lunes, agosto 01, 2016

Te quedaste...


Te quedaste en junio... En los días cálidos llenos de recuerdos. 
Te quedaste también en noviembre mientras intentabas escapar del frío al otro lado del mundo.
Te quedaste en una madrugada de tantas, mientras afuera hacía silencio y a ti te costaba trabajo despegarte del mundo de los sueños, ese donde todo es perfecto y cada cosa está en su lugar.

Te quedaste sentada en la banca de un parque, pero ese era sólo tu cuerpo. Tu mente y tu alma estaban sobre la arena de una playa lejana o sintiendo la humedad del césped de un parque solitario... En ese lugar que era tu refugio cada vez que te costaba coincidir con tu cuerpo en el presente, ese del que más de una vez, de forma precipitada, alguien que te llamó por tu nombre más de dos veces (con insistencia), te obligo a regresar.

Sabes que no puedes permanecer ahí para siempre, pero hay días en que quedarte entre las líneas que escribes, entre los renglones de las historias de otros tiempos, en los silencios de la madrugada cuando el cielo parece aún más estrellado; todo eso en conjunto parece ser mucho más interesante y revelar más de lo que en el mundo cotidiano podrías encontrar.

Te quedaste hoy en cama, tal vez no llegaste a ningún lado, pero tu corazón y tu alma siempre te llevan hacia millones de kilómetros de distancia.

Te quedaste un domingo.... y también un martes... Te fuiste a trabajar, pero estabas aún en casa, quizá más lejos... Regresaste con el corazón después de una despedida, tan sólo para darte cuenta que el lugar era el mismo, pero nadie te aguardaba, a pesar de haber vuelto no ibas a encontrar a nadie más que tú ahí.

Tal vez es tiempo de que llegues hasta cualquiera de esos sitios y te tomes a ti mismo (a) por el brazo. No puedes quedarte a vivir una y otra vez un sólo día de hace dos veranos, no puedes dejar tu cuerpo literalmente abandonado para que tu alma divague por sitios distantes en donde es evidente no está tu casa, mientras allá afuera, donde si estás ahora, la ciudad cambia y los milagros suceden cuando tu mente viaja hacia un tiempo que ya no existe.

Te quedaste hoy, pero tal vez no contigo, sino con alguien más que ni siquiera para ti estaba, y aunque desconoces por completo dónde permanecerás en los días que aún no existen, tal vez sea tiempo de que despiertes, te tomes del brazo y aunque retrasar las manecillas del reloj no permita que el tiempo regrese o avance, si puedes darle cuerda para volver a empezar y aprender a quedarte contigo mismo, pues ese es el mejor lugar en donde puedes estar.

1 comentario:

Nefertiti Munguia Triana dijo...

Jejeje acabo de escribir un post más o menos acorde a este, tu hablas de avanzar y yo de retroceder. Así de diferentes las cosas, pero siempre es inspirador leer tu blog, lo malo que por una oreja me entra y por la otra me sale, soy malísima para aprender y tomar consejos.

Saludos Martuchis, vendré a leerte más seguido para contagiarme de optimismo.