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“Entre El Pasado y El Presente de Un Violín”


Llevaba mucho tiempo en el silencio, inmerso en una soledad oscura a la que había terminado por acostumbrarse.

En ese encierro, terminó por olvidar quién era, de dónde había venido, y la única memoria que de cuando en cuando sobrevenía, (quizá por ser el único momento más reciente); era la gala de un concierto en el que de sus cuerdas, un par de manos hábiles y virtuosas, lograron sacar las notas de "Los 24 Caprichos de Paganini" (una composición con su propia historia y leyenda), o también otras piezas no menos importantes como los conciertos de violín de Tchailkovsky y Bethoveen.

Pero era tanto el tiempo transcurrido desde entonces, que atrapado en ese lugar oscuro, perdió no sólo la noción del paso de los años, sino que también se olvidó de cuál era su propósito en la vida.

Lo único que sentía ahora, era como el contorno curveado de su cuerpo se expandía o se hinchaba (según la temperatura ambiente), y de unos meses a la fecha, como pequeños insectos que un buen día de la nada aparecieron, le provocaban molestos hormigueos cada vez que iban arrancando pequeños fragmentos de su piel.

Pensó que aquel era el fin, y se adormeció en un sopor que duró días y semanas enteros, hasta que de repente, una sensación de calor que le era familiar lo hizo despertar de su letargo que parecía que iba a ser eterno.

Alguien lo había sacado de su estuche, y ahora lo llevaba entre las manos por calles y avenidas de una gran ciudad.

Entonces recordó que no era la primera vez que hacía un recorrido de ese tipo, pero las cosas ahora eran tan diferentes: en la calle se veían más personas, y estas ya no se vestían a la usanza que él recordaba de las galas y conciertos de ópera.

Bajo las banquetas, circulaban extrañas maquinarias con ruedas, encima de las cuales más gente todavía se desplazaba de un lugar a otro a toda prisa, y sintió que algo lo devolvía a la vida, cuando al pasar por pleno centro histórico, un edificio majestuoso e imponente, donde todos los estados de ánimo del alma humana, se representaban en forma material, a través de la figura femenina de "La Música", le hizo recordar cuál era su verdadera esencia y el objetivo para el cual había sido creado.

Las luces y las sombras que se proyectaban encima de su cuerpo, en el lapso que la mano que lo llevaba sujetado, atravesó el trayecto resguardado por árboles de gran tamaño que flanqueaban "La Alameda Central" (de camino a Ciudad Universitaria); lo llevaron a adormecerse de nuevo...

El eco lejano de las notas extraídas de los cilindros de aquellos músicos ambulantes que la gente llamaba "organilleros", al igual que la calidez de los rayos solares, lo llevaron a caer en un sueño muy profundo que lo despegó por completo de la realidad y lo llevó a abrir cada uno de sus poros en otro espacio y tiempo.

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Despertó y tenía una forma distinta, en sus inicios, había sido el majestuoso tronco de un abeto, de los muchos que al igual que los arces, adornaban la parte sur de la lejana región de Lombardía, Italia.

Desde ese lugar, y en ese entonces con más de 300 años de vida, el abeto no imaginaba su futuro, para él su vida transcurría como la de cualquier otro pino, que desde la inmovilidad se fascinaba con cualquier manifestación de vida: las aves que se posaban o venían para hacer nido entre sus ramas, los animales silvestres que trepaban por su tronco y lo elegían como el leal guardián de sus provisiones para el invierno.

Pero sin duda alguna, lo que se había convertido en su pasatiempo favorito, era el observar como aquellos extraños seres, llamados "humanos", cambiaban el futuro de muchos de sus hermanos, al arrancar de tajo sus raíces de la madre tierra, para luego transportar sus troncos, haciéndolos flotar río abajo, (con la intención de que la madera absorbiera los minerales del agua), y llevarlos así hasta un lugar que hasta ese entonces para él representaba todo un misterio.

Con el paso del tiempo, el abeto se dio cuenta que estos hombres habían aprendido el arte milenario para trabajar las "maderas blandas", pero había entre todos ellos, un joven llamado Antonio, al que todos consideraban como "el aprendiz" de la familia "Amati".

Esta estirpe era famosa en Cremona, Italia, por haberse dedicado durante generaciones enteras al oficio artesanal de crear instrumentos de madera.


La experiencia que Antonio adquirió trabajando con ellos, lo convirtió con el paso de los años también en un talentoso "Luthier" o "Laudero", que fue el nombre con el que a través del tiempo se designó y se seguiría llamando a los artesanos que construyen, ajustan o reparan instrumentos de cuerdas.

El abeto nunca imaginó que sería Antonio quien cambiaría para siempre el rumbo de su vida. Para ese entonces, cuando lo llevó a realizar ese mismo recorrido río abajo, aunque el maestro Luthier seguía siendo un hombre alto y delgado que rara vez se apartaba de su trabajo; ahora que tenía mucho más años encima y una familia que mantener, la experiencia adquirida le había dado además del conocimiento para trabajar con precisión y delicadeza la madera, la osadía para atreverse con habilidad intuitiva a calibrar el tono de un instrumento mientras lo construía. Al mismo tiempo que realizaba sobre su diseño, sutiles ajustes.


Así fue como Antonio transformó su esencia. Con destreza y dedicación extrajo la corteza de su piel y le dio forma redondeada, con el paso de los días el abeto se había convertido en las piezas de un violín, que luego de haber sido tallado para extraerle todas las imperfecciones de la superficie, quedó liso, manejable y listo para ser barnizado.

Estar en el taller de Antonio, era como adentrarse al mundo mágico y secreto de un verdadero alquimista.

En cada rincón de aquel lugar, además de las herramientas para trabajar la madera, existían cientos de frascos desperdigados por todos lados y que contenían además de las mezclas de las más diversas esencias e ingredientes; todos los pinceles que reposaban en frascos llenos de barnices de color rojo naranja, amarillo oro y otros que parecían una mezcla de consistencia viscosa, similar a la miel.


Esa fue la primer capa que recubrió su piel del ambiente exterior. Tras varios días después de haber sido ensamblado y siendo ya ahora si un violín, con la madera todavía a medio trabajar, Antonio, con toda la paciencia del mundo deslizó el pincel con el que recubrió cada centímetro de la madera; mientras al mismo tiempo compartía en la charla con alguno de sus hijos, uno de los más grandes secretos de un experto Laudero.

"La madera de un buen violín necesita ser dura para darle poder al instrumento, pero también debe poseer un alto grado de humedad y una sutil capa de barniz para suavizar y mejorar el tono. Demasiada humedad disminuye la potencia del instrumento; muy poca, lo hace ruidoso y hasta chillón".


Antonio quería que sus hijos aprendieran el oficio y que continuaran elaborando instrumentos cuando llegara el día cuando él ya no existiera. Para aquel entonces el maestro ya tenía 93 años y había fabricado alrededor de 1,100 violines, 12 violas y 50 violonchelos.

Por otro lado, mientras su fama crecía en Cremona, Italia; el recién construido violín reposaba junto a 9 instrumentos más, en el techo del edificio plano ubicado en La Plaza San Domenico, en el que Antonio tenía su estudio, en la parte baja de una edificación de 3 pisos.


Desde ahí, todos los días y mientras aguardaban a que los rayos solares secaran por completo la capa de barniz con la que habían sido recubiertos, veían salir y regresar en el ocaso al Luthier que les había dado forma y vida.

Con un prestigio muy bien ganado desde 1666, cuando firmó por primera vez un violín ya terminado. Antonio pensó aquella tarde (mientras trabajaba en los últimos detalles de aquella pequeña remesa de instrumentos), en que se sentía ya muy cansado y lo confortaba el hecho de que de sus 11 hijos, por lo menos dos de ellos: Francisco y Omobono, hubieran aprendido el oficio tan artesanal al que prácticamente él dedicó toda su vida.


Luego de estampar su firma y el apellido Stradivarius en el interior de cada uno de los violines, los separó de forma que esa distancia entre uno y otro representara muy bien el destino que cada uno de ellos tendría.

Los primeros 4 más hermosamente tallados y taraceados, serían para la corte del Rey Amadeus II de Cerdeña. Otros 3 llegarían en el futuro a manos de Felipe V de España; mientras que otro grupo, conformado por los violines que recibieron los nombres de Hellier, Betts, Viotti, Mendelssohn y Huberman (denominados así en honor de quienes los ordenaron); Antonio nunca imaginó que se convertirían en verdaderas reliquias con el pasar del tiempo y de los años.


"El arte de un Luthier no debe morir"... Pensó Antonio Stradivarius, luego de que antes de regresar a casa, guardó entre las páginas de una biblia que conservaba en su estudio, una hoja escrita con la fórmula para crear un violín perfecto.

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Ahí terminó el sueño... El instrumento de madera y cuerda recordaba vagamente el rostro y las manos de quien lo había creado, y el sonido que lo volvió de súbito al presente, fue la voz que preguntó: ¿Es un Sradivarius original?; seguida de otra que respondió: "Sí", ¿hay algo que se pueda hacer para salvarlo y evitar que la plaga de termitas lo siga destruyendo?

Tres siglos de distancia y más de 50 años en la oscuridad y en el silencio, culminaron aquel día en El Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Lugar hasta el que su dueño, Boris Dinerchtein, llegó a través de una recomendación. Traía el violín abrazado y tras expresar su temor, ya que no podía aplicarle ningún tratamiento químico por temor a afectar su sonido característico o sufriera daños irreparables, los científicos del ICN le plantearon que la aplicación de Rayos Gamma podía ser la solución para librarlo de esa plaga.

El músico confió en ellos y mientras el instrumento de 300 años de antiguedad y hecho con finas maderas ya casi extinta, era recubierto con una especie de estuche de cartón hecho a su medida; finalmente se introdujo en la cámara y tras hora y media de haber sido irradiado, quedó libre de termitas.


Quince días después, el violín volvió a ser el protagonista de un concierto de La Orquesta Sinfónica Nacional en El Palacio de Bellas Artes, (en la cual participó el violinista ruso, ejecutando piezas musicales, ya con el instrumento restaurado).

Tras la gala, el violín Stradivarius, además de haber vuelto a la vida, se enteró durante el vino de honor, cuál había sido el destino de todos sus hermanos.

Los que tuvieron el apellido de quienes solicitaron su fabricación por encargo, pasaron de una generación a otra a cambio de grandes sumas de dinero. En 1990, el violín Mendelssohn fue vendido en 1.7 millones de dólares, precio record para un instrumento musical.

Mientras que el más famoso de todos: "El Messiah o Messie", escuchó a alguien decir, que en la actualidad se encuentra en El Museo Ashmolean de Oxford y no es un instrumento que esté en venta...

Así mientras para los humanos resultaba todo un misterio definir ¿por qué razón los violines Stradivarius son tan especiales?, (sobre todo en un mundo donde abundan las falsificaciones); nuestro pequeño protagonista de madera y cuerdas, recordó que el maestro Luthier sentía una especial predilección por ese instrumento.

Conocía la suprema cualidad de ese violín, por lo que no se separó nunca de él, y dejó de pertenecer a su familia hasta el año 1775, cuando su hijo Paolo lo puso a la venta.

...Por cierto... La fórmula que Antonio Stradivarius escondió entre las páginas de la biblia, nunca fue encontrada, y aunque sólo se sabe la ubicación exacta de 635 violines, el secreto de su elaboración sigue siendo todo un misterio que ni la ciencia ni la tecnología actuales han conseguido descifrar.

Existen rumores de todo tipo, que van desde los que hablan de que la maravillosa sonoridad de estos violines, se debe al esmalte especial que recubre la madera o que este mismo material con que fueron hechos, era mucho más densa que la actual, pues en los siglos XVII y XVIII (cuando se fabricaron los instrumentos), el sol daba muy poca luz y esto y influyó en el pobre crecimiento de los árboles.

Las leyendas más descabelladas, hacen referencia a que Antonio Stradivarius tomó madera de una antigua catedral italiana; mientras otros afirmaban que tenía un pacto celestial -o diabólico- para capturar almas de artistas dentro de sus instrumentos... Verdad o mentira, lo que si es cierto es que el apellido Stradivarius es sinónimo de arte que trasciende el tiempo y las generaciones.

La radiación Gamma es un tipo de “Luz” invisible, muy energética de alta frecuencia. Es producida por elementos radiactivos, procesos que involucran partículas subatómicas o fenómenos astrofísicos como estallidos violentos de estrellas (supernovas). Al igual que los rayos ultravioleta o X, se clasifica como radiación ionizante, ya que puede penetrar la materia, desplazar electrones y dañar el ADN en el núcleo de las células.

Las radiaciones gamma rompen las cadenas de ADN de insectos y microorganismos, por lo que quedan eliminados o se inhibe su desarrollo.

Esta práctica, iniciada en los años 50´s en Rusia, Francia y Estados Unidos, se ha extendido tanto, que hoy es aplicada en más de 50 países. México incluido, a través de máquinas especiales conocidas como irradiadores, que hacen posible, entre muchas aplicaciones, eliminar gérmenes y plagas en alimentos, fármacos, cosméticos, instrumental quirúrgico y otros productos de consumo regular.

Comentarios

Vane dijo…
Que manera tan tierna y elegante a la vez de estrenar la nueva cara de tu rincón. Primero con la ternura de perrita que estás dando en adopción, y después con esta maravillosa historia, que los que amamos la música nos quedamos como embobados con esto.
Puede que no tenga nada que ver con tu post, pero cada palabra me recordaba otras cosas que si bien son similares nada tienen que ver con un violín, o tal vez si; el caso es que el nombre Antonio, el arte de trabajar la madera por puro gusto y pasión, y esa habilidad de hacer magia con las manos y de la nada crear maravillas, me trajeron a la mente el recuerdo de Italia, un Antonio que conocí y que fue y que es alguien demasiado importante para mí.

También me hiciste recordar la historia que leí hace mucho, y hablaba de lo que quería ser una semilla cuando fuera árbol, y cuando por fin fue un hermoso árbol quiso ser canoa.

Otra cosa también se me pasó por la cabeza Soraya, y la calidad que tenía para tocar el violín, era simplemente sublime verla tocar y de su talento saliera tanto arte con la complicidad de ese instrumento que tomaba con tanto amor, y hacía soñar a todo aquel que se detuviera a escucharla.

Tus textos tiene la capacidad de llevarme lejos, y que no sólo pueda comentar sobre lo que dice, sino que haga lo mismo de siempre y me vaya por las ramas y termine hablando de otras cosas que pueden tener relación o no, pero para mí todo lo que leí hoy me trajo recuerdos muy lindos, a pesar de que no se relacionan en si con la craeción de un violín, pero si de personas amadas, talentosas, y muy creativa con sus manos.

Gracias mil gracias porque me robaste una sonrisa, y sólo me bastó mirar hacia mi escritorio y ver uno de los maravillosos regalos que me hizo mi Antonio trabajados con madera, y en esa madera también hay algo especial, un muñeco que fue otro regalo y es el personaje animado y favorito de todos mis tiempos, y que también es muy especial porque me lo dio otro ser querido para mí.

Gracias por hacer de la medianoche, el frío y el desvelo un lugar cálido para quedarse hasta que el sueño aparezca.

Te quiero mucho!
Ericarol dijo…
Como puedes???

En un momento me sentí violín como cuando los insectos comían mi cuerpecito. Luego fue un Abeto, luego Antonio y así sucesivamente.

Gracias por transportarme cada vez que te leo.

Abrazos!!!
Martuchis dijo…
VANE:

Como te dije por teléfono, pensé exactamente en las mismas cosas que tú cuando estaba escribiendo este post (que llevaba más de 2 mes trabajándolo). A veces no sé si te das cuenta de lo importante que eres para mi, pero con este comentario que dejaste, me rescataste el día de ayer.

Te quiero mucho!!!!

P.D. Todas las cosas que escribes y que dices que no tienen nada que ver, siempre se relacionan de alguna forma con el post.

ERICAROL:
Que risa, que padre que pueda hacer que te imagines (o mejor aún), que sientas lo que describo, ese es el mejor aliciente para mi y es lo que le da sentido a mi trabajo en este blog.

Saludos y gracias por pasar.