Mientras la vida sucede...
¿Te ha pasado alguna vez que apenas si tienes tiempo de procesar todo cuanto está pasando en tu vida?
Es como si fueras a bordo de un vehículo viajando a toda prisa, atento y alerta a todo cuanto se aproxima por el cristal de enfrente; pero de pronto hay un instante en que tomas consciencia de que a los lados también hay un par de ventanas y a través de ellas no sólo ves el panorama más general de todo, sino que de cuando en cuando descubres cosas hermosas o que te llegan a sorprender...
Así ha sido mi vida en estos últimos meses... He pasado cosas muy difíciles y en contraposición otras muy lindas también. Como siempre habitaba en mi el deseo de materializarlas en letras y en palabras, pero la velocidad con la que sucede la vida es tan vertiginosa siempre, que hasta este punto de la madrugada, por fin encuentro un instante para detener mi camino y en la antesala de una semana que termina y otra que empieza, la luz de un monitor es lo único que guía mis manos que con torpeza se deslizan con rapidez en el teclado para evitar que todo lo que tengo para contar no se pierda, pero al mismo tiempo fracasan en el intento de evitar hacer ruido para no despertar a quien a poca distancia desde hace un buen rato duerme ya.
Hay tanto por contar, pero lejos de lo banal y cotidiano quiero plasmar en letras que a veces mientras voy manejando imagino letras en el aire que terminan convirtiéndose en cartas o en una gran historia que surgió de un sueño.
No se si a ti te pasa, pero hay días en que quiero contar y atraparlo todo... Inmortalizar nuestras conversaciones sin prisa en la cocina, o de la noche en que nos quedamos hasta tarde encima del techo mirando las estrellas... Las horas son insuficientes y han habido un montón de veces en que mientras la luz del semáforo cambia de un color a otro, soy capaz de ver cada una de las palabras que contarán todo lo que sucedió en el transcurso de las horas y los días en que estuve lejos de ti.
Sé que es algo imposible, pero sería increíble que pudieras estar un día dentro de mis sueños... Dormir con tanta cercanía no me es tan suficiente, y tantas veces me sorprende como cuando el día termina y dos personas conectan en total complicidad y cercanía, esa distancia tan estrecha es irrelevante porque llega un punto en que cada quien emprende una travesía hacia un destino diferente en el mundo irreal...
Tantos días y tantos meses formando parte de tu mundo y haciéndote también parte del mío... En las ventanas empañadas tras una noche de lluvia escribo que me gusta todo lo que veo cuando me asomo a tu mundo, mientras al mismo tiempo valoro tanto también que te quedes cuando los ventanales de mi alma reflejan cosas que no son tan bonitas como las dudas, el enojo y el miedo, pero todo es parte de este mismo viaje en el que hasta los días en que regreso a casa sola, aunque la ventana no permita ver más allá de lo evidente, el recuerdo de una conversación sincera, la risa provocada por cualquier tontería o mi silencio que se transforma en sonrisa mientras tú cantas en un intento de acortar el trayecto; propicia que olvide el tráfico y por arte de magia regresen los días cálidos que ya nos han tocado vivir.
Mientras tu cuerpo duerme y tu alma y tus sueños están tan lejos, te miro y pienso en que tú también tienes siempre tanto que decirme, pero lo tuyo no se trata de cartas ni de letras, y aunque lo intentes tu manera de abrir el corazón derrite al mío por la simplicidad de lo que haces.
De verdad quería hoy escribir para contar todo cuanto ha pasado... Pero el reloj y el cansancio en mi espalda ponen en evidencia que ahora ya no es un buen momento... Mi boleto de ida hacia El País de Los Sueños no es un pase permanente, quizá mañana cuando despiertes, intentaré robarle un instante a la prisa o en el lapso de un semáforo en rojo, una vez más trataré de contarte todo lo que ya no alcancé a decirte hoy.



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