Vuelta al Paraíso...

Tenía tantas ganas de volver y finalmente sucedió... Era de día, algo así como a la hora de la comida. El sol era intenso, y aunque había algo de gente y vehículos en tránsito por la carretera contigua a la playa, yo no dudé ni un segundo en perfilar mis pasos hasta ahí.

En cuanto crucé la pequeña barda que separaba la zona turística de la arena y esas enormes rocas de color oscuro, todo pareció desaparecer a mi alrededor y me sentí tan feliz de volver, que no me importó para nada que los zapatos que llevaba puestos empezaran a mojarse cuando las olas y la espuma marina me alcanzaron para darme la bienvenida.

Era un día caluroso, pero la temperatura fría del agua terminó por difuminar de mi cabeza y mi alma cualquier indicio de recuerdo o pensamiento, para separarme por completo del mundo entero que existe en este momento de mi vida, a mi alrededor.

No era la primera vez que yo estaba ahí.... No tengo ni la menor idea del punto geográfico donde se ubica ese sitio tan mágico; tan sólo sé, que el color oscuro de la arena y de las enormes piedras que bordean por completo la bahía son tan familiares para mi, que estando en ese sitio, caí en la cuenta de que esa visión tan real y la sensación tan placentera de sentirme tan en paz, sólo ha sido posible en el mundo imaginario de los sueños, cuando mis ojos se cierran por completo al mundo real...

El tiempo desde ahí es algo imperceptible y relativo... Aunque pudiera parecer eterno, siempre he estado consciente de que al ser yo un ser terrenal, la estadía ahí es limitada. Por eso, aunque nunca había hablado de las veces en que he visitado ese sitio; con la calidez del sol reflejándose en forma directa sobre mi cara, cerré los ojos y mi único deseo en ese instante fue quedarme ahí aunque fuera por unos cuantos minutos más.

Siempre he sabido que desde ese lugar cualquier cosa es posible, que pueden ser increíbles y especiales las cosas que pueden encontrarse más allá de los límites donde la vista ya no alcanza a percibir ni a describir las cosas que existen; pero yo no busqué a nadie ni pedí tampoco nada... Me conformé tan sólo con el regalo de esa paz envuelta entre calidez y humedad de brisa marina, que avivó todavía más mis ganas de encontrar en el mundo real más días con risa, llenos de charlas especiales donde se comparten desde los miedos hasta los sueños... De cosas que se revelan sin necesidad de palabras y se descifran únicamente a través de miradas y la cercanía piel con piel.

El mar y yo, tenemos años sin reunirnos... A pesar de eso se que esa playa en algún punto desconocido del mundo de los sueños existe de verdad, y más que una vuelta al paraíso, reafirmó la promesa de que en uno de esos tantos días que aún no vivo, volveré...

Gracias por ese reencuentro entre sueños.

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