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El Cuento de Nunca Acabar...

Había una vez una pequeña princesita a la que le encantaban los cuentos que nunca terminan... Aquellos que por más que se intente, no se puede adivinar cuál será el final.

Su nombre era Melissa, y todo comenzó en el reino donde ella vivía. Un lugar muy hermoso, que se encontraba cerca del país donde se fabrican todos y cada uno de los arcoiris, pero muy, muy lejos del mundo real.

Cada día y cada noche (desde que ella nació); su madre, la reina, siempre le contaba un cuento distinto antes de dormir. Cuando era pequeña, no había mayor problema, pues cualquier historia con muy poquitas letras y palabras era suficiente para que la princesita; jugando a imaginar, se quedara dormida de inmediato.

Los primeros cuentos que escuchó no estaban escritos en un libro; porque trataban sobre cosas que en el lugar donde vivía eran reales y todo mundo conocía; o eran historias que la mamá, de la mamá, de su mamá, le había contado en otro tiempo, cuando la reina tenía su misma edad.


Estaba por ejemplo: La historia del dragón que vivía a las afueras del reino, y que era tan, pero tan viejo, que tenía que comer trocitos de carbón para poder arrojar llamaradas de fuego, y así de paso calmar su tos.



Supo también, que en el país de los arcoiris; estos eran pintandos por un montón de duendes que tenían un montón de brochas y cubetas con pintura de todos los colores. Durante el día, podían pasar horas y horas enteras trazando cada línea con pinceles gruesos, delgados o pequeños; pero como los duendes son traviesos por naturaleza, al terminar su trabajo por la tarde (y cuando la pintura ya estaba seca); ellos convertían aquellos arcos multicolores en una enorme resbaladilla y se ponían a jugar.


Todo esto era tan mágico para la pequeña princesa, que a medida que fue creciendo, su fascinación por los cuentos comenzó a transformarse en un gran problema. No sólo porque sus padres ya no se sabían otras historias para contarle; sino porque cuando tuvo edad suficiente para poder sostener un libro por ella misma, y al mismo tiempo aprendió a descubrir la magia de las letras, leyó y releyó todos los libros de cuentos que estaban guardados en los enormes armarios del castillo.


Así fue como la princesa comenzó a sentirse triste. Durante el día, vivía muy feliz y contenta, pero al llegar la noche lloraba, porque ya no quedaba en casa un sólo libro con alguna historia que ella ya no conociera. Entonces, sus padres, que no querían verla triste; pensaron que la solución sería sustituir todos los libros antiguos de los armarios, por otros nuevos.


El Rey, en su afan porque su pequeña hija no dejara de sonreír; envió emisarios en dirección hacia los 4 puntos cardinales; con la encomienda de que buscara por todos los rincones del mundo, los libros con las historias más largas y mágicas que existieran.


La tarea no fue fácil; pero los emisarios, después de darle seis vueltas al mundo, de arriba hacia abajo, cumplieron con la encomienda y regresaron felices a casa con arcones repletos de libros con historias grandiosas.


El emisario que recorrió todos los mares, encontró cientos de libros con historias de piratas; pero al final terminó por devolverlos a cada uno de los navieros de donde los obtuvo; porque se dio cuenta que todos los navegantes de los mares con una pata de palo y un garfio en la mano, eran un tanto "mentirosillos" y vanidosos; porque en sus libros todos siempre contaban las mismas historias sobre barcos fantasmas, e islas encantadas en las que enterraban enormes cofres repletos de monedas valiosas y doradas; o hablaban también de las emocionantes peleas contra temibles monstruos marinos.


Hasta el día en que en aguas muy profundas, de un mar muy lejano; un delfín transparente, en cuanto supo que el emisario buscaba un regalo especial para una princesa; nadando lo llevó hasta una isla desierta donde encontró en un arrecife, un libro que las sirenas habían escrito y que servía para entender el idioma de todas las criaturas de los océanos y los mares.


Otro emisario que viajó por los desiertos, trajo consigo 20 camellos cargados de libros, pero el más especial de todos era "El Libro del Desierto"; un ejemplar mágico que no sólo estaba hecho por completo de arena, en el que cada página era como una cajita en la que los granos terregosos se acomodaban en forma de letras al ir pasando las páginas; para formar las palabras que contaban las historias guardadas dentro de los sonidos del silencio.


Por ser un libro tan especial y mágico, venía envuelto en una tela especial bordada con hilos traidos desde un mercado en el lejano oriente. Ese lugar no era muy fácil de encontrar, porque aparecía sólo al paso de algunos caminantes


Algunos decía que en realidad ni existía, y era sólo un invento, o una alucinación propia de las personas que por la sed y el sofocante calor, eran presas de los espejismos propios del desierto...
Hasta ahora nadie conocía a ningún viajero o persona que hubiera regresado de ese sitio; en el que se decía, los mercaderes comercializaban alfombras voladoras; especias y elíxires mágicos que servían para convertir piedras en oro, a las personas en objetos, o darles algún súper poder por un espacio muy corto de tiempo.

Desde ese lugar; el emisario que viajó por el desierto; en la parte más lejana y poco concurrida de aquel bazar; gracias a una pequeña trampa en la que logró confundir a un mercader que remataba libros mágicos y antiguos; el emisario aprovechó un descuido para lleverse "El Libro del Desierto".

Otro de los emisarios viajó de día y de noche a través de los bosques; y después de muchos meses solo y en silencio; se dio cuenta que los árboles hablaban; y no necesitó de mucho tiempo para empezar a entender las cosas que conversaban entre ellos.


Gracias a eso; se enteró de que en la parte más recóndita del bosque, vivían los unicornios y un poco más allá estaba también el reino donde vivían los faunos. Como el emisario no tenía mucho tiempo, en cuanto supo de su existencia, se fue de inmediato a buscarlos.

Los faunos eran criaturas maravillosas; pero al mismo tiempo eran muy reservados. Cuando el emisario llegó y les expuso la encomienda que tenía, los faunos decidieron regalarle el libro que contaba la historia de uno de sus más bellos ejemplares, que hacía poco tiempo se había escapado para huir de un personaje oscuro de piedra y lama que pretendía apoderarse de él. Nunca más nadie volvió a verlo, y nadie supo tampoco donde estaba. Por eso, al momento de poner el libro en sus manos; el patriarca de los faunos, depositó en el emisario la esperanza de que si la historia de aquel ser tan querido para ellos llegaba a ser conocida en otras fronteras y reinos, tal vez era probable que pudieran volverlo a ver.

El último de los emisarios no pudo encontrar ningún libro que valiera la pena; pero después de tanto tiempo fuera del reino, no volvió allí con las manos vacías. Como era un servidor del rey muy inteligente, lo que hizo fue ir anotando en largas tiras de papel todas las cosas sorprendentes que vio durante el viaje, y de paso se dedicó a escribir todas las historias interesantes de las que se hablaba en los pueblos por los que pasó.



Así anotó en montones de papeles, historias de todos los lugares. En La India, le contaron de un elefante blanco que tenía poderes mágicos. De China, escribió la leyenda de los 7 dragones; y en las montañas más altas de las oscuras tierras del sur, encontró un monje que sabía descifrar los secretos que revelaban el futuro oculto en las estrellas; y que él había aprendido después de haber vivido en un país hermoso en el que siempre era de noche; pero al mismo tiempo era también muy pequeño.

Los 4 emisarios regresaron justo el día en que la pequeña princesa cumplió 6 años. La montaña de pergaminos que su padre mandó encuadernar, el libro de arena, el de las sirenas, y el de los faunos se convirtieron en sus favoritos. Pero la felicidad duró muy poco, porque una vez más, Melissa, los terminó de leer muy pronto.

Su padre, que no soportaba la idea de verla triste, no podía repetir la odisea de enviar otra vez hacia tierras lejanas a sus emisarios. Primero, porque ya no existían más libros ni tampoco historias -todas se las habían llevado ya- y después, porque un viaje de esos era tan tardado, que corría el riesgo de que tanto los emisarios como sus caballos regresaran al reino ya convertidos en ancianos.

300 noches y 300 días, el Rey pasó pensando: ¿qué podría hacer para devolverle la felicidad a su hija?

Se reunió con sus consejeros y secretarios, pero a ninguno de ellos se le ocurría nada; hasta que una mañana, así de la nada, al Rey le vino a la mente que recurrir a los escribanos y cronistas del reino, podía ser la solución.

En cuanto la noche se hizo día, mandó pegar en todos los lugares visibles, un decreto en el que ordenaba que todas las personas que se dedicaran a escribir para contar todo lo que pasaba en el reino; tendrían que entregar a diario a la corte (y mucho antes de que terminara el día), un pergamino con una historia distinta. Quienes no cumplieran con este mandato, serían enviados al calabozo que era resguardado por el cíclope de la mazmorra.


Así los escribanos pasaron días y semanas enteros escribiendo de noche y de día. Al llegar la tarde, a las afueras del castillo, enormes filas de gente se formaban, porque -como siempre- no faltaba algún "vivillo" que quisiera pasarse de listo para tratar de obtener algo a costillas del Rey. Pero llegó un momento en el que no sólo la imaginación se les agotó, esos enormes mares de gente a las afueras del castillo, se convirtieron en una pequeña línea de 4 ó 5 personas, pero como quedaron solamente los que si eran escribanos, por el exceso de trabajo empezaron a quedarse dormidos en los parques, en las plazas públicas, en los talleres, ¡Y en todos lados!

Y es que la realidad no era que a la princesa le aburrieran todas las historias que ya conocía, o que fuera sólo una niña caprichosa y berrinchuda que pedía cosas tan sólo por llamar la atención. De verdad, los cuentos y los libros le parecía que estaban tan llenos de magia, una magia que ella estaba convencida nunca debía terminar.

También eran tantas sus ganas de saber: ¿Qué pasaba después de la famosa frase: "Colorín Colorado"?, que una noche decidió que sería ella misma quien saliera a buscar sus propias leyendas y fábulas, con la intención de atraparlas y volver para compartirlas para siempre con toda la gente del reino.

Lo primero que hizo fue buscar a los duendes que pintaban los arcoiris y ellos le recomendaron que al igual que los emisarios que su padre envió un tiempo antes, empezara por buscar en los lugares donde surgieron las primeras historias que a ella le contaron.

Visitó al dragón viejo de la tos crónica; y él le dijo que la respuesta a todas sus preguntas la tenía el duende "Cazador de Sueños".

La princesa Melissa se sorprendió, porque nunca en toda su vida escuchó hablar de ese personaje; y aunque el dragón viejo no le supo decir cómo o dónde encontrarlo; le hizo saber que quizá el podía ser el único que podía ayudarle a encontrar algún libro mágico con alguna historia que nunca termina o con El Cuento de Nunca Acabar.

Así fue como la pequeña Melissa emprendió el viaje más largo de su vida, siguiendo la ruta que años antes los emisarios del reino recorrieron para poder encontrar los libros con las historias más maravillosas que ella recibió como regalo. En el camino se fue encontrando con todos y cada uno de los personajes que conoció a través de la magia de las letras; y lo primero que aprendió fue que cuando alguien escribe, sólo cuenta una parte de algo que a veces es mucho más grande... Pero que sobre todo, no siempre las cosas son lo que parecen ser.


Por ejemplo; en el libro de los piratas, se describía al más temible de los monstruos que hayan existido en toda la historia de los 7 mares, pero gracias a que la pequeña princesa aprendió el lenguaje de los seres que habitan los océanos, al navegar en su búsqueda en dirección hacia el sur, conoció a Rigoberto... Que no era más que aquel horripilante monstruo del que se hablaba en las hazañas del libro del Pirata Erick El Rojo; y al que Melissa conoció durante los 18 días que duró su travesía por el mar.

Al principio si la asustó; porque ella lo descubrió una mañana mientras se entretenía observando el azul del mar; recargada sobre uno de los bordes de la cubierta del barco. En esa ocasión, Rigoberto nadaba "de panza" con la intención de asolear un poco su alargado cuerpo de serpiente; y fue tanta la alegría que le provocó volver a ver gente por esa zona del océano; que de tanto agitarse, provocó una inmensa oleada.

Melissa era una niña muy inteligente, ahí lo comprendió todo. Eso que los piratas describían como la furia incontenible de una bestia marina; no era otra cosa más que las inmensas ganas que Rigoberto tenía de encontrar a alguien con quien jugar y platicar.

Así fue como Melissa y "Rigo" se hicieron amigos... Durante el tiempo que duró en altamar él no sólo le contó de todas las cosas que había visto y vivido a lo largo de toda su vida en las profundidades marinas, donde para los humanos es imposible tener acceso; sino que además la acompañó y la guió hasta que desembarcó en el continente donde podía seguir en dirección hacia el bosque encantado, donde encontraría el reino de los faunos y unicornios.

Una vez que estuvo por fin ahí; ninguna de las dos especies de criaturas mágicas le supo decir nada sobre el famoso Cazador de Sueños... Era cierto, todos en alguna ocasión escucharon hablar de él, pero ni siquiera los seres más longevos recordaban haberlo visto en alguna ocasión.

La princesa Melissa, al saber esto, se sintió muy triste; y se sentó al pie de un inmenso roble, pensando en que todo su esfuerzo había sido en vano, porque nadie sabía decirle como encontrar a ese misterioso personaje.

Ella no sabía ni por dónde buscar, porque eran tantas las cosas que se decían sobre él, que así sin poder determinar cual era la verdad entre todo lo falso, era mucho más difícil poder definir un punto desde donde empezar a buscarlo.

En ese instante el viejo roble que se encontraba de pie junto a ella, se inclinó para acercar un poco más su rostro de facciones duras hechas de corteza; y así poder decirle que no estuviera triste; que tal vez lo que necesitaba, era confiar un poco más.

La pequeña princesa, con húmedas lágrimas que hacían que sus ojos se vieran mucho más grandes y hermosos, le respondió al árbol: ¿cómo podría ella hacer eso?, si en ese momento no podía pedir ayuda a nadie, pues se encontraba muy lejos del reino donde vivían sus padres. Entonces el enorme roble le replicó que a veces, la ayuda está más cerca de lo que parece.


En ese instante, el árbol giró su tronco, y de la cara opuesta que quedó al frente, surgió una hermosísima fachada que era la entrada principal de una casa.

Alguien vivía ahí, porque desde la ventana cubierta con una cortina bordada con una tela de colores muy brillantes y bonitos, se percibía luz; y aunque la pequeña Melissa no tenía ni la menor idea de quien podría salir al llamar la puerta; golpeó 3 veces sobre la madera con su mano, y cuando la puerta se abrió, del interior surgió un Hada.


La pequeña princesita no podía creerlo, ¡las Hadas en verdad existían!, y ahora ella tenía una frente a ella. Pensó en miles de cosas que le gustaría pedirle, pero luego recordó el verdadero motivo que la tenía ahí, y después de presentarse con ella, y antes de que pudiera contarle algo a la señora Hada; ella le hizo saber que sabía todo por lo que había pasado, y que incluso llevaba varios días esperando que la fuera a buscar.

El Hada le dijo que era una niña muy valiente, y que por esa razón ella estaba dispuesta a ayudarle; porque efectivamente, El Cazador de Sueños existía, y también era cierto que él era el único ser que podía conocer El Cuento de Nunca Acabar.

Pero... Como en todas las historias tanto del mundo real, como en el imaginario, todo lo que vale la pena no siempre es tan fácil, y por eso el Hada le hizo saber que para poder encontrar a El Cazador de Sueños, la pequeña princesa tendría que aventurarse en un viaje muy largo y cansado, para llegar hasta un mundo muy distinto del que había conocido hasta ese día.

Le dijo que a pesar de que El Cazador de Sueños se encontraba en ese mundo, ella sólo tendría oportunidad de verlo durante los primeros 5 ó 7 años después de su llegada a ese lugar al que tendría que irse; y otra desventaja que tendría también sería que de camino hacia allí, olvidaría todo lo que formó parte de su mundo, y se convertiría en alguien diferente...

Pero tampoco todo era tan malo, porque por cada día de estancia en ese mundo donde la magia era muy escasa a veces, la pequeña princesa tendría también muchas oportunidades para aprender.

Melissa aceptó el reto, porque en el fondo de su corazón sabía que ese era su camino. Entonces, el Hada puso a su disposición uno de los unicornios de la especie "alada", para que la guiara en el viaje, hasta el punto donde tenía que llegar.

Antes de partir, puso entre sus manos una pequeña bolsita de terciopelo rojo, atada con un hermoso cordel bordado con hilos de plata. Le dijo que lo conservara para siempre, y que el contenido se evaporaría conforme avanzara en el trayecto, y todo lo que esa bolsita contenía, la pequeña princesita terminaría por absorberlo y llevarlo siempre en su interior.

Una vez que partió, perdió la noción del tiempo. Nunca supo cuántos días duró el viaje, pero vio muchas veces salir el sol, y luego irse para darle paso a la luna; hasta que un día el unicornio detuvo su vuelo al pie de lo que parecían ser dos inmensas escaleras.

Cuando Melissa se acercó ahí, le sorprendió descubrir que en aquel lugar había no sólo muchos otros unicornios; sino también muchos niños y niñas bajando por una de las escaleras.

Al otro lado (en la escalera opuesta), había también muchas personas de todas las edades, colores y tipos.... Todas ellas iban en dirección contraria y hacia arriba, pero la pequeña Melissa entendió que a ella le tocaba estar en la fila de la que iba de "bajada"; y que a unos cuantos pasos más adelante se convertía en una inmensa resbaladilla, por la que todos los niños se deslizaban entre nubes, hasta llegar abajo convertidos en unos hermosos y saludables bebés.

Así fue como aquella pequeña princesita llegó hasta este mundo. Dejó de ser una princesa en el mundo imaginario, para convertirse en una niña en el mundo real.... Al Cazador de Sueños lo encontró desde su llegada. Lo veía en sueños y le sonreía, pero de "El Cuento de Nunca Acabar" no le dijo nada; pues él quiso esperar hasta que fuera el momento indicado para contárselo.

Cuando ese día llegó, el duende cazador le hizo un regalo... En medio de un gran sueño la invitó a jugar en el bosque y de su frasco transparente con tapa, sacó un lápiz mágico y se lo entregó.

La pequeña Melissa no entendía nada... ¿De qué le servía tener entre las manos un lápiz, sin hojas para escribir? Entonces El Cazador de Sueños le hizo saber que aquel no era un lápiz común, puesto que con él podría escribir sobre cualquier cosa y en cualquier punto donde ella quisiera...

Ella era muy pequeña aún para entenderlo, pero se había hecho realidad su sueño de encontrar una historia que nunca termina. Ahora, ella tenía en sus manos la posibilidad de escribir en su corazón y en sus recuerdos todos los cuentos y las leyendas por ella misma; dibujarlo todo con sus colores favoritos, para conformar así con todas sus aventuras e historias, cada una de las páginas del libro que en el futuro no muy lejano, pasarían a convertirse en "El Cuento de Nunca Acabar"...

FIN

Comentarios

Claudia Monica dijo…
Ay que bonito, me encanto este cuento para mi pequeña...

Un dia que te lo lea y te vas a privar de la emocion.

Gracias por tomarte el tiempo en hacer estos detalles para ella.

Te queremos!
Martuchis dijo…
Clau:

Pues para que te "Desniego" que sería lindo si Melissa me lo leyera en un futuro no muy lejano, pero más que nada me gustaría mucho que este cuento a ella le gustara y que siempre tenga ese recuerdo de su infancia, que alguien le escribió un cuento especialmente para ella cuando ella todavía era demasiado pequeña.

Por otro lado, siento que podía haber quedado mucho mejor, pero como siempre el tiempo me comió, la idea era originalmente hacerlo como un audiocuento con efectos y todo, pero bueno aquí está por fin terminado, y aunque la idea del audio no la he dejado del todo, quizá puede ser la pauta para escribir muchas otras historias padres, pues tú sabes mejor que nadie todo lo que me inspira tu pequeña. Yo quiero a todos mis sobrinos, pero sabes bien que Melissa tiene un lugar especial.

Yo también "os" quiero a las dos.
Claudia Monica dijo…
Yo lo se, mi querubis tiene un lugar VIP contigo, alfombra roja y toda la cosa jaja

Gracias Marthita
Anónimo dijo…
Muy lindos los dibujos, la historia también, todo un trabajo y tiempo invertido, pero supongo que todo eso es muy especial.

Hay un libro para la princesa, uno que habla de cartas y por ende los finales se renuevan.

Saludos!