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El Viaje de Todos Los Días...


Hoy amanecí bajo un cielo muy azul y completamente despejado. La mañana comenzó con un puñado de canciones nuevas y hermosas para acompañar al silencio del camino.

Yo también reanudé mi recorrido diario. No sé porque, pero al hacerlo me imaginé que cada noche, (al momento de cerrar los ojos), cada uno de nosotros somos como un viajero que en cualquier lugar en el que por sorpresa lo alcanza la oscuridad, detiene su camino para descansar. Y al llegar la madrugada, levantarse otra vez para continuar con su trayecto.

Eso es lo mismo que uno hace cuando despierta y ya es otro día. Por mucho que se permanezca en la misma ciudad y los días parezcan tan iguales, la calle y el cielo siempre se visten con imágenes diferentes.

Tiene que ver también con las cosas que cargas todos los días en la maleta de viaje. Algunos días algunas pesarán más que otras, y habrá momentos en que guardarás pedacitos de tiempo en los bolsillos del alma que se convertirán en pasado, mientras en el camino vas aprendiendo a dejar lo que te pesa entre el corazón y la espalda, en forma de piedra o de objetos pesados e inservibles que quedarán abandonados a la orilla del camino.

De un día a otro también los sentimientos y emociones cambian, la tristeza o la alegría que ayer podía ser de un color intenso; puede amanecer desteñida o deslavada para dar lugar a las emociones que llegan en el presente; que luego se desgasta también.

Así es el viaje de todos los días, y en el de hoy yo le he pedido a Dios que me regale un corazón más fuerte y un alma menos frágil.

No sé que tan cargada, ligera o pesada termine mi maleta al final del día; pero en la bolsa de guardar es seguro que antes de dormir deposite junto al cesto de la ropa sucia, otro día gastado.

Luego buscaré en mis cajones los recuerdos más cálidos, listos para usarse en los días cuando los abrazos de otoño son hacia adentro, y no son tan abrigadores como hoy.

No veo a nadie conocido a mi alrededor, pero por dentro sé que no voy caminando sola, y esa certeza tan absoluta me lleva a hurgar entre los bolsillos de mi chamarra y de mis jeans, para tratar de averiguar si encuentro algo valioso que pueda regalar a cualquier persona que se cruce en mi camino.

Hoy encontré una hoja doblada con estas emociones y sentimientos abrigados en nostalgia transformados en letras y palabras.... Quizá sean algo sin valor y demasiado simple; pero aún así me gustaría pensar que si a este trozo de hoja lo tiro a la calle o lo dejo abandonado en alguna parte; en el viaje de todos los días, a cualquiera que lo encuentre, le podría servir.

10 de Noviembre
10:20 am 

Comentarios

Victoria dijo…
Un alma menos fragil... para que?
con esa alma que tienes es con la que has podido salir adelante Marthita
te extraño
Martuchis dijo…
...Pues es que tengo corazón de pollo Vicky, eso que ni que...

Gracias por pasar.
Vane dijo…
Seguramente que a alguien le va a encantar encontrarse algo así, bueno a mí me encantaría, dejarlo en alguna puerta, ventana, un banco, o en la calle, puede que alguien lo rompa, pero puede también que alguien lo encuentre y le provoque una sonrisa o un suspiro, que lindo!