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De encuentros y reencuentros nada casuales...


Los días más recientes de mi vida han sido de descanso y pausa, de realizar esas cosas que uno posterga por estar inmerso en las responsabilidades de la vida cotidiana, y que cuando por fin te das el tiempo, son las que propician que los días cobren otro sentido y la existencia tome un sabor deliciosamente distinto... Algo así como sentarte en casa para disfrutar de un café sin prisas o de una nutritiva charla de sobre mesa (y digo "nutritiva" en el sentido de que te alimenta el alma).

Desde finales del año pasado tenía pendiente una reunión con Claudia, una de mis mejores amigas, por una cosa o por otra nunca podíamos coincidir, y el día en que por fin lográbamos empatar fecha y horario, el clima bipolar de esta ciudad donde vivimos se volvía algo cercano al apocalípsis o no faltaba que otra cosa se atravesara en el camino.

A pesar eso, hago un pequeño paréntesis para decir que Claudia es una de las pocas personas en mi vida que por más ocupaciones y trabajo que tenga, siempre se hace presente sin que haya necesidad de vernos seguido... Supongo que quienes tienen el privilegio de contar a través de los años con alguien así, quien además de conocerte a la perfección, sabes que acudirá si lo llamas tanto en los tiempos buenos como los adversos, debe sentirse afortunado, y en ese sentido yo si lo soy.

El día de hoy fue especial por eso, porque la vida nos permitió reunirnos para compartir el desayuno con una charla, de esas en que hay un interés sincero por saber como está realmente la otra persona, sus problemas y los planes... De esas que te hacen sentir como si el tiempo hubiera estado suspendido para retomar la conversación de otro día, y al mismo tiempo hace que los minutos que de verdad disfrutas sin prisas, se desvanezcan como arena entre los dedos.

Por ese motivo, ya el jueves era diferente, pero la vida aún con sus altibajos, es detallista y hay ocasiones en que sin esperarlo te sorprende, y fue justo eso lo que sucedió hoy.
Ya estábamos casi al final de nuestra reunión, cuando por alguna circunstancia volteamos hacia la entrada principal de ese restaurante y descubrimos entre la gente que esperaba a que le asignaran mesa, estaban dos amigas de hace años, con quienes a la par de trabajar hace ya más de diez años, crecimos a nivel profesional y sobre todo personal.

Todas teníamos años de no vernos y mientras la charla se prolongaba de mediodía, hasta ya bien entrada la tarde, me cayó el veinte de que a pesar de que el destino siempre nos lleva a cada uno por distintos caminos, llega un punto en que vuelves a coincidir, y es entonces una bendecida coincidencia volver a reunirse con quienes te enseñaron lo que sabes como profesionista y hasta el día de hoy te ha servido en todos y cada uno de tus trabajos, y mejor aún, tomas consciencia de que a pesar de los problemas y los retos afrontados con los años, la esencia de cada uno se mantiene intacta.

En aquellos años en que todas éramos parte de un mismo equipo y que convivíamos mucho más que con nuestras propias familias, nuestra casa era una agencia de publicidad en la que además editábamos un par de revistas. En mi caso concreto esa fue mi formación en los medios, y las herramientas que obtuve durante esos años fueron mi pasaporte de acceso para otros trabajos.

Eso por hablar sólo del aspecto como profesionistas, pero es respecto al plano personal donde lo más valioso reside y eso fue precisamente el regalo que en ese reencuentro casual -que era evidente no tenía nada de fortuito-, la vida nos dio hoy.

Es muy curioso, para mi este ciclo reciente ha sido de reencuentros y de poner con tranquilidad, amor -y sobre todo agradecimiento- el punto final a historias que durante años permanecieron inconclusas. 

El día de ayer una tarde con otra amiga de estos años recientes; mientras que en la charla de hoy, comprobé una vez más que a pesar de que todos tenemos una misión de vida, nuestro destino se va delineando en base a nuestras decisiones, y a pesar de que vayamos ya por caminos diferentes, la vida en algún momento nos permite encontrar de nuevo en el camino a quienes nos acompañaron; pues de otra forma no nos daríamos cuenta de los pasos que nos han llevado hasta donde ni siquiera hubiéramos podido imaginar.

La verdad es que fue una linda sorpresa que se celebra, pero sobre todo se agradece en estos días de pausa y reflexión... Dicen que las cosas que no se planean son las que más se disfrutan, así que de verdad espero que la vida nos regale más encuentros, mas charlas, en las que podamos celebrar la amistad, las anécdotas de cuando muy a nuestra manera, cada uno a la par de aprender, nos comíamos el mundo.

Gracias por la remembranza del pasado en el presente, y por ese reencuentro nada casual.

Comentarios

Mile dijo…
Que chistoso Martha! Bueno te cuento... hoy regrese a la Goma buscando una fecha y una foto de 2008, años sin ver mi blog y me encuentro con que tu eres la única de todos nosotros que sigue activa y productiva, lo cual me parece genial!. Me puse a petrear y me encuentro con esta foto y el hecho de los encuentros fortuitos... Tu primera Claudia y yo eramos compañeras de la Uni, la segunda Claudia y yo, somos compañeras de trabajo y la China, bueno tengo años sin verla pero es muy amiga de mis amigas... todo es como redondo... que chistoso! Me da gusto leerte, saber que estas bien y ahí vas como todos buscando y pensando en la inmortalidad del cangrejo! Te envio un abrazo y seguire leyendote...