Clima Emocional de Octubre
Tenía un buen rato sin escribir nada en el blog, ni tampoco en el diario personal y la única razón que justifica esa ausencia tan prolongada es que la mayor parte de mi tiempo la vivo inmersa en el mundo real.
La recta final del año llegó sin que yo me diera cuenta, y de la parte final del verano a este casi inicio de otoño me pasaron un montón de cosas, algunas buenas, otras no tanto (pero no me gusta hablar mucho de eso, y quizá lo haga cuando pase más tiempo y me sienta lista para hacerlo); pero en general también me han sucedido cosas lindas, y otras más que en los momentos de más estrés o mayor dificultad, de pronto y de la nada surge la solución y es cuando confirmo que Dios, aunque en silencio está muy cerca.
Desde el viernes no había salido de casa, debido a que de manera inusual ha llovido como nunca en esta ciudad desértica, al grado de que todo se inunda, la ciudad se colapsa y es peligroso transitar por las lagunas enormes que sobrepasan la altura de los autos y los enormes socavones y agujeros que dejan el asfalto como si fuera la superficie lunar (tapizada de cráteres); y ese es también otro motivo para agradecer el que el lugar en donde vivo sea un lugar seguro, en un sitio alto que no se inunda, y es un refugio contra las inclemencias del tiempo.
En la universidad estamos exactamente a mitad del semestre, se acerca el evento más importante: la graduación y en el instante mismo en que escribo esto, siento que este fin de semana fue una especie de pausa-respiro antes de embarcarme en las próximas semanas vertiginosas que estarán llenas de actividades entre las que se encuentra la elaboración del guión para la magna ceremonia de graduación, otro evento de posgrado, las notas de los eventos que vendrán a la par de eso y es posible que eso me aleje de las letras y de este espacio que siempre reservo para mi.
Me fascina mi trabajo, pero a veces si extraño los días en que tenía mucho más tiempo de soñar despierta, de imaginar y atrapar historias y sentarme a escribir aunque no hubiera gran cosa por contar (así como hoy). En contraposición, trato de ver la otra cara de la moneda y a medida que los días avanzan y me sumerjo por completo en todo lo que a diario hago, por la noche, cuando me acuesto y la sensación física de cansancio en la espalda al reclinarme sobre el colchón me hace saber que fue un día intenso y productivo; pienso también en que dentro de muy poco terminará el año y probablemente habrá más tiempo para escribir y para enfocar mi tiempo y atención en las cosas que no necesariamente me dan una remuneración monetaria y material, pero me enriquecen mental y espiritualmente... Esa parte es súper esencial para mi. Es la manera como mi alma se alimenta y muchas veces en algún punto del día pienso en que por dentro estoy hambrienta de cosas que me hagan suspirar, soñar y crear.
Necesito urgentemente darme el tiempo para propiciar que eso suceda.... A veces no se ni como, pero me urge poner más atención a esa parte intangible de mi ser y que es de vital importancia para que todo lo demás funcione a la perfección... Eso es justo lo que pasa por mi cabeza en esta noche de inicio de semana (la última de octubre), y que justo es la antesala a la época más bonita del año -para mi-
El día está a punto de terminar, pero agradezco hoy por todo lo que tengo y no tengo, porque hay una fuerza superior que siempre me protege y me ha salvado de cosas bastante complejas (física y emocionalmente), y eso es lo más importante de este clima emocional de finales de octubre.
Ya veremos que pasa después.... ¡Nos leemos luego!



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