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Cuatro semanas de ternura...


Hace ocho meses atrás jamás me hubiera imaginado que mi casa volvería a impregnarse por todos lados con las huellas de patitas y barrigas rosadas...

Mi encuentro con Canela, la madre de estos cinco cachorros que ya cumplieron un mes, estaba quizá ya determinado... Dicen que nada es casualidad y esa mañana fría cuando la encontré, ni ella ni yo nos imaginamos todo lo que iba a pasar.

Dicen que los milagros suceden cuando menos te lo esperas, y estas bolitas peludas y tiernas llegaron al mundo en un momento no muy bueno, y quizá eso es una clara señal de que la vida (a pesar de todas las adversidades), siempre continúa, y de alguna manera o de otra, siempre te pone los medios para que sigas adelante tú también.

Fue mágico volver a ver como nace un cachorro, una de las cosas que jamás he olvidado a pesar del tiempo y también una de las más hermosas experiencias que como simple observadora me ha tocado vivir...

Ya pasaron muchos años desde entonces, y  aunque he tenido el privilegio de presenciar eso varias veces, la sensación siempre es la misma... Esta vez tardaron alrededor de media hora en nacer desde que llegó el primero, y ese Sábado en la noche se transformó en una madrugada larg,a que luego dio paso a una mañana distinta en la que cinco ángeles peludos y con colita, llegaron para cambiar lo rutinario, disipar el estrés y las preocupaciones de todos los días.

El tiempo pasa volando y las mañanas de travesuras se esfumaron por completo. A diferencia de otras veces, estos cinco cachorros no sólo abrieron al mundo sus ojos y orejas antes de lo previsto, sino que además comenzaron a alimentarse por si mismos antes de lo que yo hubiera esperado... En pocas palabras quiero decir: Aceleraron la fecha de la despedida, mucho antes de que yo me hiciera a la idea de que ahora sí yo no podría quedarme con ninguno y de modo inevitable, tendría que dejarlos partir.






















En resumen, hay días en que hubiera deseado que por alguna especie de magia o hechizo no crecieran y se quedaran para siempre de ese tamaño. Que el lapso de tiempo entre su llegada y el día de su partida hubiera sido más grande y prolongado, (mucho más que mi preocupación por dejarlos en buenas manos)... Pero bueno, en este mundo nada escapa al paso del tiempo, y estos cachorrines no fueron la excepción.

Ayer fue su último día aquí... Que difícil es a veces dejar ir algo que se ama tanto... Pero es parte de la vida y para que eso que tanto se ama, pueda tener una mejor vida y crecer...

Buena vida a todos ellos. Gracias por haber elegido mi casa para llegar aquí.

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