lunes, julio 05, 2010

Una Reflexión de "La Guayaba"

"La Guayaba"
Por: Odín Dupeyrón.
Extraido del libro: "Nos tomamos un Café"
Editorial: Disidente

A mi me gusta mucho la guayaba. Conozco gente a la que también le gusta mucho la guayaba. A otros en cambio no les gusta nada. A unos les da asco, a algunos les gusta el sabor, pero odian las semillas duras. Otros les gusta el sabor, no tienen problema con las semillas, pero ese color amarillo como presentación no se les hace nada atractivo, ya no digamos apetitoso.

¡Ah! pero una vez que prueban su delicioso relleno dulce, quedan fascinados, Hay otros (que yo no entiendo porque), odian la guayaba. Nunca la han probado ¿verdad?, pero no saben bien porque no les gusta. Mi amiga Adela, por ejemplo, a la edad de 25, comió su primera guayaba, después de que le rogué que lo hiciera. Ella decía que no le gustaban, pero no recordaba haber probado una antes.

Un día que le llegué con guayabas, las probó, y cual fue su sorpresa cuando se dio cuenta de que no sabía ¡que le gustaban las guayabas! La verdad es que no hay ningún problema con la guayaba, es un buen aporte de vitamina C y pro vitamina A, además de que puedes hacer con ella inúmerables pasteles, mermeladas, servirlas en almibar, comértelas crudas, así nomás, apasionadamente a "mordidas".


Gran variedad de dulces mexicanos tienen guayaba. Hay atole de guayaba, y puedes mezclarla con una variedad de cosas que ni imaginabas. Hay mezcal de guayaba, bueno, hay quienes hasta usan "guayabera"...

Yo, yo soy una guayaba. Hay gente a la que le gusto, hay gente a la que no le gusto, hay quienes me aman, quienes me odian, quienes no saben que me aman, porque no me han probado, y quienes por mucho que me prueban nomás nunca me agarran el gusto. Hay también porsupuesto quienes no me gusta que me prueben. Hay quienes de manera peculiar, sólo de verme, se niegan a probarme; y hay quienes también que pensaron que no les gustaría, pero que al menos se dieron la oportunidad de saborearme.

La verdad es que no hay nada malo con que yo sea una guayaba, y aunque haya quien me odie, lo cierto es que soy un buen aporte de cosas maravillosas, la variedad de formas, colores y sabores de la guayaba es uno de sus principales atractivos, el mío también.

Por sus propiedades nutritivas y aporte de sustancias de acción antioxidante, la guayaba nos mantiene jóvenes, yo aporto también un montón de nutrientes a quienes me conocen, y mi eterna lucha por no perder a mi niño interior me hace un antioxidante maravilloso para la vida.

El consumo de la guayaba es tan sano, que es recomendado para niños, jóvenes, adultos, deportistas, artistas, mujeres embarazadas, madres lactantes, estrellas de rock y personas mayores. Yo no he pasado por todos esos, pero es bueno al menos saber mis posibilidades.

Antes era sólo una guayaba, muchos años traté de ser piña, me disfracé de manzana, de hecho, hubo un tiempo que quería ser tan exótico como el maracuyá. Pero, la verdad, soy una guayaba, y ahora más que nunca, soy una guayaba orgullosa, porque con el paso de los años entiendes que la vida y el amor son únicamente cuestión de gustos.

Ojalá supiéramos eso antes, y no pasáramos tantos años de juventud, arrancándonos dolorosamente las semillas para agradar a otros. Disfrazando el amarillo para minimizar nuestro aroma natural.

Hay que aprender en la vida -y mira, más vale que lo aprendas temprano- que lo que tú pienses de la guayaba, es tu problema, y que si no te gusta, ¡pues no la consumas!, ve y búscate un mango, una papaya, una fresa, pero por favor ya deja de... estar jugando a la guayaba, y permite que alguien que pueda apreciar su sabor, su olor, su encanto; se la coma con gusto, y de preferencia: a mordidas de pasión.

Digan lo que digan, la guayaba es radiante, dulce, satisfactoria y sabrosa. La guayaba es ¡D-E-L-I-C-I-O-S-A!, y así como es, con su maravilloso encanto y su muy particular sabor, le agrega un sabor inesperado, al delicioso ponche de tu vida...

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Odín Dupeyron


Me encantó esta reflexión, yo creo que no hay nada que pueda agregar ni decir, sólo comentar que Odín Dupeyron, el autor de este texto, es un actor mexicano, heredero de una tradición histriónica (es hijo de Humberto Dupeyron y sobrino de Elizabeth Dupeyron); y este escrito fue parte de lo que él compartió en una entrevista de radio con Fernanda Familiar (¿Con quién más podría ser?).
Todo salió a colación de un monólogo que Odín está presentando en la ciudad de México y que se llama "A Vivir"... (¡arghhh! cuando me entero de estas cosas es cuando odio no estar tan cerca del D.F); porque me encantaría verlo.

Hace tiempo que no les compartía ningún tema relacionado con el programa de radio de Fernanda,
porque ya no puedo escucharla como antes, a veces la escucho en capítulos, y hay otras en que alcanzo a "pescar" algo, y pues por ejemplo, el programa donde salió este chavo, lo escuché poquito, y afortunadamente en el que eligen para los Sábados, retransmitieron este y me encantó todo lo que dijo. Me llamó mucho la atención su forma de pensar, y pues compartió dos reflexiones más que espero transcribirles en las próximas semanas.

Fue muy curioso que justo cuando estaba pensando que iba a publicar en el primer post de esta semana me tocó escuchar este programa de radio; la semana pasada estaba pensando en un cuento y ¡zas! me encuentro con uno... Creo que si es cierto eso de que debes hacerle caso a tu intuición (y lo más chistoso es que Odín y Fernanda hablaron de eso mismo también).


Fernanda Familiar.

Ojalá se me haga un día poder ver el monólogo de Odín y pues a Fernanda, gracias como siempre porque a través del micrófono no sólo nos hace reflexionar, sino que siempre, siempre, nos aporta cosas que nos nutren a nivel emocional. La verdad aunque suene exagerado, yo no sé que sería de mis mañanas sin el programa de Fernanda, es de los pocos placeres cotidianos que me ayudan siempre a sacarle la vuelta a los días grises y ordinarios.

P.D. Voy a seguir investigando cosas de Odín y a conseguir sus libros... Ya luego les contaré como me fue...

6 comentarios :

Victoria dijo...

Martha
muy interesante esto que publicas
me gusta pensar lo de la guayaba
me gusta.

buen post

ave de estinfalo dijo...

a mi me fascinan las guayabas, desde que tengo memoria he comido guayaba, se la hechan al ponche, hacen te de guayaba (en mi casa) postre de guayaba... la guayaba es casi casi el alimento de los dioses ^^

:D

ya pues, dejando a un lado a la guayaba... la reflexion me gusto, muy cierta

Ya pues, cuidate muchote, que estes bien y saluditos.

Bonita semana ^^

Caballero de la Blanca Luna... Y Diesel. dijo...

Ps a mi no me gustan las guayabas. habia el mito que con las semillitas (al igual que con el tomate y la granada) se desarrollaba la apendicitis, por obstruccion del conducto de la apendice :S Asi que para que le busco :D Saludos!

Martuchis dijo...

Vicky:
Yo creo que yo soy como una guayaba. Gracias por pasar.

Nefertiti:
Que bueno que te gustó la reflexión, gracias por pasar tu también.

Diesel;
A mi si me gusta la guayaba, pero tampoco mata. Los dulces como el ate de guayaba no me gusta, pero la onda aquí era tomar esta fruta como algo que te agrada o no te desagrada y así es la naturaleza humana, no a todos les puede uno caer bien independiente de como sea.

Vane dijo...

Definitivamente hay gente que tiene tan claro como recorrer su camino, y con ejemplos prácticos nos hacen ver que millones de personas se pierden las pequeñas grandes cosas, esas que con sólo saber mirar te cambiaria el día, y si te lo propones te puede cambiar la vida.

Muy interesante el post, y muy original este texo sobre la guayaba, ahora estoy pensando que puedo hacer una reflexión usando el dulce de leche de ahí si hago un libro, jajajajaja.

Ojalá que todo esto sea un gran aporte para las personas que te leen, y sobre todo un gran aporte para tu vida.

Te quiero mucho

Anónimo dijo...

Odin Dupeyron es genial!!!! sus libros me encantan, se los recomiendo mucho!!!!!!!