, son desconocidos por completo para mi reducido intelecto... Alguien a quien no conozco y no se lo pedí, tuvo la amabilidad de explicarme que el título del libro obedece a ese primer instinto que tenemos los seres humanos de "abrazar"...

Después de haber recorrido todas las páginas y descubrir su contenido, la única explicación lógica que se me ocurre para relacionar ese argumento que dio título a esta obra, (con lo que las letras describen); es la de que en muchos sentidos, la historia, los personajes, la experiencia de Galeano viajando a través de países, su cultura y su idiosincracia, se resume a algo demasiado simple: muchas veces necesitamos volver a donde todo empezó para poder entender en lo que somos capaces de convertirnos.

El Libro de Los Abrazos, habla de política (el tema que menos entiendo), de historia, porque entre sus líneas describe y da curiosidad saber como fue la época de la esclavitud o la dictadura en Uruguay, pero también habla de Pancho Villa, de la pobreza y de los caudillos que al igual pelean en otros países durante toda su vida, por el eterno idealismo de libertad e igualdad.

En lo personal, yo me quedo con la historia afuera del libro, lo especial de la dedicatoria, con el recorrido que "El Libro de Los Abrazos" acumuló en kilómetros y tiempo... Con todo lo que podría contar sobre su pasado y su presente este ejemplar que yo tengo en casa, porque un libro sin su propia leyenda para contarse es como un "Aleph" sin punto de partida o como un fascinante Minotauro sin vivir en La Casa de Asterión...

Las páginas una vez más se han cerrado, pero si de verdad el libro hablara, diría que seguirá contando en otro tiempo y otro espacio su propia historia a alguien que quizá aún no exista y vivirá mucho más allá de mi.

Este libro está lleno de pequeños cuentos... Algunos complejos y algunos sencillos... Para terminar el día y pasar la última página, me quedo con una historia simple para compartir:

"Celebración de La Fantasía"

Fue a la entrada del pueblo de Ollantaytambo, cerca del Cuzco. Yo me había desprendido de un grupo de turistas y estaba solo, mirando de lejos las ruinas de piedra, cuando un niño del lugar, enclenque, haraposo, se acercó a pedirme que le regalara una lapicera.

No podía darle la lapicera que tenía, porque la estaba usando en no sé que aburridas anotaciones, pero le ofrecí dibujarle un cerdito en la mano.

Súbitamente, se corrió la voz. De buenas a primeras me encontré rodeado de un enjambre de niños que exigían, a grito pelado, que yo les dibujara bichos en sus manitos cuarteadas de mugre y frío, pieles de cuero quemado: había quien quería un cóndor y quien una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas, y no faltaban los que pedían un fantasma o un dragón.

Y entonces, en medio de aquel alboroto, un desamparadito que no alzaba más de un metro del suelo, me mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca:

- Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima- dijo.
- ¿Y anda bien? - le pregunté.
- Atrasa un poco- Reconoció.

"Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden de vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende".

-Eduardo Galeano-


V: Gracias por el tiempo que tu luz me encendió a mi.

Comentarios

diegoehg dijo…
Tampoco lo conocía, hasta que hace 2 años vino a la UNAM al centro cultural a dar una conferencia. Uno de sus libros está en mi lista para leer, "Las venas abiertas de América", el que le regaló Chavez a Obama cuando éste visitó Venezuela.

¡Saludos!
Vane dijo…
El señor Eduardo Galeano todo un representante de nuestro país en la tierra que pise.

El libro de los abrazos es complejo para todos, y tu nivel intelectual es muy bueno, no tiene nada que ver con no entender las historias, yo leí ese libro con un diccionario porque había cosas que tampoco sabía, por el simple hecho de que Eduardo ha viajado por todo el mundo, entonces es imposible saber cada cosa que vio, que tocó, que sintió y plasmó en este libro, lo importante es dejarse atrapar, y quedarte con las hermosas historias y esas pequeñas frases de Galeano que se te instalan tan adentro.

El libro de los abrazos está más vigente que nunca, y no por el libro en si, sino por los abrazos.

Te dejo varios por acá de esos que están en una dedicatoria y de los que están en lista de espera para ser regalados.

Que tengas lindo día.
Victoria dijo…
que padre, me has dejado con ganas de invertirle a leerlo..

no hay dos fuegos iguales...

WOW.. me toco